La península de Tintagel: viaje al encuentro del Rey Arturo

El lugar donde las leyendas se hacen realidad

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: RolfSt / ISTOCK

Nos adentramos en el extremo suroeste del Reino Unido, en una gran península donde la elevada humedad, las copiosas lluvias y las incesantes neblinas nos sumergen en un mundo sorprendente, el universo del fascinante condado de Cornualles, uno de los ancestrales territorios celtas, donde el córnico, la lengua que se habla aquí desde tiempos inmemoriales, nos recuerda que nos adentramos en unas tierras únicas. 

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El propio mar Céltico, que abraza Cornualles por el norte y el oeste nos alude este origen. Precisamente en esta costa, la más septentrional del condado, otra diminuta península sobresale de esta línea litoral marcada por un perfil escarpado. Conocida con el nombre de Tintagel, aparece insospechada envuelta de acantilados y una aureola mágica al atisbarla en el horizonte. 

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Nada hace sospechar el reducto de leyendas que nos aguarda en esta prominencia de la costa de Cornualles mientras avanzamos por la tranquila aldea de Tintagel, sino fuera por la gran cantidad de alusiones que encontramos en las calles, tiendas o establecimientos locales.

El mítico lugar donde nació el Rey Arturo

Tras avanzar desde la aldea de Tintagel por un camino encajonado por el relieve más elevado de los flancos - Castle Road – comienza una subida que nos conduce a las ruinas de un castillo asentado sobre las rocas parduzcas del mismo istmo, envueltas por el mismo tapiz de hierba que cubre la península. Pronto se abre ante nuestros ojos el lugar donde, según la tradición escrita, nació el legendario Rey Arturo.

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Iremos dejando a nuestros pasos numerosos restos pétreos que, si bien pertenecen a un castillo construido a principios del siglo XII y, por tanto, no pudo ver venir al mundo al rey de Camelot – varios siglos precedente -, bien es cierto que son varias las fuentes que atestiguan que es éste el punto donde ocurrió tal acontecimiento. En efecto, el historiador Godofredo de Monmouth en el siglo XII ya apuntó en esta dirección, mientras que el célebre poeta inglés del siglo XIX, Alfred Tennyson, acrecentó la leyenda con la concepción de muchos de los iconos que rodean al mito. 

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Tras cruzar un puente y subir por unas esforzadas escaleras, se alcanza el punto más elevado donde nos esperan unas magníficas vistas. Otro excelente lugar donde poder disfrutar del horizonte de la costa norte es en el emplazamiento de la original escultura del Rey Arturo que se sitúa casi en el extremo de la parte más elevada de la península, prácticamente plana en su mayoría.

La sorpresa de la Cueva de Merlín

Otro de los mayores reclamos de este soberbio paraje de la costa de Cornualles es la conocida como «Cueva de Merlín», ligada popularmente a este personaje.

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Invención o realidad, lo cierto es que justo debajo del istmo se abre una impresionante cueva, producto de la erosión del mar, que atraviesa el mismo de lado a lado creando un ambiente mágico en el que pareciera que, de un momento a otro, fuéramos a encontrar sobresaliendo de una roca la espada Excálibur o que se nos invitara a entrar a una cámara secreta en la que descubriéramos la mesa redonda. 

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Adentrarse a través de la gruta – si la marea lo permite – es una experiencia sobrecogedora que nos envolverá definitivamente en el halo de misterio que arrastra la inmortal figura del Rey Arturo. Quién sabe si, en el pequeño lago Dozmary Pool, a 39 kilómetros de Tintagel, donde según la leyenda el rey fue transportado y del que brotó Excalibur, acabemos por encontrar al mismísimo mago Merlín.