Nápoles, la ciudad donde se exhiben los belenes más bonitos del mundo

La ciudad más dinámica del sur italiano es la capital de la Navidad

Noelia Ferreiro
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Soleada, anárquica, vociferante, Nápoles es, para muchos, la ciudad más canalla de Italia y a la vez uno de los emplazamientos más históricos, artísticos y hermosos del país alpino. Una metrópoli que condensa la esencia marinera, la memoria arqueológica, la pasión por el buen vivir que se expresa en su furor callejero, en su explosión telúrica, en su carácter caótico y bullicioso, pero irresistiblemente bello.

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También para otros, Nápoles es y será siempre la ciudad de la pizza, cuyo origen humilde se sitúa en esta ciudad en algún momento no definido del siglo XVII. Por eso su imagen culinaria es a menudo la de este bocado típicamente italiano, el más arraigado a su cultura y, al mismo tiempo, el más difundido por todo el planeta.

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Pero lo que muchos no saben es que esta urbe tan enérgica y temperamental es asimismo la capital de la Navidad y de su espíritu cálido y entrañable. Por algo Nápoles fue el lugar donde se representó el misterio del nacimiento de Cristo por primera vez en la historia. Sucedió allá por el siglo XV y se hizo a través de unas figuritas de barro. Con ellas nacía así el primer belén, que marcó el comienzo de una tradición que, primero en iglesias y monasterios y después en el calor del hogar, continúa hasta nuestros días. 

Pesebres que son obras maestras

Nápoles es la cuna de los presepi (pesebres), el lugar al que ir para apreciar este arte que destaca por sus peculiaridades únicas: figuras pequeñas, de unos 40 o 50 centímetros, con la cara, manos y pies de barro o porcelana y con el cuerpo de cuerda y alambre (lo cual les da movilidad). Figuras que exhiben un elaborado vestuario en el que llama poderosamente la atención la riqueza de las telas y el detalle de los ornamentos.

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En el belén napolitano no faltan, claro, los personajes clásicos (la virgen, el niño Jesús, los Reyes Magos, los pastorcillos por aquí y por allá…) aunque también hay espacio para la imaginación. Así, junto a San José, si el autor lo estima oportuno, pueden aparecer personajes populares y hasta celebrities del momento. Hay quien incluso encargan su propio alter ego a escala para que ocupe un lugar en esta escena navideña. 

La calle donde siempre es Navidad

Para contemplarlos, existe un rincón imprescindible: la calle San Gregorio Armeno, donde reside todo lo que concierne a los belenes navideños. Se trata de la arteria donde siempre es Navidad, aunque es, claro, durante estos meses cuando se muestra más concurrida. 

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Aquí se amontonan talleres, galerías y hasta 49 comercios donde se elaboran de manera artesanal unos pesebres que llevan unos diez días en completarse y cuyo precio asciende a unos 6.000 euros. Y es que algunos están inspirados en grandes genios del arte como Caravaggio y en los diferentes estilos que han marcado el gusto de la realeza europea.

Alegría desbordada

La afición por los belenes se mantiene viva en Nápoles desde tiempo inmemorial. Más allá de la calle San Gregorio Armeno, raro es el monumento que no exhibe un hermoso belén, una veces con marcado matiz religioso y otras simplemente como testimonio de una época histórica.

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La Navidad invade la ciudad también con otras manifestaciones festivas. Las calles hierven por esta época de más animación si cabe. Luces, puestos, coloridos adornos y la inconfundible alegría de vivir de los napolitanos. 

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