Monfragüe, refugio de buitres y estrellas

Parque Nacional, Reserva de la Biosfera, Zona de Especial Protección para las Aves y, por la negrura de sus cielos nocturnos, Destino Starlight. Tanto título como atesora Monfragüe persigue el bienestar de sus dehesas y sus montes, de sus ciervos y su barbaridad de rapaces.

Elena del Amo
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Foto: Alberto Carrera / ISTOCK

Si para Kant la belleza solo existía al producir un sentimiento desinteresado, los templos de la antigua Grecia o los artilugios de Da Vinci eran más dados a combinar lo bello con lo útil; una máxima que, aunque con otras palabras, han hecho suya los conservacionistas más con los pies en la tierra. Traducido: cuando la población de espacios naturales excepcionales consigue mejorar su economía gracias a ellos, será la primera interesada en protegerlos y el beneficio será mutuo. En esta línea, la Red de Geoparques Europeos distingue a territorios de gran riqueza geológica al servicio del desarrollo sostenible de sus habitantes, como en Extremadura lo es el entramado de sierras y valles del Geoparque Villuercas-Ibores-Jara.

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Igualmente avaladas por la Unesco, en esta Comunidad de interior sobrada de patrimonio, de una gastronomía de aúpa y un mundo rural sin depredar pero cada vez más despoblado, cuentan con una tríada de reservas de la biosfera, donde de nuevo el objetivo es armonizar el bienestar de sus ecosistemas y el de sus vecinos humanos: La Siberia, presidida por los cinco pantanos de su serranía; Tajo Internacional, impagable para admirar aves y dólmenes a ambos lados de la frontera con Portugal; y el Parque Nacional de Monfragüe.

A caballo entre Plasencia, Trujillo y Navalmoral de la Mata y atravesado por las aguas del Tajo y el Tiétar, el Monsfragorum que bautizaran los romanos por lo denso de su espesura se mantiene como la mancha de monte mediterráneo más extensa y mejor conservada de Europa. Desde las alturas de su castillo árabe, desde varios de los miradores desperdigados por los 30 kilómetros de largo por siete de ancho de Monfragüe o entre sus alcornocales, acebuches y encinares puede escucharse cada otoño a los ciervos en plena berrea llamando cansinamente a las hembras con la esperanza de dejar su semillita.

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El resto del año las reinas del parque son las rapaces, que hacen de esta también Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) uno de los mejores destinos de Europa para el birdwatching. Cerca de 300.000 visitantes al año se acercan con sus prismáticos al hombro hasta esta esquina de la provincia de Cáceres a localizar alimoches, milanos o halcones peregrinos pero, sobre todo, la diezmadísima águila imperial ibérica, los buitres leonados que parecen posar para su público desde los riscos del famosísimo Salto del Gitano y los buitres negros. De casi tres metros con las alas extendidas, monógamos y fieles también al nido en el que criaron a su único pollo de la primavera anterior, en el último censo se registraron 358 parejas. Es la colonia más numerosa que se conoce, aunque la de buitres leonados casi la duplica.

Por las riberas de Monfragüe tampoco será raro toparse con cigüeñas negras y garzas reales; con el plumaje azul eléctrico de un martín pescador zambulléndose cual torpedo en el agua para atrapar algún pez despistado, y, en invierno, con las grullas, avefrías y anátidas que migran aquí huyendo de un norte helador.

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Un telescopio en La Dehesa

No es casualidad que este territorio de altos vuelos lleve más de tres lustros acogiendo a profesionales y aficionados en la Feria Internacional de Turismo Ornitológico (FIO), la segunda más importante de Europa por detrás de la Birdfair de Reino Unido. Ni tampoco que tantas aves recalen por estos pagos. “Ellas huyen del ruido y la contaminación, y son el mejor termómetro del cambio climático”, afirma Margarita Calleja, coordinadora de Extremadura Turismo, una Comunidad sobrevolada por casi 400 especies en las distintas estaciones.

En toda primera vez vendrá bien hacer un alto en el centro de visitantes de Villarreal de San Carlos, el de Malpartida de Plasencia o Torrejón el Rubio, donde familiarizarse con los ecosistemas del parque y su entorno e informarse sobre sus cuatro rutas principales para emprender a pie, los más de 350 kilómetros marcados por GPS para las bicis o la ubicación de miradores y aparcamientos por sus enormes extensiones accesibles en coche. También, sobre las empresas de ecoturismo en la zona, que proponen desde rutas senderistas, a caballo o en 4x4 hasta expediciones de fotografía de fauna o cruceros de avistamiento desde el embarcadero de Serradilla. Eso sí, lo organizado conviene haberlo reservado con antelación. Para quienes prefieran improvisar, casi todo Monfragüe puede visitarse por libre, sin siquiera adquirir una entrada u obtener permiso alguno.

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En las instalaciones de Torrejón el Rubio incluso acogen un centro BTT, otro consagrado a la ornitología y otro más al arte rupestre, cuyas réplicas atestiguan la simbiosis entre el hombre y la naturaleza de Monfragüe desde hace más de 10.000 años. Igualmente a su vera se inauguró en 2014 un observatorio astronómico, abierto también a la noche para asomarse a las otras estrellas de estos territorios. Porque cuando cae el sol y algunos dan por finiquitado el día, levanta el telón el espectáculo, en absoluto menor, de sus cielos nocturnos.

Con poca población y muy dispersa, la contaminación lumínica brilla por su ausencia sobre un firmamento infestado de destellos a escudriñar a través de los telescopios del observatorio o a ojo desnudo desde lo alto del castillo, por algún mirador tan retirado como el del Puerto de la Serrana o con ayuda del mirador celeste de la Hospedería de Monfragüe, un mapa de estrellas que se ilumina a la noche para identificar las que se tienen literalmente sobre la cabeza. Este alojamiento, al igual que el Palacio de las Corchuelas o los apartamentos Estrellas de Monfragüe y La Cañada, están certificados por sus guiños al astroturismo por la Fundación Starlight, una entidad respaldada por la Unesco que hace cinco años sumó Monfragüe a su lista de Destinos Starlight. En esta categoría incluyen rincones de cielos pasmosos con, además, buena infraestructura turística para disfrutarlos. Como miradores u observatorios, hoteles o empresas de actividades con vista a las alturas.

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En palabras de Alberto Rubio, de la agencia Monfragüe Treasures: “Tanto aquí como en casi cualquier lugar de la península los cielos del invierno suelen ser más espectaculares porque la atmósfera está más transparente, aunque, como las veladas de observación pueden suponer horas a la intemperie, en verano son muchos más los que nos piden salir a buscar estrellas, planetas y constelaciones por los cielos tan oscuros y casi siempre despejados de nubes de Monfragüe”.

Si junto al observatorio de Torrejón el Rubio se habrá tenido una toma de contacto muy didáctica con la formación del universo y nuestro Sistema Solar, no hay color con plantar en mitad de una dehesa el telescopio que acarrean los astroguías y escucharles contar sobre la mitología del firmamento y de cuanto antaño les convenía saber de él a agricultores y ganaderos para lograr una buena cosecha o emprender la trashumancia hacia pastos más frescos. Desde que el mundo es mundo los hombres han mirado al cielo por necesidad y, seguro, por puro placer. Hoy las apps nos lo acercan hasta la mismísima pantalla del móvil, pero basta alzar la mirada hacia el festín de chisporroteos que parpadea en lo alto para convencerse de que, efectivamente, no hay color.

Astroturismo ornitológico

Extremadura ha empezado a mirar al cielo, y ha descubierto cientos de especies de aves volando por el día y una inmensidad estelar por la noche. El turismo ornitológico y el astroturismo están en auge y junto a un buen número de espacios naturales, reservas de la biosfera, centros históricos y una excelente gastronomía hacen lo que se está llamando el Paraíso Natural de Europa, un tesoro para el turismo responsable y sostenible. Tres cuartas partes del territorio extremeño están en el inventario de Áreas Importantes para las Aves, incluyendo 23 zonas de especial protección (ZEPA) situadas en entornos urbanos, los ahora llamados destinos urban birding, entre los que se encuentran Cáceres, Trujillo, Plasencia, Zafra o Jerez de los Caballeros, algo único en Europa. Todo ello animado con eventos importantes como la Feria Internacional de Turismo Ornitológico, la Semana de la Cigüeña o el Festival de las Grullas. Respecto al astroturismo, la ausencia de contaminación lumínica, el buen clima en toda la Comunidad Autónoma, los entornos espectaculares y una fácil accesibilidad han hecho de Extremadura uno de los mejores destinos del mundo para el turismo de estrellas. Una de las iniciativas públicas más novedosas es la de los llamados Miradores Celestes de Extremadura, una red de paneles luminosos que permiten interpretar el paisaje nocturno y disfrutar de la observación astronómica. También se ha publicado la guía Extremadura, paisaje de estrellas, en la que se proponen 10 zonas seleccionadas para la observación. Por todo ello, dos territorios han recibido el certificado de Destino Turístico Starlight: la Reserva de la Biosfera de Monfragüe y el entorno del Gran Lago de Alqueva, primer Destino Turístico Starlight transfronterizo, compartido con parte del Alentejo de Portugal.