Medellín, la ciudad recuperada

Tras años marcados por la violencia, la ciudad colombiana destaca hoy por su innovacioón. Conocida como “la ciudad de la eterna primavera”, en 2013 recibió, por delante de Tel Aviv y Nueva York, el título de City of the Year

Diego Cobo
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Foto: MAREK POPLAWSKI / ISTOCK

Una espesa niebla empaña las mañanas de Medellín. El paisaje de esta ciudad situada a 1.500 metros de altura y rodeada por un cinturón de cerros la otorga un aspecto agreste y montañoso, pero el eterno clima templado desmiente la primera impresión. Este ambiente primaveral es lo único que no ha debido cambiar en la ciudad: la capital de Antioquía se ha visto envuelta en una transformación sin precedentes en los últimos 25 años.

A partir de la década de los 80, Medellín estuvo inmersa en una espiral de violencia que la colocó como la capital mundial del narcotráfico y uno de los lugares más peligrosos del planeta. Sin embargo, gracias a una inteligente estrategia, esa misma ciudad que lloraba miles de muertes se ha convertido en una modernísima urbe que ha ido dejando atrás sus viejas pieles, como las serpientes, hasta convertirse en un ejemplo a seguir.

Sebastian Saldarriaga Torres / ISTOCK

Una visión panorámica desde cualquiera de las laderas de la ciudad sirve para comprobar que la alegría de Medellín, alguna vez sepultada bajo la tristeza de los años de “plata o plomo”, ha salido de su escondite. Y los modernos paseos peatonales, las ráfagas de los coches por las modernas carreteras, los edificios emblemáticos que se iluminan como linternas y las luces que trepan por las lomas por las que se extiende la ciudad le dan un aspecto de metrópoli dinámica, llena de vida. La definición de cambio se queda corta, pues se han batido todos los récords de transformación, de descenso de la criminalidad –un 80 por ciento en veinte años– y aumento de número de turistas. A esta ciudad de algo más de dos millones de habitantes –cuatro con su área metropolitana–, encajada en el estrecho Valle de Aburrá y surcada por el río Medellín, llegan anualmente 700.000 turistas. Porque, en fin, lo que ha sucedido aquí es uno de esos milagros que suceden cada mucho tiempo.

Ciudad del año

El reconocimiento a ese esfuerzo llegó en el año 2013, cuando ganó el premio a la ciudad más innovadora del planeta. Entre 200 urbes, y superando a Tel Aviv y Nueva York en la ronda final, fue reconocida como City of the Year (Ciudad del Año), un galardón otorgado por The Wall Street Journal y Citigroup. Veinte años después de la muerte de Pablo Escobar, Medellín veía recompensada la lucha contra la violencia. Entonces los escasos turistas que se dejaban caer por aquí nunca se imaginarían que actualmente los barrios más violentos, aquellos cerros cubiertos de casas apelotonadas de ladrillo, se iban a visitar con libertad y una curiosidad insaciable.

La Comuna 13 –una de las 16 que conforman la capital– fue una de las más violentas de la ciudad, pero hoy decenas de turistas llegan a diario a conocer su historia. Ubicada en el oeste, está conectada por metro, así que bajamos en la estación de San Javier tras un viaje sobre raíles en el aire: el metro de Medellín tiene cierto aire futurista y en lugar de ocultarse bajo tierra se eleva por encima mientras la vida urbana se aprieta en las calles. Muy cerca de la estación, un grupo de jóvenes organiza un tour gratuito a través de los grafitis y la cultura urbana donde el pasado queda en el recuerdo. El grupo que forma parte del recorrido viene de varios países y pasean alegres a la sombra de los muros plagados de arte mientras suena la música y varios chicos hacen acrobacias en el suelo para demostrar que el arte siempre estuvo ahí. 

Medellín, la ciudad recuperada | R.M. Nunes / ISTOCK

El tour se adentra en las entrañas de la Comuna a través de callejones y unas escaleras mecánicas instaladas en el 2011 y que evita a los pobladores subir las 350 escaleras de cemento que alguna vez estaban vetadas para el extranjero. Los tonos coloridos de las casas también indican que en Medellín ya nada es igual. 

Tras lograr el reconocimiento internacional del certamen, la organización destacó el sistema de transporte público, una telaraña integrada de metro, autobús, teleférico y bicicleta que ha conectado toda la ciudad y se usa con un único billete. Además de reducir drásticamente la contaminación, también ha diluido las distancias entre las diferentes clases de población e integrado las zonas marginadas con la ciudad. Y a donde antes se tardaban horas en llegar, ahora se conectan en apenas unos minutos, algo que se comprueba en el teleférico que trepa las lomas desde la estación de San Javier.

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Subidos en las modernas cabinas, vemos las casas de ladrillo mientras subimos una loma, bajamos otra y atravesamos las cuatro estaciones y casi tres kilómetros hasta llegar arriba. Es una de las cuatro líneas de metrocable, inauguradas en 2004, y completan más de nueve kilómetros en el aire para conectar los barrios más inaccesibles que se desparraman entre las montañas. Nadie se acordaba de ellos. Sergio Fajardo, alcalde de Medellín entre 2004 y 2007 y uno de los promotores del cambio, lo tuvo claro y así lo dijo en una entrevista: “En Medellín tenemos que construir los edificios más hermosos en los lugares en los que la presencia del Estado ha sido mínima”.

arte y cultura

A la Biblioteca España se llega en metrocable. Está en el barrio de Santo Domingo y forma parte de la red de bibliotecas creada en el 2006 y situadas en zonas populares de la ciudad. El poder de la arquitectura y la cultura tienen aquí una de sus máximas expresiones y las definiciones de este parque biblioteca –así se llama– son difíciles de comprender para el profano de la materia, pero desde los tres edificios que componen la biblioteca se contempla la gran alfombra de tejados y edificios de la ciudad. Su aspecto impresiona y asemeja tres rocas, forradas de pizarra. Todo está rodeado de vegetación

No es el único elemento que ha contribuido a crear este milagro en forma de ciudad con ideas de ingenieros y arquitectos colombianos, pues el Centro Cultural de Moravia se levanta sobre el antiguo vertedero de la ciudad. Es difícil imaginar que las paredes de color carne de este edificio tengan detrás la memoria de la pobreza en el mismo centro de la ciudad, donde la población local se mezcla con los turistas y la naturaleza se ha adentrado en la vida de los habitantes. En todo Medellín se han transformado más de cien basureros en jardines, en un ejemplo de recuperación de espacios degradados. Los espacios públicos, las amplias avenidas, los parques y los jardines han sido uno de los pilares del cambio de paisaje y del viaje hacia una ciudad más humana.

MarcPo / ISTOCK

Y en esa nueva materialización de las ideas se ha dado la vuelta a todas las concepciones anteriores, incluso a las que estaban ya instaladas en la rutina de la ciudad. Aunque el Jardín Botánico llevaba oxigenando las calles desde los años 70, el nuevo siglo también lo sometió a la revisión y ahora es uno de los estandartes de la ciudad, además de coleccionar  reconocimientos y premios por su diseño. Desde la carretera se asoma una extraña estructura, pero al entrar comprobamos su sentido más profundo.

Se llama Orquideorama y es una cubierta en forma de panales de abeja, diseñada por varios arquitectos locales y cuyo significado es la relación entre los organismos vivos y la arquitectura. Bajo esta cubierta se organizan varios actos culturales, desde el Festival Gabo de Periodismo hasta la Fiesta del Libro y la Cultura, respaldando así la integración de todos los elementos de una ciudad. Aquí nada es aleatorio y en el Jardín Botánico hay trece hectáreas de bosque que se esparcen con gran variedad de especies mientras las familias caminan por los caminos que la maraña de vegetación envuelve.

En este área de la ciudad conocida como Zona Norte, en torno a la Universidad de Antioquía, se suceden otros hitos arquitectónicos, además de los parques y las plazas que definen el nuevo rostro de la urbe. El Parque Explora, en frente del jardín, es un museo de ciencia en el que, además de inaugurarse como un espacio de interacción y aprendizaje en el año 2008, tiene un enorme acuario y un terrario con reptiles. El Parque de los Deseos, custodiado por la Casa de la Música de un lado y el Planetario de otro, no deja dudas de la premeditación obsesiva del nuevo proyecto de una ciudad en la que no conviene olvidar su pasado. Por ello, no hay ocasión en que no se deje de recordar, como hace la Casa Museo de la Memoria –de obligada visita– y Héctor Abad Faciolince rememoró en El olvido que seremos. En la novela, el escritor antioqueño se adentra en el asesinato de su padre en la ciudad tres décadas antes de publicarse el libro, en el 2006. El pasado y el futuro, el optimismo y la violencia: en apenas unos años, todo ha estallado en Medellín para construir un nuevo futuro.

Civitatis

A pesar de su nueva identidad, el centro de Medellín conserva el bullicio de las ciudades latinoamericanas. El paseo Carabobo, una larga calle peatonal, es el vivo ejemplo de ello. A lo largo de las ocho manzanas que recorre se suceden vendedores de fruta, de suvenires, tiendas de calzado y cualquier otra cosa que llegue a la imaginación. Caminar por sus calles es experimentar, por si se nos había olvidado, que el alma popular permanece: en las calles, en las tiendas, en el ruido, en el ambiente...

En pleno centro histórico de Medellín se encuentra la Plaza Botero (ver recuadro), con obras del hijo más universal de Antioquía. Esta primera parada sirve como inicio de un paseo por el corazón de Medellín, que sigue por la catedral Metropolitana. Y aunque esta no tiene el encanto de los siglos –es del siglo XX–, sí tiene una interesante colección de pinturas. El Palacio de las Bellas Artes, la iglesia de La Candelaria o la vieja estación del ferrocarril de Antioquía, en un breve radio para conocer a pie, son algunos de los edificios históricos que completan una visita al corazón de la ciudad.

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Ni el pasado ni los modernos planes de desarrollo quieren borrar la memoria, así que, siguiendo el ejemplo de otras ciudades innovadoras, Medellín ha querido recuperar el río en provecho de los espacios públicos. Y, como ya se hiciera en Bilbao, el Museo de Arte Moderno de Medellín sirvió de catapulta para rescatar las márgenes del río. Para ello, el museo se mudó a una antigua empresa siderúrgica en el 2009 y, seis años después, amplió sus instalaciones con una especie de enorme rompecabezas de hormigón. A sus pies, decenas de puestos de comida rápida ocupan la calle todas las tardes para complementar el arte más vanguardista y la gastronomía popular sin apenas distancia.

El mismo año de la ampliación del museo nació el proyecto que está cohesionando la ciudad a través del río Medellín, antes contaminado y degradado, y ahora nexo de unión de la ciudad. El plan se llama Parques del Río y contempla la integración del medio ambiente, el paisajismo, la cultura y la dimensión humana, que de nuevo vuelven a confabular para seguir revolucionando la ciudad. 

Medellín gourmet

Julian Mario Restrepo A

Al contrario que la tendencia de muchas ciudades actuales, que están expulsando a las poblaciones nativas, la ciudad antioqueña ha apostado por el bienestar de sus habitantes sin renunciar al progreso. Una combinación que permite al viajero conocer las dos caras sin cambiar de lugar: el turista y el paisa concurren los mismos lugares. El Mercado del Tranvía y el Mercado del Río, donde la gastronomía se está haciendo un hueco, son espejos de esa apertura que también ha entrado a través de la gastronomía. Importantes eventos gastronómicos como el Medellín Gourmet consolidan a la segunda ciudad del país como un importante imán gastronómico más allá de la bandeja paisa, un plato a base de arroz, carne, huevo, arepa, chorizo y plátano. Y aunque este atiborrado clásico de la comida sigue siendo la estrella del conocido –y recomendado– restaurante Hacienda, hoy es solo la anécdota de lo que se está haciendo en la ciudad: una transformación que tiene a la población local como el actor principal del guión que está escribiendo.

Muchas ciudades miran a Medellín para comprobar que hacer una ciudad más humana y sostenible está al alcance de la mano. Y Medellín se ha convertido en centro de peregrinaje para quienes quieren ahondar en sus misterios.