Las marismas del Guadalquivir: arroz, flamenco y girasol

Un bello paisaje de humedales donde admirar el festín de las aves, grandes extensiones de cultivos que colorean el campo y un pueblo, Los Palacios y Villafranca, que es toda una lección de buen comer.

Noelia Ferreiro
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Existe un lugar en Sevilla donde los tomates saben a tomates, donde el arte jondo es cosa seria y donde la naturaleza explota en forma de humedales con una abrumadora riqueza. Este lugar, que también es la cuna del licor mistela y el rincón donde se produce más arroz que en ningún otro punto del país, es el Bajo Guadalquivir. Tierra de huertas y de girasol. De marismas y de flamenco. De ecos cinematográficos. Un enclave privilegiado que hace de la gastronomía su carta de presentación.

Los Palacios y Villafranca

La singularidad de este pueblo asalta desde el propio nombre. Porque más bien se trata de dos pueblos unidos en el siglo XIX, que hoy conviven sin distinción, juntos en su amor a la tierra. Así se aprecia en el Monumento al Manchonero, un homenaje a esas pequeñas propiedades agrícolas (manchones) que marcan la esencia del lugar. Aquí todo gira en torno al campo, que devuelve suculentas delicias. Esto y su buen hacer en los fogones convierten a esta población es un destino gastronómico de primera. A Los Palacios y Villafranca se viene a comer de lujo, que para eso hay una asombrosa lista de restaurantes con una calidad suprema. Casa Juanma, Manolo Mayo, Casa Moral y La Pachanga son algunos de sus clásicos. 

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El tomate, rey de la huerta

Rey indiscutible, sí. Porque el tomate de Los Palacios, que tiene marca nacional, es famoso en el mundo entero. Variedades como valderrama, genaro, panekra, marmande… conforman una ingente producción que, sólo el pasado año, alcanzó los doce millones de kilos. Tal es su importancia que existe un Día del Tomate con actividades para los estudiantes; un galardón, el Tomate de Plata, para premiar su calidad, y hasta un festival de música, el Tomate Blues, que toma prestado su nombre. Y ello por no hablar del Record Guiness en la mayor Fritá de Tomate alcanzado en el año 2013. Nada menos que 2.500 kilos de tomate frito salieron de Los Palacios y Villafranca con la implicación de todo el pueblo y un despliegue de medios increíble. 

Flamenco que corre por las venas

Los amantes de este arte tendrán en este lugar un referente absoluto. Y no sólo por el Festival Flamenco de La Mistela, que se celebra desde 1973 con la presencia de grandes figuras (el de este año, celebrado recientemente, contó con las actuaciones de Arcángel, Lole Montoya y Amador Rojas), sino también por la peña el Pozo de las Penas, que es una de las más antiguas de España. Una peña que nació como tertulia flamenca a finales de los años 40 y por la que han pasado los más grandes, incluidos Antonio Mairena y el mismísimo Camarón. Hoy sigue abierta a todo el mundo, alumbrando nuevos artistas. Flamenco con toda su magia, toda su garra, todo su duende.

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Marismas de cine

Es el paisaje que envuelve esta tierra, el soplo natural de este rincón sevillano circundado de enormes plantaciones de regadío (remolacha, algodón, quinoa, girasol...). Las marismas del Bajo Guadalquivir fueron retratadas por el cine en la magistral película La Isla Mínima, ganadora de diez Goyas. Se trata de una de las zonas húmedas más extensas de Europa, todo un paraíso para la observación de aves dado que, por su latitud, siempre acoge migraciones: en verano, las de África suben; en invierno, las de los países nórdicos bajan. Ánades reales, abejarucos, abubillas, tórtolas, estorninos, garzas, colirrojos… nidifican por estos lares o simplemente vienen a alimentarse. Más allá de la avifauna, esta reserva dotada de una flora sorprendente es un lugar ideal para practicar el turismo ecológico: senderismo, rutas a caballo o en bicicleta y hasta paseos en globo con unas vistas maravillosas.