Lisboa en primavera, la ciudad más bonita del mundo

Ahora que la luz dorada del sol aviva sus colores decadentes, es momento de empaparse del romanticismo que se respira en la capital portuguesa. 

 

 

Noelia Ferreiro
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Adiós al frío, al viento que revuelve las hojas caídas, a esa melancolía indisociable de sus casas desconchadas y de su tranvía renqueante trepando por el Barrio Alto. Lisboa ha entrado en la estación florida con un chute de energía arrolladora que envuelve todo en alegría. Porque, aunque la capital portuguesa es un caudal de inspiración durante todas las estaciones del año, es en primavera cuando se muestra más coqueta y seductora si cabe. Ahora que la luz dorada del sol aviva sus colores decadentes, la ciudad dice adiós a la nostalgia para mostrar su nuevo rostro: el de un lugar que sabe como ningún otro disfrutar de la vida a cielo abierto.  

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Romántica y cautivadora, contemporánea y eterna, esta metrópoli abre sus puertas a los tiempos cálidos para exprimir al máximo sus encantos. Proponemos estos tres paseos inolvidables para apreciarla en todo su esplendor:

Explorarla desde las alturas 

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Los tejados rojizos, las torres que despuntan tímidas, la brecha de aquel río que da su último coletazo antes de verterse al mismo océano que permitió a los exploradores tomar rumbo hacia el Nuevo Mundo. Lisboa nunca fue tan bella como desde las alturas y en los días soleados se muestra más radiante que nunca. Por eso conviene descubrirla desde sus miradores, que son muchos y diversos. Algunos requieren subir edificios como el famoso Elevador de Santa Justa o el del Arco da Rúa Augusta, con una bonita panorámica sobre la Praça do Comercio

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Pero otros forman parte de la alocada fisionomía de la ciudad y su acceso es completamente gratuito. Por ejemplo, el de Sao Pedro do Alcantara, con una preciosa imagen sobre los jardines; o el de Portas do Sol, a donde acuden los enamorados para inmortalizar el momento.

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Moderno y casi futurista es el último mirador incorporado a Lisboa: el llamado Experiencia Pilar 7, en el centro interpretativo del puente 25 de Abril. Una aventura en la que, además de repasar la historia de esta joya de la arquitectura civil y atravesar una sala cuyos espejos multiplican la sensación del abismo, se accede a una plataforma a un paso del tráfico de los coches y colgada sobre el estuario del Tajo.  

Aspirar la tradición en Alfama

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La ciudad de los azulejos, del fado y de la poesía concentra estos tres rasgos fundamentales en su distrito más antiguo, Alfama, un delicioso laberinto de calles empinadas y casas de influencia morisca con fuentes, patios y bonitas fachadas. Hay que perderse por este cogollo que sube por la colina hasta llegar al castillo, atravesando a su paso monumentos como la catedral. 

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Alfama es el barrio que pone la banda sonora a la ciudad: el fado, alma portuguesa, declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. También es el barrio de los marineros y los vendedores de pescado. E incluso de San Antonio, el santo más popular, al que lo mismo se invoca para encontrar objetos perdidos como para conseguir un marido. 

Darse un baño de glamour en la Avenida Liberdade

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Algo tan sencillo como recorrer la avenida más elegante puede alcanzar en Lisboa grandes cotas de felicidad. Porque en este paseo por la Avenida Liberdade, en este tramo de apenas un kilómetro al que se recomienda abordar a paso lento, no sólo saldrán al paso los hoteles más lujosos y las tiendas más prestigiosas. También se podrá disfrutar, con apenas levantar la mirada, de los más majestuosos edificios del siglo XIX, y con volverla a bajar,  de las maravillosas aceras recubiertas con mosaicos que conforman dibujos en blanco y negro. 

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Hay que adentrarse también en sus jardines, fantasear con sus escaparates o detenerse a tomar un café en alguna de las terrazas cubiertas. Dicen que esta reconocida arteria fue proyectada a imitación de los Campos Elíseos. El caso es que en ella, más allá de sus comercios, se respira romanticismo.