La Gran Barrera de Coral

Al comienzo de "En las antípodas", el hilarante libro de viajes de Bill Bryson, el autor explica algunas de las cosas que hacen que Australia sea un país donde, si no todo es posible, suceden cosas que no parecen probables en ninguna otra parte. Está el hecho de que es la única nación del mundo en la que un primer ministro se fue a dar un baño y nunca regresó a la orilla. O que alberga más cosas que pueden matarte que ningún otro lugar, como las diez arañas más venenosas del mundo. O que en su territorio, que posee los fósiles más primitivos, vivan seres como las "nothomyrmecia", una protohormiga que causó a los entomólogos la misma impresión que hubiera producido a un paleontólogo hallar un rebaño de "triceratops". En fin, que el 80 por ciento de sus animales y plantas no existen en ninguna otra parte. Con estos antecedentes quizá no extrañe tanto que en la Gran Barrera de Coral (la más larga del mundo, cómo no) exista una isla coralina con la forma exacta de la representación pictográfica de un corazón. Su perfil fue descubierto en 1974 por una compañía cartográfica local junto al conjunto de 74 paradisíacas islas conocidas como Whitsundays, en el corazón de la Barrera, en Queensland. Desde entonces, varias compañías de turismo aéreo sobrevuelan a diario, en helicóptero o avioneta, su estructura de coral y organismos vivos. A pesar de ser eso, un ser vivo, no ha variado en los últimos 35 años esa romántica forma con la que parece sentirse a gusto.