¿Por qué le llaman a la Isla de Los Pinos "la más cercana al paraíso"?

Un pedazo de cielo entre pinos, en algún lugar entre Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda

José Miguel Barrantes Martín
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Mar del Coral, Fiyi, Vanuatu, Samoa… Son todos ellos nombres que nos hacen pensar en largas playas de arena blanca, palmeras, arrecifes y aguas cristalinas. Lugares paradisíacos del Pacífico Sur que nos resultan idílicos. Junto a ellos, un grupo de islas situado entre Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda está considerado uno de los conjuntos más representativos de esa idea paradisíaca que ronda nuestra imaginación. Nueva Caledonia, una colectividad territorial francesa, tiene todos los ingredientes para erigirse como el paraíso. Pero una de sus islas, situada al sureste del archipiélago, eclipsa muchas veces al resto de tierras emergidas de la zona. 

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La isla de Los Pinos, conocida popularmente como «la isla más cercana al paraíso», es un lugar peculiar que cuenta con espacios soberbios que merece la pena descubrir.

¿Pinos en el paraíso?

La Naturaleza puede parecer en ocasiones caprichosa, pero siempre tiene una razón para mostrarse tal y como es. Tanto el resto de Nueva Caledonia como la isla de Los Pinos, al contrario que el resto de tierras de la Melanesia, no tiene un origen volcánico, sino que son porciones del antiguo supercontinente de Gondwana. Es por ello que tanto su flora como su fauna tienen características comunes con otros territorios lejanos y no responden a algunos de los más típicos patrones que podamos encontrar en el Pacífico Sur.

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Cuando el famoso explorador inglés James Cook avistó por primera vez la isla de los Pinos en 1774, observó una nutrida población de araucarias columnares – también llamadas, precisamente, «pino de Cook» -. Aunque también están presentes en otras partes de Nueva Caledonia, la abundancia de esta especie y el perfil que dibujaban desde la costa estos árboles hizo que la isla fuera bautizada en honor a ellos. Situada a 150 kilómetros de Grande Terre – la isla más grande de Nueva Caledonia – y a unos 1500 kilómetros de las costas australianas, esta porción de tierra tropical que hoy en día resulta tan atractiva para los turistas está habitada desde tiempos ancestrales, como han demostrado los numerosos restos prehistóricos encontrados en la isla.

Cuando James Cook pasó por estas costas pudo divisar presencia humana. Se trataba del pueblo canaco, presente en todo el archipiélago de Nueva Caledonia. Las tribus de la isla de Los Pinos aún regentan los designios de este territorio a pesar de la posesión de estas tierras por parte de los franceses desde mediados del siglo XIX. Formando parte de la colectividad territorial francesa, los alrededor de 2000 habitantes presentan todavía en la actualidad la esencia del pueblo melanesio.  

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Espacios de ensueño

Aunque la isla de Los Pinos es conocida popularmente como «la isla más cercana al paraíso» en referencia al conjunto de Nueva Caledonia, lo cierto es que, no solo forma parte de este archipiélago, sino que además encarna ella misma la idea que tenemos de un paraíso en la Tierra. No obstante, suele ser parada obligada de los cruceros que surcan estas aguas. Sus perfectas playas de arena blanca, la vegetación tropical y sus aguas cristalinas de color azul turquesa cumplen de manera perfecta con esa definición, por lo que es normal que se haya convertido en uno de los puntos más atractivos del archipiélago y suponga un destino en sí mismo para los visitantes de toda esta zona, en especial en lo que respecta a la población francesa.

Su idílica posición en el Pacífico Sur se complementa con espacios naturales que son todo un lujo de belleza, como bien pueden observar los visitantes que llegan a la isla en avión y tienen el privilegio de admirarla desde los aires antes de aterrizar.

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Más allá de las playas, el mayor reclamo de la isla son sin duda sus bahías. La bahía de Kuto, la de Kanumera, la legendaria bahía de Oro o la bahía de Upi, que representan verdaderas piscinas naturales de aguas transparentes - especialmente esta última, una especie de laguna rodeada de los famosos pinos que dan nombre a la isla -, son escenarios idílicos en los que una de las actividades más demandadas es el paseo en canoa tradicional. 

Mientras, el interior oculta grutas de gran belleza como la de Oumagne, conocida generalmente como la «Cueva de la Reina Hortensia». Situada en el norte de la isla, es un lugar de obligada visita que cuenta con la leyenda de la joven Kanedio, la hija del gran jefe nativo Kaoua Vendégou, quien se refugió en ella huyendo de las trifulcas entre tribus y que más tarde sería llamada Hortensia en honor a la madre de Napoleón III.

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No es la única traza francesa en la isla. Otro de los puntos de interés se esconde entre la maleza viendo pasar el transcurrir del tiempo. Se trata de las ruinas de un antiguo penitenciario colonial creado en el último tercio del siglo XIX, donde se acogía a los presos deportados desde París a Nueva Caledonia. Un recuerdo de otra época que se entremezcla con la cultura local.