Huelva de Doñana a Jabugo, la ruta de las maravillas

Al igual que las aves, emigramos a la templada y exuberante Huelva para saborear la calidez de sus desconocidos pueblos y, en plena montanera, su selecta gastronomía. un viaje perfecto que sorprende y seduce al paladar.

Irene González
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Foto: Santiago Urquijo Zamora / GETTY

No hay duda de que el invierno es la mejor época para perderse por tierras onubenses y es que Huelva disfruta de más de 3.000 horas de sol al año que ofrecen una luz nítida e impactante. Así que desde Doñana nos perdemos por Mazagón, La Rábida, Moguer, Niebla, Riotinto… para llegar a su magnífica Sierra de Aracena y Picos de Aroche, que esconde los pueblos más bellos de la Península, pero también, el jamón ibérico de bellota más delicioso del mundo. Un paseo que culmina con la imprescindible Ruta del Jamón.

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Nos vamos por las dehesas más bellas, las sierras más ocultas, los pueblos más blancos, los recintos fortificados mejor conservados y también, las playas más salvajes de nuestras costas. Entramos en tierras de senderismo, de playas, de cuencas mineras, de parques nacionales y naturales y de las puestas de sol más impresionantes del planeta.

El paraíso de Doñana

Sin lugar a dudas, el Parque Nacional de Doñana es un paraíso ideal para explorar en invierno, así que nada mejor que reservar las rutas todoterreno que se hacen por el parque y que son toda una aventura. Las aves migratorias, que en esta época ya han cruzado Europa Central, se muestran en todo su esplendor en Doñana, sin duda, uno de los tesoros naturales más ricos de Europa, y una de las zonas húmedas más importantes del planeta.

Flamencos en el Parque Nacional de Doñana, Zona de Especial Importancia para las Aves. | Brais Seara / GETTY

Este exclusivo territorio es Reserva de la Biosfera por la Unesco, Zona de Especial Importancia para las aves, Zona de Especial Conservación, Lista Verde de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Además, está reconocida con la Carta Europea de Turismo Sostenible.

Y el invierno es la mejor época para disfrutar de la presencia de miles de aves acuáticas y del impresionante espectáculo de miles de ánades reunidas en el Cerro de los Ánsares.

Este paraíso terrenal de pinares, marismas, lagunas, alcornocales, dunas, bosques de ribera, playas y humedales también se puede recorrer a caballo, en dromedario o caminando bajo el prisma de un turismo sostenible, porque Doñana es uno de los espacios naturales más fascinantes de Europa. En Doñana está el desconocido Palacio de las Marismillas, lugar de veraneo de presidentes, y muy cerca están las chozas de la Plancha, donde vivían las familias que reforestaron la zona en el XVIII. Y en sus alrededores son imprescindibles el Centro de Visitantes El Acebuche, y el Parque Dunar en la carretera de Matalascañas a Mazagón.

Monasterio de Santa Clara, en Moguer | Suntrap / ISTOCK

La imponente playa de Matalascañas destila brisa marina que aún en invierno calienta, y la convierte en el mejor escenario para actividades al aire libre en una época sin turistas. De arena dorada y fina, y agua cristalina, esconde uno de los secretos mejor guardados de la historia de la humanidad. Porque Matalascañas se ha convertido en el yacimiento neandertal más antiguo del mundo, ya que bajo las arenas de la playa del Asperillo se han descubierto importantes huellas de neandertal que refuerzan la teoría de que un grupo de ellos se asentaran en esta zona hace más de cien mil años.

Así que nada mejor que pasear por sus más de cinco kilómetros de litoral desde el Parque Nacional de Doñana hasta la Playa Torre de la Higuera, y disfrutar de su generosa gastronomía y sus atardeceres, que la hacen irresistible.

Ciervo entre los corrales y dunas de Doñana | Picasa / GETTY

Mazagón, disfrute invernal

Y muy cerca está la poco conocida Mazagón, donde se comen las puntillitas y el cazón adobado más ricos del mundo. Mazagón es un enorme paraje natural que tomó cuerpo gracias a la pesca, a la agricultura, a sus bosques y arenales. Aquí está la Playa del Parador, un paraje virgen donde entre el Atlántico y el bosque se ubica el Parador Colón, junto al que está el Pino Centenario de 12 metros de altura.

En nada se llega al Monasterio de la Rábida, que fue una fortaleza para defensa de los piratas, luego perteneció a los Templarios y la tradición cuenta que San Francisco de Asís llegó hasta La Rábida para fundar un humilde monasterio. El convento cobró importancia por las estancias de Colón y por la vinculación de Martín Alonso Pinzón. Hoy lo ocupan pocos franciscanos que lo cuidan con esmero.

Entre los secretos mejor guardados de Huelva están sus aguas cristalinas, y sus largas playas | Miguel Alvarez / ISTOCK

Tiene un bellísimo claustro mudéjar del XV, y una curiosa sala con veinticinco banderas que guarda a sus pies un cofre con tierra de cada país. Es comprensible que forme parte de la candidatura de los Lugares Colombinos Onubenses, que pugnan por ser Patrimonio de la Humanidad.

Algo más al norte está el Muelle de las Carabelas, donde en su dársena amarran tres naves: la Niña, la Pinta y la Nao Santa María. También se recrea un mercado medieval desde donde partieron los intrépidos marineros en busca de las Indias.

Inesperada Moguer

Y hacia el norte por un recorrido cuajado de fresón y bosques se llega a Palos de la Frontera, donde se leyó la Orden de los Reyes Católicos pidiendo naves y marineros para acompañar al almirante en su viaje. Muy cerca se ubica Moguer, la joya que es tierra de Premio Nobel. Envuelta en luz y poesía, Moguer conserva intacta una magnífica arquitectura colonial y el espíritu de la villa marinera que fue en el XV, con casas hidalgas de riquísimos ventanales de forja, enormes zaguanes y frescos patios en torno a los que gira la vida de los moguereños.

Es cuna de bravos marinos que salieron de su puerto hacia lo desconocido, y es esencia de Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura. Aquí está la Casa-Museo Zenobia y Juan Ramón, es un auténtico tesoro donde desde el mobiliario y los objetos personales, pasando por las máquinas de escribir del poeta, son originales. Y un gran tesoro es su biblioteca, con cuatro mil libros llenos de anotaciones, además de miles de legajos y manuscritos.

Localidad de Aracena, corazón de la sierra del mismo nombre | Lux Blue / ISTOCK

El Convento de San Francisco, que tras la desamortización fue casa de vecinos, escuela y hoy es la sede del Archivo Histórico (que guarda documentos de los viajes de Colón así como fondos de 1481), es una lección de historia. Y muy cerca está el Monasterio de Santa Clara, fundado en el XIV para las hijas de las familias más nobles e influyentes de aquel momento. Y no hay que perderse el Muelle de la Ribera, donde en su astillero se construyó la carabela Niña, y donde desembarcaron Cristóbal Colón y los Niño a su vuelta de las Américas.

Muy cerca se llega a Niebla, que tiene uno de los recintos fortificados mejor conservados más valiosos de España, con una muralla de dos kilómetros y más de 40 torreones. Dentro está el suntuoso castillo de los Guzmanes, que ha aguantado las reformas que visigodos, árabes y cristianos le hicieron. La Cámara de la Condesa, la Armería o las Mazmorras, y dos niveles de subterráneos donde se exponen más de 30 máquinas de tortura, se conservan intactos. Y desde sus torreones se vislumbran las mejores panorámicas onubenses.

Manada de gamos en el Parque Nacional de Doñana | Santiago Urquijo / GETTY

Intramuros también están los armoniosos templos de San Martín y Santa María de la Granada, que se superpone a la desaparecida mezquita. Es imprescindible asomarse al puente romano que salva las aguas del río Tinto y dejarse caer por el antiguo hospital de Nuestra Señora de los Ángeles.

La cara oscura de Marte

Tras la medieval Niebla hay que seguir ruta hacia la Sierra de Aracena, pero antes hay que detenerse en la Mina de Riotinto, una de las más importantes del mundo y que en tiempos lejanos fue adorada por los pueblos primitivos que aquí habitaron.

El río Tinto tiene un caudal que impresiona por sus tonos rojos, como el vino tinto, y su lecho de amarillos, ocres, morados y anaranjados. Hoy, gracias a la Fundación Río Tinto, este enclave se ha convertido en una fascinante visita para los más curiosos.

A través de su Museo, la entrada a una antigua mina, y un paseo en un ferrocarril de la época se recorre la historia de la minería onubense desde sus inicios hace 5.000 años hasta las actuales explotaciones. En Riotinto todo el paisaje es tan espectacular que el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial y la propia NASA han desarrollado aquí varias investigaciones por su similitud con la superficie de Marte.

Un hábitat para disfrutar de Parques Nacionales, Reservas y Parajes Naturales | Pedro Terrades / GETTY

El invierno tiene una pátina mágica en  el Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, sierra inundada de luz, verdor y frondosidad. Su cielo es ancho, sin nubes, y brillante, como en pocos lugares del mundo. En sus dehesas, que son reserva de la biosfera por la Unesco, se respira un aire puro que huele a romero, a jara, a tomillo y a orégano. En esta tierra que es parque natural reina el buitre negro, al sur de Aroche habita la mayor colonia europea, así que observar a esta poderosa rapaz sobrevolar el cielo del parque es un espectáculo único.

La Sierra de Aracena y Picos de Aroche está rodeada de pueblos blancos y salpicada de encinas, castaños y robles que alimentan a los famosos pata negra, los que ofrecen el mejor jamón serrano ibérico del mundo. Así que la Ruta del Jabugo no se reduce a un municipio, sino que comprende casi toda la Sierra, que hoy es un proyecto rural colaborativo cuyo resultado es el jamón de bellota 100% ibérico, uno de los mayores manjares que existen en el mundo.

La ruta del jamón

Jabugo es el nombre reconocido por la Unión Europea, que protege y certifica el origen y la calidad de los jamones y paletas procedentes de cerdos de raza ibérica, criados en libertad en la dehesa, para después ser elaborados en las bodegas de los pueblos del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche.

La zona de elaboración de la DOP Jabugo en el entorno del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche está compuesta por 31 municipios que conforman el epicentro mundial del jamón. Descubrir en sus bodegas los procesos artesanos de salazón y curación del jamón con DOP Jabugo es un espectáculo único. Así que nada como el invierno para recorrerla, ya que desde octubre hasta marzo es tiempo de montanera, cuando los miles de cochinos ibéricos campan a sus anchas y se alimentan con las mejores bellotas, ricas hierbas y hasta flores de sus extensísimos encinares y alcornocales.

Arco de los novios en la Peña Arias Montano, Alájar | Juampiter / GETTY

Lo ideal es dejarse llevar y sumergirse en la belleza de estos pueblos hasta llegar a Aracena, el corazón de la sierra. Aracena está cuajada de rincones mágicos y sin duda uno de ellos, en pleno casco urbano, es la Gruta de las Maravillas, tan espectacular por sus formaciones como por su historia. Las primeras referencias datan de 1850, aunque la tradición popular cuenta que el tío Blas perdió una res y al ir a buscarla, descubrió esta maravilla de la naturaleza.

Desde que en 1914 se abrió al público ha sido recorrida por Jefes de Estado, artistas e incluso el rey Alfonso XIII la visitó en dos ocasiones. Y no es para menos, porque es uno de los complejos kársticos más interesantes, que sorprende por la extensión de sus lagos de agua potable, pero, sobre todo, por la variedad de sus estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas, cavernas y majestuosas banderolas.

La magia de Aracena

Esta villa hechiza por sus casas blancas de tejado escarlata, por sus iglesias, sus conventos, palacios, ermitas, plazas, lavaderos, fuentes y por el Museo Andalucía, uno de los más interesantes de España al aire libre.

También hay que entrar en la inacabada Iglesia de la Asunción, en la de Santa Catalina y sentarse en la plaza del Marqués de Aracena por su agradable ambiente gastronómico y sus edificios novecentistas. Y las mejores vistas están en el cerro donde se alzan el castillo y la emblemática prioral Nuestra Señora del Mayor Dolor. En el castillo se han encontrado restos de población andalusí y aún se pueden ver sus moradas, y también las dependencias de la fortaleza medieval.

Calle típica empedrada de Linares de la Sierra | Manuel Escobar / ISTOCK

De Aracena hay que ir a Linares de la Sierra, una de las zonas más bajas del parque natural. Sus calles están meticulosamente empedradas y el suelo de las entradas a las casas están adornados con “llanos”, unos vistosos motivos geométricos y florales que recuerdan a los mosaicos romanos. Su lavadero, su fuente y la Iglesia de San Juan Bautista, de enormes dimensiones para una localidad tan pequeña, son más que interesantes.

Muy cerquita está Alájar, un minúsculo caserío perdido en las entrañas de la sierra, y que en otros tiempos fue una atalaya para vigilar los enclaves fronterizos. Es uno de los pueblos más encantadores de Andalucía, parece un pueblo de postal antigua. Y hacia el oeste están las calles en cuesta de Almonaster la Real, flanqueadas por casas con dinteles mudéjares, renacentistas y barrocos. Tiene una mezquita-fortaleza, que, enclavada en el interior del castillo, es el único ejemplo de oratorio islámico del norte de Huelva; y su mihrab es uno de los más antiguos de la península. Es sin duda uno de los municipios más hermosos de la sierra; y donde se viene a comer buen jamón y excelente cerdo ibérico.

Gruta de las Maravillas, en Aracena | Moritz Wolf/imageBROKER

Cortegana fue uno de los principales centros productivos de salazones de tocino, embutidos y jamones que eran trasladados a Sevilla para embarcarlos hacia América, tanto para las necesidades de los largos viajes como para abastecer a los incipientes mercados americanos. Hoy no hay que perderse su castillo del siglo XIII, sus casas mudéjares, su casino modernista, sus muchas iglesias y ermitas y, por supuesto, sus innumerables fuentes, que son toda una delicia. Y de aquí a Aroche, donde hay que ver el Museo Arqueológico, la Iglesia de la Asunción y su magnífico recinto amurallado, que protege su castillo almorávide del XII.

Entre Cortegana y Aroche

También son interesantes sus casonas, sus ermitas y su singular Museo del Rosario, con más de 1.500 piezas, algunas de ellas donadas por papas y reyes. Y de aquí a Jabugo, el mejor hábitat para la curación del jamón de bellota 100% ibérico. Una altitud de 700 metros, un clima suave y sus vientos del Atlántico hacen de Jabugo un pueblo pata negra, un caserío con un patrimonio gastronómico más llamativo que el monumental. Jabugo gira en torno a la Plaza del Jamón, al Ayuntamiento y la Iglesia de San Miguel Arcángel del XVI. Pero sobre todo esta villa invita a la calma, al placer de detenerse en sus tabernas y bares, donde catar sus impresionantes tapas de jamón.

Aves acuáticas en el Parque Nacional de Doñana. | Santiago Urquijo Zamora / GETTY

Hay que detenerse en la sede de la DOP Jabugo, ubicada en un emblemático edificio del XX, conocido popularmente como El Tiro. Con 20 bodegas de jamón y paleta con DOP Jabugo es el corazón del jabugo, y de su ruta llena de experiencias.

Aquí está la magnífica bodega Cinco Jotas, que puede visitarse gestionando la cita con antelación porque la fama de su producto ha traspasado fronteras. Y por último hay que recorrer la pequeña Galaroza, famosa por su frondosa vegetación y por sus más de 16 bodegas DOP Jabugo.