El Hierro, donde perderse por las intensas experiencias de su secreto Valle de El Golfo

El Hierro es una de las más pequeñas del archipiélago, pero quizá la isla más rica en emociones, contrastes, y experiencias. En busca del paraíso, nos perdemos por su Valle de El Golfo.

Irene González
 | 
Foto: Flavio Vallenari / ISTOCK

Esta gran roca que emergió hace siglos del mar, es una colosal mole volcánica cuajada de acantilados, cráteres, bosque de laurisilva y de pinos. Posee una poderosa belleza, y ofrece experiencias insólitas y auténticas. Es el reducto de la autenticidad donde la fuerza de la naturaleza sobrepasa lo imaginable, un gran reino de calma y la energía.

Flavio Vallenari / ISTOCK

Todo El Hierro es Reserva de la Biosfera por la UNESCO, y además la isla es pionero en desarrollo sostenible. Posee autonomía energética gracias a La Gorona del Viento, un sistema de molinos de viento que bombean agua hasta un depósito desde el que llega a unas turbinas que general electricidad. Combina zonas áridas en extremo, con imposibles jardines botánicos de especies endémicas. Entre abismos y barrancos casi siempre mecidos por los alisios, El Hierro esconde en su costa norte, un lugar mágico y confidencial. 

Flavio Vallenari / ISTOCK

Es el Valle El Golfo, las tierras bajas protegidas por acantilados de más de 2 000 metros, que asoman al mar, y que poseen uno de los cielos más limpios del mundo. Este valle secreto es exclusivo por sus formas, texturas, colores y lugares, sólo visibles en esta maravillosa isla del Meridiano Cero. Los paisajes que se divisan en el interior del Valle de El Golfo son sensacionales.

Flavio Vallenari / ISTOCK

Es territorio de plantaciones de plátanos y piña tropical, pero también de cultivos de secano. La antesala de este maravilloso valle bien puede apreciarse, desde los Miradores de Jinama y de la Peña. En el de Jinama, a más de 1 200 metros de altura por encima de un mar de nubes, casi se puede acariciar el cielo. Cerca de San Andrés, también es punto de partida de la ruta senderista el Camino Real. El Mirador de La Peña, en Guarazoca, se eleva a casi 700 metros de altura sobre el nivel del mar y ofrece uno de los mejores amaneceres del mundo. Este sensacional espacio al borde del abismo, que fue diseñado por el genuino César Manrique, domina todo el Valle de El Golfo. 

Flavio Vallenari / ISTOCK

Para entrar en el, se desciende entre frondosas arboledas hasta los viñedos de los que se elabora el delicioso vino de Frontera. Y antes de entrar a la población de Frontera, hay que admirar la ermita de Nuestra Señora de Candelaria, con un llamativo campanario que se alza sobre la montaña volcánica de Jaopira. En su término está el Ecomuseo de Guinea, que construido sobre un asentamiento aborigen, conserva las viviendas de los primeros habitantes de las islas, y las que construyeron los colonizadores.

Flavio Vallenari / ISTOCK

Los restos arqueológicos que se han encontrado muestran cómo era la vida cotidiana de los pobladores de El Hierro en épocas pasadas. Y junto al Ecomuseo, está el Centro de Recuperación del Lagarto Gigante de El Hierro, el mejor lugar para descubrir esta especie endémica en su ambiente natural, y que hasta 1 974, se creía extinguida. Fue entonces cuando un pastor descubrió unos ejemplares en la Fuga de Gorreta, y empezó su recuperación. 

RebecaHeredero / ISTOCK

Otro placer único en El Golfo, es sumergirse las aguas cristalinas de alguna de las piscinas naturales que se suceden por todo el litoral del valle. Conocidos como charcos de agua, el de Los Sargos, y La Maceta, son una experiencia difícil de olvidar en esta costa volcánica. Al igual que hacerlo en el Charco Azul, donde es posible nadar placidamente en agua salada, mientras las olas baten con fuerza sobre las piedras que rodean la tranquila piscina natural de aguas azules.

RebecaHeredero / ISTOCK

Cerca, envuelta en viñedos, está Sabinosa, una muestra fiel del más puro estilo arquitectónico herreño. En sus antiguas casas, todas pintadas de blanco, se alternan las flores más coloristas, con los más cuidados jardines. Una buena opción para disfrutar de la quietud de Sabinosa es acercarse a su centenaria Iglesia de Nuestra Señora de la Consolación. Por encima se encuentra la salvaje punta oeste de la isla, donde está el solitario Santuario de Nuestra Señora de los Reyes, y donde se alzan espectaculares sabinas de troncos retorcidos por el viento. 

dr322 / ISTOCK

Desde Sabinosa se desciende hasta la costa para llegar al Pozo de la Salud. Esta fuente de aguas mineromedicinales, a las que se atribuyen numerosas propiedades curativas, son muy apreciadas en todo el planeta. Sus aguas se pueden probar directamente del pozo, pero acercarse al Hotel Balneario Pozo de la Salud, para recibir maravillosos tratamientos, es una opción inmejorable.

dr322 / ISTOCK

Y para comprender esta mágica isla, nada mejor que acudir a El Pinar, localidad donde se ubica el Centro de Interpretación Geológica, donde se explica la formación de la isla, y sus características más importantes a nivel geológico. Otro imprescindible es el valle de El Golfo, es el Centro Vulcanológico, que se ubica en la carretera que baja a La Restinga. En el, gracias a la tecnología, se descubre el vulcanismo, se revive la erupción submarina de La Restinga, y se pasea por un sendero interpretativo de una zona volcánica.