Groenlandia, el reino helado del oso polar

Los osos polares de Groenlandia recorren cada año un promedio de 15.000 kilómetros en busca de alimento. Deben cazar aproximadamente entre 50 y 75 focas por temporada para garantizar su supervivencia y la de sus crías. El macho puede llegar a medir 2,5 metros de altura y pesar una tonelada. La hembra alcanza los dos metros y media tonelada, y, tras un periodo de gestación de 280 días, puede parir entre una y cuatro crías. En un territorio como Groenlandia, la isla más grande del mundo (sin contar la isla continente de Australia), se sienten a gusto. Un 84 por ciento de sus 2.166.000 kilómetros cuadrados constituye una superficie helada que en algunas zonas alcanza los 3,5 kilómetros de espesor. La banquisa, los témpanos de hielo flotantes, es el hábitat del mamífero carnívoro terrestre más grande del mundo, el "Ursus Marinus" (algunos autores consideran al oso polar un animal marino, de ahí la alusión al mar de su nombre científico). La única especie que temen es la humana. Y tienen motivo. Recientemente el 75 por ciento de los hombres y mujeres de Groenlandia (región autónoma de Dinamarca con una población total de apenas 57.000 habitantes y una densidad de 0,026 habitantes por kilómetro cuadrado) aprobó la ampliación de su autonomía para poder gestionar en el futuro más recursos naturales de la isla. Con una economía basada en la pesca, el progresivo deshielo resultante del cambio climático facilitaría la perforación petrolífera en Groenlandia. Se calcula que bajo este hielo podría haber reservas de crudo equivalentes a la mitad de las de Arabia Saudí. Eso significaría más riqueza para los habitantes de Groenlandia (un 87 por ciento pertenece al grupo groenlandés, mezcla de las razas inuit y de europeos), pero también la paulatina desaparición del territorio de caza del oso polar.