Goa, entre Oriente y Occidente

Luis Davilla

Antes de que venga el monzón, y lo agüe todo, Goa se puede disfrutar con la calma de los viejos paraísos. En la larga estación seca y soleada, los palmerales de Goa nada tienen que envidiar a los de otros trópicos. Con sus cocos hacen un licor que rivaliza con el feni, el aguardiente de anacardos típico de Goa. No hay problema con el alcohol, ni con comerse una hamburguesa de vaca, lo cual agradece el visitante, en especial rusos e ingleses, los primeros reventando los precios con sus fajos de billetes, y muchos de los segundos jubilados al estilo de los que salen en la película El exótico Hotel Marigold.