Formentera en invierno… y en bicicleta

El clima agradable y los circuitos señalizados para recorrer a ritmo de pedaleo permiten descubrir el rostro más auténtico de la isla, incluso en los meses más fríos.

Noelia Ferreiro
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Foto: LUNAMARINA / ISTOCK

Que la menor de las pitiusas es el último paraíso del Mediterráneo es algo que todo el mundo sabe. Pero que lo es también en invierno, cuando sus aguas turquesas, las más cristalinas del país, se muestran realmente frías, es algo que muchos desconocen. Y es que, más allá de los deportes del mar (submarinismo, kayak, windsurf ,navegación a vela…) hay mucho por descubrir en Formentera.

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Esta isla es, incluso ahora, un privilegiado escenario para la práctica en familia de actividades al aire libre. A la belleza de su litoral, a la ausencia de construcciones y al estado de conservación casi salvaje de sus arenales, se suman los servicios y la seguridad necesarios para ir con niños.

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Puede que a más de uno le sorprenda pero, más allá del glamour que destila en los meses estivales, Formentera ofrece durante todo el año un sinfín de actividades para disfrutar de la naturaleza en estado puro. Y aunque puede recorrerse en coche en una sola mañana, lo mejor es abordarla en bicicleta: las temperaturas no resultan del todo gélidas si se está bien equipado. 

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A ritmo de pedaleo no sólo es el modo más respetuoso de abordar la isla sino también la manera más genuina de apreciarla. Perderse sin prisa por senderos ocultos, acceder a rincones imperceptibles desde la carretera y visitar el patrimonio cultural disperso por las poblaciones ayudará a confirmar que este pequeño territorio es, en realidad, infinito. 

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Existen para ello 32 Circuitos Verdes debidamente señalizados, que suman más de 100 kilómetros de interés natural. Rutas que están especificadas en los planos turísticos (disponibles en las diferentes oficinas de la isla) y que gozan de distintos niveles de distancia, desnivel y dificultad. Dadas las limitaciones físicas de los pequeños, la mejor opción son los recorridos de unos 30 minutos por los terrenos más llanos para evitar que se cansen demasiado. Pero cualquiera de estas vías de senderismo y bicicleta invitará a descubrir los grandes hitos del lugar.

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La ruta que va de La Savina a Ses Illetes, por ejemplo, resulta maravillosa. Porque en este tramo que bordea la costa, el paisaje está jalonado de sabinas y pinos, de la típica vegetación de las dunas, de las calas de arena blanca y aguas turquesas.

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Otra opción es explorar los extremos de la isla con sus icónicos faros: el de Cap de Barbaria, en el punto más al sur, y el de La Mola, en el oeste, al borde de los acantilados. Aquí los tintes cinematográficos y las reminiscencias a las novelas de Julio Verne estarán a la orden día. 

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Pero también se puede optar por escudriñar el interior. Un trayecto que hace las delicias de los niños al toparse con otros elementos que llaman su atención: higueras que crecen en horizontal con las ramas apuntaladas, torres de defensa de la época de los piratas, antiguos molinos de viento y, en las salinas, ocultas entre juncos y cañas, aves como ánades, flamencos o garzas reales. 

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La ruta que va desde la capital, Sant Francesc Xavier, hasta Sant Ferrán de ses Roques, o la otra que recorre la planicie de La Mola (la más larga de todas, con más de 12 km) son dos buenas muestras de esta Formentera de interior, auténtica y singular. En cualquiera de ellas, si hay suerte, quizás sea posible descubrir alguna lagartija azul, el reptil endémico de las Pitiusas que es el símbolo de Formentera.