"¿Te enseño mi pueblo?": la manera más auténtica de viajar a un destino rural

Te mostramos una experiencia única de turismo comunitario

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: JJFarquitectos

¿Cuántas veces hemos pensado en las ventajas de conocer un lugar de la mano de alguien que viva en ese mismo sitio? No solo supone la manera perfecta de descubrir aquellos rincones que no aparecen en las guías de viaje, sino que constituye una forma ideal de integrarse rápidamente en la cultura local.

Este concepto se eleva a la máxima potencia cuando hablamos del mundo rural, donde la cercanía y el arraigo de sus gentes se suele vivir con mayor intensidad que en las ciudades. "¿Te enseño mi pueblo?" es un proyecto innovador de la Ribera del Duero burgalesa que aplica esta visión del turismo comunitario para ofrecernos una experiencia rural auténtica que te dejará huella. Te avisamos, querrás repetir…

Anfitriones y anfitrionas excepcionales

El programa de Voluntariado Ribera Voluntariis de la Ribera del Duero burgalesa ha conseguido que su proyecto insignia, "¿Te enseño mi pueblo?", se convierta en todo un referente de turismo comunitario que ha sido ya premiado en no pocas ocasiones.

Voluntarios de "¿Te enseño mi pueblo?" | D.R.

Una iniciativa que busca poner en valor el rico patrimonio que guardan nuestros pueblos a través de la colaboración de sus propios habitantes, que asumen el rol de anfitriones y anfitrionas para dar a conocer a los visitantes, de una forma entrañable, la historia, las tradiciones, los misterios y leyendas de los lugares en los que viven.

Así, un nutrido grupo de habitantes de diferentes edades son los encargados de mostrarnos, a través de una serie de rutas, los tesoros mejor guardados de esta parte de la Ribera del Duero. Todas las rutas son totalmente gratuitas – previa inscripción -, para todos los públicos y se realizan a pie. Una maravillosa oportunidad de descubrir la enorme riqueza de sus pueblos, contada en primera persona por sus principales protagonistas.

Voluntario de "¿Te enseño mi pueblo?" | D.R.

La Ribera del Duero burgalesa: una tierra que te sorprenderá

La Ribera del Duero burgalesa es un extenso territorio colindante con las provincias de Palencia, Valladolid, Segovia y Soria, en el que Aranda de Duero es su población de referencia. Pero más allá de la conocida Aranda, en sus alrededores se localizan pueblos de un enorme valor con historias milenarias a sus espaldas, algunos de los cuales forman parte de las rutas de "¿Te enseño mi pueblo?".

Hacia el noreste nos adentramos en la subcomarca conocida como "los Arauzos", que representa el tránsito entre la ribera del Duero y la Sierra de la Demanda. Allí nos topamos con un pequeño pueblo llamado Araúzo de Salce que, a pesar de su reducido tamaño, nos sorprende por todo lo que nos ofrece.

Interior de la torre del campanario de la iglesia de Araúzo de Salce | Ester Arandilla

Su origen milenario, asentado en la época de la repoblación de esta zona tras la ocupación islámica, se traduce en la solera de los rincones que nos encontramos a nuestro paso mientras recorremos sus calles. El pilón de cinco caños de la plaza nos da la bienvenida junto a la vetusta ermita de las Angustias y nos invita a subir hasta la joya del pueblo: la iglesia de la Virgen de la Asunción, un curioso templo que pareciera abrazar un arco de entrada de estilo románico, mucho anterior, al tiempo que se muestra imponente con su torre-campanario, testigo del valor estratégico de estas poblaciones en el avance de las fronteras cristianas hacia Al-Ándalus e inigualable atalaya de todo el entorno.

Junto a la iglesia, un magnífico moral centenario soporta el paso del tiempo como seña de identidad de este lugar generación tras generación, así como viene haciendo el majestuoso roble de San Miguel, otro árbol centenario que, entre campos de girasoles, se yergue solitario con sus quince metros de altura y varios metros de circunferencia a las afueras de Araúzo. 

Precisamente en esa dirección y atravesando el curso del río Aranzuelo hacia el sendero de los Arabuzos, nos acercamos hasta un lugar privilegiado como es el embalse de Araúzo, que se ha convertido en un foco de atracción de aves y en un reservorio de agua de gran valor ecológico.

Embalse de Araúzo | D.R.

Un poco más al este, y completando junto con Araúzo de Torre y Araúzo de Salce la tripleta de puestos de vigilancia que formaban en época de su fundación, se emplaza el bellísimo pueblo de Araúzo de Miel. Un extraordinario conjunto de arquitectura tradicional de adobe y tapial que es un verdadero tesoro aún por descubrir.

La iglesia de Santa Eulalia de Mérida con su torre, donde destaca el portón de leones rampantes incrustado antaño tras ser trasladado desde un palacio cercano, marca la silueta de esta localidad de pasado arriero cuyo término municipal se enclava mayoritariamente dentro de los límites de los sabinares del Arlanza, los de mayor extensión y mejor conservados de toda Europa.

Retrocedemos hacia el oeste desde Araúzo de Miel hasta llegar a Valdeande, donde no dejamos de admirar en cada piedra el valor de lo ancestral. Los antiguos lavaderos o la Fuente Vieja son fieles muestras de un patrimonio que se conserva aún intacto para nuestra sorpresa. Mientras, la calle de la Cuesta nos dirige hasta una plazoleta presidida por un rollo, la Iglesia de San Pedro Apóstol y de nuevo un moral centenario que, dada su longevidad, reposa de manera llamativa su tronco sobre un pilar de caliza. En el interior del templo, el retablo del siglo XVI de la escuela de Pedro Berruguete está considerado uno de los mejores de la provincia de Burgos. Un retablo que puede dar mucho de qué hablar tras los recientes descubrimientos sobre su origen, en el Archivo General de Indias, del investigador Eduardo Vicario.

Fuente Vieja en Valdeande | D.R.

Un poco más adelante, siguiendo la travesía, llegamos hasta un lagar tradicional convertido en museo vivo. Un lagar del siglo XVIII perfectamente conservado que tiene la particularidad de conservar todos los elementos de las labores vitivinícolas de aquella época, lo que supone una auténtica rareza. En su interior, las maquetas del conocido y genial artista Rubén Arrabal nos ilustran estas tareas de manera didáctica.

No muy lejos de allí, a unos escasos cinco kilómetros, se encuentra Caleruega, una localidad incluida dentro de la Asociación de los Pueblos más Bonitos de España que, además, es la cuna del insigne Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los dominicos.

Caleruega | D.R.

Nacido aquí en 1170, un siglo después de los orígenes de esta población castellana, preside hoy, a través de una lustrosa escultura, la plaza principal frente al enorme conjunto monumental de Santo Domingo, compuesto por el Real Monasterio – en el que se sitúa el sepulcro de la Infanta Leonor de Castilla, hija de Alfonso X -, el convento de los dominicos, el pozo de Santo Domingo, la bodega de Santa Juana, el Torreón de los Guzmanes y la iglesia románica de San Sebastián.

Caleruega | JJFarquitectos

Más al suroeste aparece, junto al río Gromejón, Tubilla del Lago, un pueblo con una de las mejores colecciones de murales de toda España, tanto por su cantidad como por su calidad, con el añadido de haber sido realizados todos ellos por personas de la propia población, entre los que se encuentran artistas reconocidos internacionalmente como Porrilló o de la talla de Rubén Arrabal. 29 murales, entre los que se encuentra el más grande de Castilla y León, que continúan creciendo en número cada año gracias a la implicación de sus habitantes.

Tubilla del Lago | D.R.

La ruta de los murales nos permite además recorrer este precioso pueblo coronado por un cerro que fue excavado para albergar una decena de bodegas, sobre las que se levanta la torre del antiguo castillo del siglo X. Un pueblo que, por si fuera poco, nos reserva una original experiencia: la de encontrar alguno de los "tubirocs" con mensajes pintados que son regularmente escondidos en sus calles por la Asociación la Ciénaga.

Mural en Tubilla del Lago | D.R.

Ya en el extremo opuesto, al suroeste de Aranda de Duero, nos esperan dos pueblos que suponen algunas de las mejores atalayas de Castilla. Por un lado, Torregalindo, conocida por sus casas-cueva vinculadas al antiguo castillo, del que aún permanecen sus ruinas como testigos fieles de un pasado de esplendor.

Torregalindo | D.R.

Mientras, la villa de Haza, es una pequeña joya por descubrir. No solo por su historia milenaria y su conjunto arquitectónico medieval amurallado, sino por el excepcional mirador que representa la restaurada torre del homenaje – también museo vivo -, desde cuyas almenas se alcanzan a ver tanto las estribaciones del Sistema Central como las del Sistema Ibérico, así como toda la inmensidad del valle del Duero. Un balcón al borde del páramo que te dejará sin palabras, solo comparable con el pueblo de Valcavado de Roa, llamado con justicia "el balcón de la Ribera".

Haza | D.R.