Dos nuevos hoteles de lujo revolucionan Barcelona

Rafael de Rojas

Por separado, el aterrizaje de las cadenas Mandarin Oriental y W en España constituiría todo un acontecimiento. Pero como ambas han decidido abrir sus hoteles en la misma ciudad, Barcelona, y con unos meses de diferencia, lo podemos calificar de revolución. W, la marca más "cool" de Starwood, nació en Nueva York hace 11 años como firma de hoteles de espíritu independiente, servicio de cinco estrellas y mucho mucho diseño. Desde entonces ha abierto 20 establecimientos de los que cinco están en Nueva York y sólo cuatro han situado fuera de Estados Unidos su gran W -quizá la antítesis del símbolo de MacDonalds-. Su 21º hotel, diseñado por Ricardo Bofill y ubicado al sur del puerto de Barcelona, nace con la vocación de convertirse en un emblema de Barcelona (lo dice el contestador de su centro de reservas). Los fans de W -que los hay en todo el mundo- aprecian especialmente detalles como el diseño aséptico y de líneas rectas de sus habitaciones, la cama W, la conexión total -Internet de alta velocidad, ipod y lo que les echen-, las amenities de balneario de Bliss y la cajita de golosinas chics en cada habitación. Sus 26 pisos, polémicamente situados a 20 metros del Mediterráneo, dan para un gimnasio, un spa, un centro de negocios y una piscina al aire libre. Y una terraza que va a convertirse en un número uno automático en cuanto abra el hotel, el 1 de octubre. Ya se puede reservar habitación desde esa fecha y a partir de 220 e la noche.

Si desde W se felicitan de instalarse en "la ciudad más dinámica y elegante de España", en Mandarin Oriental subrayan el privilegio que supone para Barcelona contar con uno de sus hoteles. Es otra forma de contarlo. La cadena de inspiración y orígenes orientales -tiene un abanico chino como logotipo- está presente en 25 países con 41 hoteles de cinco estrellas, 17 de ellos en Asia. Cada uno tiene su propia personalidad, vertebrada alrededor de un servicio de formación oriental -discreto, sonriente y eficaz- y un interiorismo que persigue la serenidad. Para el interiorismo de su hotel del Paseo de Gracia (en la Barcelona modernista más reconocible) han elegido a la diseñadora Patricia Urquiola, que está jugando con un lujo sin ostentación en el que se apuesta por la visión diáfana, la iluminación tenue y la ausencia de ruido. Es la concepción oriental de los Mandarin, en la que el spa es siempre un elemento fundamental. En Barcelona contarán con uno de mil metros. Además, abrirán un jardín-terraza, una piscina de medio fondo en la azotea, un restaurante de cocina de fusión asiática y mediterránea y diversas boutiques de campanillas en la planta baja. Todavía no tiene fecha de apertura, pero desde la cadena se promete que estará inaugurado antes de que termine el 2009. Para entonces, los devotos de las novedades van a tener que elegir.