Clásicos ocultos a plena vista en Valladolid

Un edificio modernista solitario no muy lejos de una casa de comidas que sólo sirve huevos fritos, un barco que surca el Pisuerga de día y encalla como bar de copas por la noche... ¡y una playa! Aunque conozca la ciudad, hay muchas cosas que aún no sabe de Valladolid.

Rafael de Rojas

Oculto a plena vista, Casa Tino (Manzana, 4) es una angosta casa de comidas situada en un lateral del Ayuntamiento. Con un puñado de mesas, sólo sirve unos inolvidables huevos fritos con patatas, carne de la olla y ensaladas de escabechados. No pida refrescos, que aquí sólo tienen vino de frasca. Sin salir del entorno de la Plaza Mayor, el Café del Norte sigue conservando su aire tertuliano de los años 50. Sobre todo porque hay una parte de su decoración y mobiliario que no ha cambiado desde entonces. Junto a él está el renovado Teatro Zorrilla, el espacio escénico del siglo XIX que abrió sus puertas hace unos meses para coincidir con la Semana Internacional de Cine. En la calle trasera, Constitución, se alza un edificio de El Corte Inglés que tiene cabida en este reportaje gracias a las vistas de su cafetería, el único mirador de los tejados del centro.

Otra atalaya de vista bien diferente es el restaurante Ramiro''s, ubicado en una torre que sobresale del Museo de la Ciencia y da al Pisuerga. Además de las vistas sobre esa zona recuperada del río (que incluye una pasarela diseñada por Norman Foster), el restaurante, calificado con una estrella Michelin, es un centro de experimentación culinaria. Su hermano pequeño, Zarabanda, situado en el también nuevo Auditorio Miguel Delibes, comparte promotores y alta cocina, pero baja un poco los precios.

La orilla del Pisuerga es una buena vereda por la que encontrar rincones muy vallisoletanos. Como la Playa de las Moreras, donde, a falta de mar, los nativos tienden sus toallas en cuanto empieza el buen tiempo. Sobre sus aguas, la Leyenda del Pisuerga es un barco para recorridos turísticos diurnos que atraca en el embarcadero para convertirse de noche en el bar La Candela del Pisuerga.

Hemos contado 17 museos en Valladolid. Además de los imprescindibles (de ninguna manera hay que perderse el Museo Nacional Colegio de San Gregorio, reabierto recientemente), hay otros menos conocidos, como el Museo Oriental, que guarda tesoros chinos y filipinos traídos por misioneros.

Callejeando, lo que más llama la atención son los edificios decimonónicos del paseo de Recoletos, la calle Miguel Iscar y la calle Santiago, junto a la que sale el pasadizo que condujera al convento de Las Francesas, cuyo suelo está formado por tabas de lechazo. En su interior se encuentran ahora algunos de los comercios más creativos de la ciudad, como el de la diseñadora de joyas Elena Palacios . Otro paseo singular es el de los alrededores de la vía del tren, donde sobreviven edificaciones populares de ladrillo de principios del siglo XX. En ese entorno, el de la plaza de la Rondilla, se puede encontrar el tapeo más económico. El mejor ejemplo es La Esquina del Pani (Vía, 6), un bar de cinco mesas en el que se ensayan recetas creativas a bajo precio.

Quizá el edificio más singular de la ciudad -por lo solo que está- sea el que está en el nº 6 de la calle Cánovas del Castillo , junto a la calle Sierpe (la más estrecha y sinuosa de la urbe). Es un bloque modernista pero sobrio. Y para alojarse se puede estrenar el nuevo cinco estrellas Marqués de la Ensenada (avenida de Gijón, 1), tematizado en torno a la Ilustración y con sorpresas como un ejemplar de la Enciclopedia de Diderot.

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