Cinco espacios mágicos de Córdoba para entender su mes de mayo

Mayo es el mes de Córdoba. Durante este mes se celebran sus fiestas mayores, entre ellas Los Patios y Las Cruces. Hay en la vieja ciudad un permanente aroma a flor de azahar.

Manuel Mateo Pérez
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La calleja del Pañuelo

Debido a su estrechez es similar a las dimensiones de un pañuelo de hombre extendido por los picos. Al entrar en esta calleja se tiene la sensación de perturbar un espacio íntimo y privado. Está considerada la plaza más pequeña del mundo. Sus dimensiones no superan los quince metros cuadrados. Su planta es asimétrica y está encalada. De sus arriates brotan los troncos de dos naranjos que buscan la luz por encima de una fuente mural de la que cae un hilo de agua a un brocal rojizo de origen árabe.

Plaza del Potro

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Encajonada entre las calles Lucano y Lineros, de cara a la ribera del Guadalquivir, la plaza del Potro es uno de los rincones más evocadores de la ciudad y una de sus más concurridas salas de estar. La plaza cae en suave pendiente hasta la calle Enrique Romero de Torres, que hace esquina con el paseo de la Ribera. A un lado el Hospital de la Caridad que esconde el Museo de Julio Romero de Torres y frente a él la Posada del Potro cuyo interior sintetiza la belleza serena de los patios en mayo.

Los callejones populares

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El callejón de la Hoguera y la calleja de las Flores son dos de los rincones más pintorescos del barrio viejo de Córdoba. Están situados en las inmediaciones de la Mezquita, entre las calles Céspedes y Velázquez Bosco. El callejón de la Hoguera es un rincón encalado donde al entrar se tiene la sensación de invadir un espacio de privacidad. La calleja de las Flores es uno de los rincones más fotografiados de Córdoba. Se accede a ella a través de la calle Velázquez Bosco. Está encalada los doce meses del año. En sus paredes cuelgan macetas y a sus pies abren arriates donde crecen jazmines, rosales y madreselvas.

Plaza Jerónimo Páez

Tres casuarias sombrean la plaza Jerónimo Páez, a la que miran las fachadas señoriales del palacio de los Páez de Castillejo y la casa del Judío, conocida antiguamente como palacio de Casas Altas. Bajo estas piedras adoquinadas y estos cuidados jardines reposan los restos del teatro romano, la obra más importante de la Corduba del siglo I después de Cristo. Recuperado del olvido, la osamenta en piedra del viejo teatro ha sido integrado en la plaza y en las ampliaciones del Museo Arqueológico, que ocupa desde 1960 las dependencias del palacio renacentista de los Páez.

Palacio de Viana

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El Palacio de Viana es el testimonio de la más viva y deslumbrante casa señorial andaluza. Muros adentro encierra doce patios y un jardín, decenas de estancias, aposentos distinguidos y salones aristocráticos, decorados con muebles de varios estilos y procedencias, lienzos de los más notables maestros y objetos decorativos de fino labrado. En mayo sus patios estallan en aromas y colores. Las fuentes manan permanentemente y hay un olor persistente a flor de azahar, no solo dentro de la casona solariega sino en todas las calles que rodean el barrio de La Ajerquía.