Chicago, la ciudad vertical

MUSEO DE RASCACIELOS. La verticalidad define a Chicago, la famosa ciudad de los gangsters de los años 20, en la que se construyó, en 1885, el considerado como primer rascacielos del mundo, el Home Insurance Building, hoy ya desaparecido. Muchos de sus edificios son obras de arte en sí mismos y cobijan a una de las capitales más intensas y vitales de Estados Unidos y del mundo, por su música, su gastronomía, su cultura, su historia y por las impagables vistas del lago michigan desde lo alto de sus rascacielos. 

Rafael Pola
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Chicago es una ciudad envidiable, querida y cuidada por sus vecinos y sus regidores, una ciudad que, para una española que la conoce bien, toda ella es como un gran Manhattan, y su Magnificent Mile, como un colosal barrio de Salamanca lleno de espectaculares centros comerciales, llamativas boutiques y grandes tiendas de marca”.

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Chicago se levanta al lado del lago Michigan, su particular mar; está recorrida por el río Chicago y es una de las ciudades más agradables y con mayor número de espacios verdes de los Estados Unidos.

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Checaugou quiere decir cebolla silvestre o col fétida. Los indios potowatoni denominaban con esta expresión a la zona lacustre y pantanosa en la que hoy se sitúa Chicago, la tercera ciudad en importancia de Norteamérica, el principal centro de comunicaciones de Estados Unidos y la capital financiera del Medio-Oeste americano. El área metropolitana de Chicago, no obstante, no es mucho mayor que Madrid y su población no supera los tres millones de habitantes.

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Si antes de viajar a Chicago pregunta, probablemente todo el mundo le dirá que le va a encantar. Pero, ¿por qué a todo el mundo parece gustarle tanto Chicago, una ciudad que es de las más ventosas del mundo, que solo disfruta de 70 días de sol al año y donde, durante meses, la sensación térmica baja con frecuencia de los -20º? Pues quizás porque, sean cuales sean los gustos del visitante, la ciudad siempre le responderá con una oferta excepcional.

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Si le interesa la música, en chicago encontrará una cartelera difícilmente igualable en el mundo; desde la más amplia y cuidada programación de música clásica, ópera o danza, pasando por todo tipo de locales y festivales –muchos gratuitos– para toda clase de músicas: rock, blues, folk, country, jazz, gospel, latino...

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Si lo suyo es el teatro y los espectáculos, disfrutará de los mejores estrenos y montajes escénicos en el distrito de los teatros, The Loop; de las grandes obras de Shakespeare en el Chicago Shakespeare Theatre; del teatro contemporáneo en Goodman Theatre; de los grandes éxitos, primicias y preestrenos en el Broadway in Chicago y de los grandes musicales en el Auditorium Theatre.

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Arte y cultura

Si lo que busca es arte y cultura, Chicago le mantendrá ocupado todo el tiempo del que disponga en la ciudad. Su oferta cultural y museística es casi inagotable: Museo Field de Historia Natural, Museo de Arte Contemporáneo, Acuario Shiedd, Planetario Adler, Museo de la Ciencia...

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Para los apasionados del deporte, tanto activo como pasivo, la ciudad norteamericana ofrece los mejores escenarios y entornos para la práctica y disfrute de cualquier deporte, especialmente de los más genuinamente americanos: baloncesto, béisbol, fútbol americano, hockey... incluso espectáculos como el rodeo americano. Si lo que le apasionan son las compras, en la Michigan Avenue, Oak Street  o Armitage Avenue encontrará todas las tiendas y boutiques que pueda imaginar.

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Chicago le ofrecerá todo lo que desee y al más alto nivel, porque Chicago tiene tantos posibles planes como gustos pueda haber. Hay un Chicago para cada persona. Todos los que ya se han dicho además de, por ejemplo, el Chicago de cine, el de los famosos o incluso el de la ruta de los gangsters. Pero si lo que le vuelve loco es el mundo de la arquitectura y el urbanismo, en Chicago se sentirá en el Paraíso porque es el gran parque temático de la arquitectura mundial.

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Ninguna otra urbe del planeta atesora tanta historia y tal riqueza de muestras vivas de la arquitectura moderna y contemporánea. Fue en Chicago donde se levantó en 1885 el considerado como primer rascacielos del mundo, el Home Insurance Building –hoy ya desaparecido–, proyectado y construido en su día por William Le Baron Jenney. El devastador incendio de 1871 hizo que la catástrofe urbana se convirtiese en una gran oportunidad no solo para que los arquitectos pudieran dar rienda suelta a su imaginación sino también para crear una nueva Chicago y redefinir, en buena medida, el concepto de la ciudad moderna.

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Escuelas y tendencias

Pasear la ciudad de Chicago brinda la oportunidad de recorrer la historia moderna de la arquitectura, disfrutando del mayor y más diverso catalogo de edificios y rascacielos que se pueda imaginar. En Chicago están presentes algunos de los mejores y más representativos ejemplos de las escuelas y tendencias arquitectónicas más significativas de la reciente historia: neotudor, neogótico, estilo italianizante, neorromántico, richardoniano, reina Ana, neoclásico, escuela de Chicago, escuela de la Pradera, Bauhaus, postmoderno... 

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Caminando por The Loop se contemplan algunos de los mejores ejemplos de la escuela de Chicago, corriente arquitectónica que revolucionó la construcción de edificios y dio origen a los primeros rascacielos, al utilizar, por primera vez, las vigas de acero que permitían elevar más y más las construcciones. Obras de grandes arquitectos como Sullivan, Holabird, Burnhan y Wellborn poblaron el Chicago del último cuarto del siglo XIX con esbeltas moles de amplias superficies acristaladas que configuraron, para siempre, la arquetípica estampa del moderno edificio de oficinas.

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A cada paso, al doblar cualquier esquina, surge una de esas construcciones que ya forman parte de la historia de la arquitectura: el edificio Rookery, el Reliance, el Fine Arts, el Auditorium, el Marquette... Muchos de ellos atesoran en su interior espectaculares vidrieras, estilizadas escalinatas, elegantes vestíbulos, impresionantes patios de luces... Aunque son muchos los edificios que merecerían una reseña especial, no se pueden dejar de mencionar los delicados detalles de la fachada y del interior del edificio Marquette, uno de los más tempranos ejemplos de la Escuela de Chicago; su fachada exhibe unos fantásticos bajorrelieves dorados de bronce, mientras que su vestíbulo de dos plantas se adorna con unos deslumbrantes mosaicos de madreperla y vidrio, obra de Tiffany and Co.

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Digno de una atenta visita es también el patio de luces del Rookery, que en su día –1888– fue el edificio más alto del mundo. Su luminoso y espectacular vestíbulo está coronado por una claraboya abovedada presidida, a su vez, por una espectacular escalinata metálica.

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Iconos urbanos

El Monadnock Building, por su parte, es una clara muestra de la evolución arquitectónica de finales del siglo XIX. Una primera fase del edificio fue levantada en ladrillo por Burnham and Root en 1898, mientras que una segunda sección fue realizada pocos años después en acero por Holabird and Roche. En su momento fue el edificio de oficinas más elevado construido hasta entonces, y hoy día sigue siendo la construcción urbana de albañilería más alta del mundo.

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Este edificio conserva en la actualidad todo el sabor de otro tiempo, ya que tanto los comercios que acoge en sus bajos –peluquería, banco, sombrerería, sastrería...– como la estructura y estética de las oficinas que alberga mantienen todo el aire y encanto de los años 20/30 del siglo pasado. Interesante son también el vestíbulo del edificio Santa Fe y las cúpulas de vidrio y cristal del atrio de los antiguos almacenes Marshall Field, (hoy Macy's) y de la GAR Rotunda del Chicago Cultural Center.

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Entre edificio y edificio, y en estudiada proporción con los espacios y dimensiones del entorno, se descubren monumentales esculturas o colosales murales realizados por muchas de las grandes figuras del arte moderno y contemporáneo: Picasso, Chagall, Miró, Calder, Dubuffet, Moore, Serra, Stella... Aunque todas las obras tienen indudable interés, las que se han erigido en auténticos símbolos de la ciudad de Chicago son dos esculturas situadas en el Millenium Park; la famosa The Bean, de Anish Kapoor, que, con sus resplandecientes brillos metálicos y deslumbrante piel plateada refleja la ciudad y a sus visitantes, y la Crown Fountain, dos enormes monolitos digitales de Jaume Plensa, que, uno frente a otro con un estanque de por medio, se transforman en gigantescos rostros humanos en movimiento que, como modernas gárgolas, lanzan agua por sus bocas.

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Pero volviendo a lo arquitectónico, hay que decir que esta gran ciudad del Medio Oeste americano puede presumir de que casi cualquier edificio en el que uno pueda fijarse tiene, con seguridad, una historia o una singularidad arquitectónica. Por ejemplo, en pleno corazón de Chicago, justo donde la tradición sitúa el lugar en el que Du Sable –el fundador de la ciudad– se construyó su casa, se levanta el edificio Wrigley, que se remata en una torre inspirada en la Giralda de Sevilla.

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Frente a este rascacielos de 1920 se erige la torre del Chicago Tribune, un edificio de estilo neogótico que conserva incrustados en su fachada más de cien fragmentos de piedras procedentes de grandes monumentos del mundo: la Ciudad Prohibida, la Gran Muralla, el Taj Mahal, el Partenón, las Pirámides de Giza...

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La piscina de “tarzán”

En el arranque de la Magnificent Mile, en el tramo norte de la Avenida Michigan, está el hotel Intercontinental, célebre, entre otras cosas, por la bella y decadente piscina que tiene en su planta 11 y en la que, de cuando en cuando, se dejaba ver Johnny Weissmuller, el famoso Tarzán. En la misma confluencia del río Chicago con la Avenida Wabash se alza, con sus refulgentes formas redondeadas de acero inoxidable y cristal, la Trump Tower, el segundo edificio más alto de Chicago, solo por detrás de la torre Willis.

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Por cierto, desde lo más alto de la Hancock Tower o desde la torre Willis se puede disfrutar de unas magníficas vistas de la ciudad. Cerca del río, en el 35 East Wacker Drive, destaca la silueta de un contundente edificio de terracota rematado en una singular cúpula en cuyo interior se encontraba el famoso Stratosphere, el club de Al Capone. En la década de 1920, en plena ley seca, este rascacielos era lo último de lo último, ya que, entre otras cosas, disponía de plazas de aparcamiento privadas en todos sus pisos.

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El casi inconcebible repertorio del Chicago arquitectónico rebasa los límites de un tiempo y un espacio determinados y se extiende mucho más allá de épocas o zonas concretas. En Chicago casi todo es a lo alto. En esta ciudad, la mayor parte de las actividades humanas se desarrollan en vertical. Hay bastantes rascacielos que son gigantescos centros comerciales, otros son descomunales aparcamientos, algunos son iglesias y hasta hay uno que es una prisión. El edificio en altura es una indiscutible seña de identidad de esta capital americana. Dentro del área más urbana ha firmado y ejecutado grandes proyectos Mies van der Rohe (edificio IBM, Federal Center...). 

Paseo por el río

Merece igualmente la pena un detenido paseo la Astor Street, en la que, a lo largo de más de 50 años, hacia finales del XIX y principios de XX, la alta burguesía de Chicago construyó allí sus residencias en los más variados estilos. También son dignas de conocerse las casas en hilera Olsen-Hansen y el Crilly Cour.

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La ruta de la arquitectura de Chicago quedaría incompleta sin visitar la universidad de la ciudad, donde se halla la celebre Casa Robie, una de las obras más emblemáticas de Wright.

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Hay muchas formas de disfrutar de Chicago y de su incomparable universo arquitectónico, desde realizar un tour fluvial descubriendo la espectacular perspectiva contrapicada que se tiene del perfil de la ciudad desde el cauce del río Chicago, o contemplando, a media altura, los llamativos edificios desde el célebre metro elevado de la ciudad, hasta hacer un tour en helicóptero viendo las azoteas y remates superiores de los célebres rascacielos; pero lo que de verdad a uno le hace apreciar la impresionante grandeza de la enorme riqueza arquitectónica del lugar es lanzarse a la calle y recorrer la ciudad, guía en mano, deteniéndose en cada edificio significativo, para admirar sus líneas exteriores, sus fabulosas entradas y vestíbulos, mientras se saborean las muchas historias que allí sucedieron.

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