Castrillo de los Polvazares, la cuna del cocido maragato

El placer del cocido en uno de los pueblos más bonitos de España

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Martín Burguillo / ISTOCK

Una comarca, unas tradiciones, una historia… El País de los Maragatos o Maragatería, como se conoce popularmente, seguramente sea uno de los territorios más singulares de toda la provincia de León, y así nos lo demuestra a través de su arquitectura, su folclore y su gastronomía. Dentro de la comarca nos aguarda una pedanía del municipio de Astorga que se ha convertido en uno de los estandartes de la Maragatería; hablamos de Castrillo de los Polvazares, donde el típico cocido de estas tierras ha alcanzado las más altas cotas de celebridad.

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Nos adentramos en esta preciosa localidad, cuna del cocido maragato y recientemente reconocida como uno de los pueblos más bonitos de España.

Un pequeño pueblo donde se condensa todo el valor de la Maragatería

Castrillo de los Polvazares es fiel reflejo de los usos y costumbres que han marcado y marcan la identidad de esta famosa comarca leonesa. La actividad de los arrieros, dedicados al transporte de mercancías artesanales y su comercio en una vasta franja del territorio español, ha marcado la personalidad de la población.

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De este oficio tradicional surgiría la típica arquitectura de Castrillo que hoy en día podemos contemplar en todo su esplendor, con las características casas arrieras, levantadas piedra a piedra en torno a patios interiores y grandes arcadas que posibilitaban el trasiego de los carromatos. Todo este patrimonio, unido a la uniformidad de sus calles, asimismo empedradas, con esos tonos rojizos tan llamativos, fue razón suficiente para convertir a este pequeño núcleo en Conjunto Histórico-Artístico.

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El gran aparcamiento de la entrada nos avecina que nos encontramos ante una población donde el tráfico rodado se ha mantenido al margen de las calles. El puente viejo nos espera a pocos metros para atravesar el cauce del río Jerga en dirección hacia la principal vía de Castrillo, la calle Real, en torno a la que se dibuja el trazado de la localidad de manera longitudinal, coincidiendo con el recorrido que sigue el Camino de Santiago a su paso por la villa.

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Es un verdadero placer caminar con paso lento por este pueblo tan bien conservado mientras admiramos su singular arquitectura y nos cruzamos con alguna persona absorta en su peregrinaje. Son varias las tiendas de artesanía y los restaurantes que podemos encontrar a lo largo y ancho del entramado urbano, en donde sumergirse de lleno en la esencia de esta famosa comarca.

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El cocido maragato, sin duda la punta de lanza de la gastronomía de la zona, es la receta omnipresente en todos los establecimientos, no sin razón, pues Castrillo está considerada la cuna de este plato. Los más renombrados restaurantes donde poder degustarlo, integrados en las propias casas arrieras, nos ofrecen la oportunidad de dar buena cuenta de estos manjares tan asociados al frío del invierno en un entorno en sintonía con la ocasión.

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A los productos típicos y locales que nutren el cocido maragato se une la curiosa forma de comerlo, en sentido inverso a como se hace en el resto de España, es decir, comenzando por las viandas y acabando por la sopa; una costumbre que, al margen de leyendas, está estrechamente ligada con el oficio de la arriería y su labor viajera.

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Una excelente manera de terminar nuestra visita con todo el sabor de Castrillo de los Polvazares, un justo merecedor de la mención recién otorgada que lo reconoce como uno de los pueblos más bonitos de España, sumándose a Peñalba de Santiago, en el Bierzo, para constituir los dos únicos casos de la provincia de León distinguidos con este título.