La cascada más bonita del mundo

Skogafoss, en Islandia, está considerada la catarata perfecta: es pura espuma que truena en un paisaje sin igual

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: Mlenny / ISTOCK

Aislada, indómita, surrealista, la naturaleza de Islandia es ese cuadro de fuerzas geológicas que dibujan un paisaje de glaciares que se aferran a los volcanes, de géiseres que emergen de los campos helados y de lagunas de colores insólitos sobre las que flotan los témpanos. Un paisaje de hielo y fuego que convierte la grandeza en el rasgo principal de este diminuto país, cargado de joyas naturales que son únicas en el mundo.

mantaphoto / ISTOCK

Una de ellas es la cascada de Skogafoss, emplazada en el sur, a 150 kilómetros de la capital, Reykiavik. Un prodigio que se describe como pura espuma que truena y que destaca de entre todas las cortinas de agua que atesora esta remota isla por su insólita y misteriosa  belleza, además de por la particularidad de poder contemplarse desde los pies y desde la cresta. Pero antes, mucho antes de que uno se tope con ella desde la superficie y quede atónito ante el desplome de espuma blanca enmarcado por el verde de la montaña; y antes también de que uno pueda divisarla desde las alturas y descubrir su trayecto superior previo a la vertiginosa caída, un estrépito ensordecedor anticipa su presencia.

Ghing / ISTOCK

Espectacular arco iris 

La atronadora cascada de Skogafoss es el salto de 60 metros (con un ancho de corriente de 25 metros) que efectúa el río Skógá por encima de una meseta, abriendo a su paso una cicatriz en la roca. La blancura del agua entre el musgo brillante sobre un campo de arena negra le confiere un halo de irrealidad. En los días soleados, además, cuando la luz limpia que distingue al norte del continente se filtra por el agua pulverizada (que a lo lejos se percibe como si se tratara de humo) un arco iris inmenso corona este torrente colosal, potenciando aún más, si cabe, su belleza. 

Jef Wodniack / ISTOCK

También desde arriba, a donde se sube por una empinada escalera junto a su lateral derecho, las vistas resultan apabullantes. Son cinco minutos de ascenso nada más, pero la recompensa es enorme: al final del camino, además de capturar la estampa más fotogénica, hay que buscar con atención un saliente rocoso cuya forma sugiere diversas interpretaciones: hay quienes ven a un troll enfrentándose valiente a la cascada y hay quienes ven a una esfinge que contempla melancólica a las aguas. 

Mlenny / ISTOCK

Leyendas misteriosas

Y es que este paisaje singular atesora, además, muchas leyendas. La más popular es aquella que afirma que, tras la enorme cortina de agua, se encuentra un preciado tesoro, escondido muchos siglos atrás por el primer colono vikingo Prasi Pórólfsson. Según el misterioso relato, años después, un joven islandés encontró el cofre, pero nada más se supo de él: se piensa que cayó al vacío y murió. Más allá de este recuerdo truculento, Skógafoss (junto con Reynisdrangar o la playa negra de Vík) es una de las localizaciones más reconocibles de la serie Vikingos, a la que se puede ver en el canal Historia. 

donvictorio / ISTOCK

Hay que llevar un chubasquero o impermeable para visitar Skogafoss puesto que, incluso desde la distancia, el agua llega disparada. Ni que decir tiene que de cerca, claro, el impacto es tal que uno puede acabar calado. También hay que evitar los momentos de mayor afluencia, aunque el viajero quedará sorprendido porque, tratándose incluso de una de las atracciones naturales más visitadas de Islandia, nunca se mostrará realmente masificada.

yulkapopkova / ISTOCK

Otras joyas naturales

Por todo ello, la cascada de Skógafoss, que queda muy cerca del pueblo de Skógar, es una visita inexcusable dentro del catálogo de montañas, ríos, volcanes y precipicios batidos por el mar que atesora Islandia. 

Cascada Seljalandsfoss | mbbirdy / ISTOCK

Conviene saber, además, que a escasos minutos emerge otra de las cataratas más espectaculares del país: Seljalandsfoss, a la que también se accede por la carretera principal de la isla. Y, si, además, se sigue un sendero que parte hacia el este, aparece majestuoso Eyjafjallajökull, el volcán de nombre impronunciable que paralizó el tráfico aéreo europeo durante 2010 y que sólo así logró poner en el mapa a estos maravillosos parajes. 

klikk / ISTOCK