Carvoeiro en otoño, la villa más romántica del Algarve

Una escapada a esta localidad portuguesa asomada a un acantilado

Noelia Ferreiro
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Será porque la luz otoñal incide de forma maravillosa sobre sus acantilados ocres. O porque sus calas, ahora silenciosas y solitarias, parecen sacadas de un recetario para la felicidad. El caso es que a Carvoeiro, una villa marinera en el corazón del Algarve, esta época del año le sienta estupendamente. Nada puede ser más romántico que perderse unos días por el que está considerado uno de los pueblos más bonitos de Portugal. Carvoeiro es una localidad muy concurrida en verano, cuando las familias la eligen como favorita para unas vacaciones inolvidables. Aquí el viajero encuentra todo lo que se puede necesitar: sol a raudales, mar cristalino, calles animadas, gentes cálidas, gastronomía exquisita…

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Esencia marinera

Pero es ahora, en esta temporada, cuando el lugar recupera su magia. Lejos del ajetreo estival, Carvoeiro se presenta como lo que, en esencia, no ha dejado nunca de ser: un pueblo de pescadores encajado en un soberbio marco natural. Un rincón donde se respira una atmósfera especial. Fue por los años 60 cuando los ojos del mundo se volvieron hacia esta pequeña aldea portuguesa, tocada por un aire bohemio. ¿Cómo no caer rendidos ante este anfiteatro de casas blancas asomadas a un acantilado? ¿Cómo no maravillarse con ese ritmo pausado en el que la vida pasaba por ver partir a los barcos, cada madrugada, hacia la captura del atún?

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Playas espectaculares

De pronto se convirtió en un destino turístico, pero sin perder su alma de pueblo dormido, su estética de reliquia vintage. Sus casas inmaculadas, prácticamente a la misma altura, acogen hoy tiendas y restaurantes. Sus calles están flanqueadas de terrazas bajo el sol. Sus barcas de colores, detenidas en la arena, comparten espacio con los bañistas. Todo ello, en otoño, tiene otra perspectiva. El pueblo ahora es un remanso de paz en el que disfrutar de su calma.   Carvoeiro es famoso por las playas de sus inmediaciones, algunas de las cuales se cuentan entre las más bonitas de Europa: la Praia do Carvalho, la Praia da Marinha, la Praia do Paraíso… Eso y sus grutas doradas que se ocultan bajo los acantilados bañados por el Atlántico. Nada puede ser más agradable que navegar entre sus recovecos para admirar la obra de arte que ha moldeado la erosión.  

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Dormir sobre el mar

Precisamente esta actividad es una de las las T-Experience que ofrece a sus huéspedes el Tivoli Carvoeiro Algarve Resort que, como la propia villa, se ensambla en la naturaleza de manera magistral. Este hotel legendario del sur de Portugal es la pieza que faltaba para completar el romanticismo que destila el pueblo de Carvoeiro. Semiescondido junto al increíble acantilado de Vale Covo, el Tivoli fue uno de los primeros establecimientos del lugar, sin bien ha sido recientemente sometido a un proyecto de remodelación integral. El resultado, más allá de alumbrar un nuevo estándar de lujo, es haber creado una experiencia de alojamiento inigualable. No en vano, el pasado año, fue nombrado Mejor Hotel Europeo para las Familias.

Tivoli

 Placer portugués

Con vistas al litoral escarpado, el mar se cuela por las terrazas de las propias habitaciones,  en las que está plasmada la cultura, la historia y las gentes del Algarve. Someterse a un tratamiento en su maravilloso spa, relajarse en la piscina al aire libre o tomar un petisco en su Sky Bar, todo ello con la panorámica del barranco, son placeres sólo comparables al de vivir una experiencia gastronómica en el restaurante de autor The One, comandado por Bruno Augusto. Sofisticada cocina portuguesa con algunas influencias étnicas.

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En Tivoli Carvoeiro, además de divertidas actividades para conocer a fondo el entorno (una cata de cerveza artesanal la quinta- fábrica Dos Santos, una visita a la reconocida fábrica de cerámica A Olaria, de Porches…) no hay que perderse la excursión estrella, facilitada desde el propio hotel: el Percurso dos Sete Vales Suspensos, una ruta de 11 km (entre 4 y 6 horas) por las cimas de los acantilados y entre impresionantes campos de orquídeas. Este camino, que debe su nombre a los siete valles originados por la fuerza del agua, ha sido elegido como el mejor de Europa para practicar senderismo.