Camelle, el nostálgico hogar del artista que murió de pena

Una localidad que refleja la historia más trágica de la Costa da Morte

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Lansbricae / ISTOCK

El nombre de Manfred Gnädinger está ligado de manera indisoluble a un lugar de la provincia de La Coruña llamado Camelle. El hogar de un hombre protagonista de una de las historias más conmovedoras en la relación entre el ser humano y la Naturaleza. Un alma cautivada por las costas gallegas del fin del mundo, que sucumbió debido a la extrema sensibilidad que le produjo la mayor tragedia medioambiental que ha sufrido la Costa da Morte.

Un pueblo marinero en el corazón de la Costa da Morte

Camelle es una parroquia perteneciente al territorio del municipio de Camariñas, el lugar que inspiró la inmortal cantiga que se ha convertido con el tiempo en todo un himno gallego, mostrando el sentimiento de sus gentes y el amor a su tierra. Una zona donde el encaje de bolillos es algo más que cultura, y donde la relación con el mar siempre ha ido unida a los numerosos naufragios que se han dado en sus costas a lo largo de la historia, pasando a formar parte de su propia identidad.

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La localidad de Camelle es un puerto marinero de ancestral tradición ballenera que fue reconvertida en el centro neurálgico de la recepción de los naufragios de toda esta franja litoral. No obstante, la Costa da Morte presenta uno de los mayores registros de naufragios de todo el mundo, y Camelle vio cómo se instalaba en sus dominios, a finales del siglo XIX, la Estación de Salvamentos Barbeito Rodríguez y Compañía, dando servicio a los buques siniestrados. Una actividad que conllevó trabajo y prosperidad para la población del lugar durante varias décadas, hasta su disolución.

La larga lista de naufragios ocurridos en Camelle, algunos de ellos de renombre histórico, como el acaecido en el siglo XIX con el buque inglés City of Agra – cuya campana aún se conserva en la iglesia parroquial -, han marcado profundamente esta población costera, así como la llegada de un desconocido alemán en la década de los años sesenta, cuyo enorme legado y su impactante historia se han convertido en la actualidad en el mayor reclamo turístico de Camelle.

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El artista que unió su vida y su muerte a Camelle

Manfred Gnädinger llegó a Camelle un día de 1962 tras un viaje con un amigo por Francia y el norte de España. Un desconocido personaje de origen alemán que se vio cautivado por estas tierras de la Costa da Morte y decidió quedarse. Acogido en un primer momento por una pareja que hablaba alemán, más tarde construyó su propia morada gracias a la ayuda de algunos vecinos. Una pequeña caseta frente al mar en la que se instalaría en 1972, siguiendo un estilo de vida naturista, sin agua corriente, electricidad u otras comodidades, usando un taparrabos como única vestimenta, así como cultivando o recolectando sus propios alimentos.

Sus pensamientos, su sensibilidad y varios reveses en Camelle – la muerte de Eugenia Heim, la mujer de la pareja que le acogió, sumado a un supuesto amor no correspondido -, le sumieron en un estado de introspección que le hicieron volcarse en el arte y la Naturaleza.

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Fue a partir de aquel momento en el que despliega toda su valía artística en su casa y frente a ella, en el entorno del puerto de Camelle, que considera su propio jardín, emprendiendo un proyecto de expresión personal a través de esculturas y pinturas basadas en diversas formas, con el círculo como estandarte de su obra. A mitad de los años ochenta se construye el espigón del puerto dividiendo su obra en dos, a lo que se opone decididamente exponiéndose frente a las excavadoras, aunque sin éxito, dejando su impronta en el hormigón con su silueta, como acto de rebeldía. Más tarde integraría la reciente construcción en su obra, pasando a formar parte del paisaje costero de la localidad y constituyendo un llamativo museo al aire libre.

Pero la verdadera decepción para Manfred llegó el 13 de noviembre de 2002, con el naufragio del petrolero Prestige frente al litoral gallego, causando la mayor catástrofe medioambiental que ha sufrido la Costa da Morte. El desastre llegó hasta el puerto de Camelle tiñendo de negro su jardín escultórico, su proyecto de vida en forma de museo en el que tanto esfuerzo había dedicado.

El vacío y la tristeza inundan el interior del alemán y una profunda pena le hace encerrarse en su vivienda, carente ya de sentido su vida. Poco después, el 28 de diciembre, el día de los Santos Inocentes, los vecinos lo encuentran muerto en el interior de su caseta, donde se había dejado morir. Su visión del mundo, su intensa comunión con la Naturaleza y su desdicha acabaron por sumir a Manfred en la melancolía. La célebre imagen del fotógrafo José Manuel Casal, con Manfred – apodado popularmente «Man» - cubriendo su rostro con las manos en un gesto de honda aflicción e impotencia, se ha convertido en uno de los más fieles reflejos de la magnitud del desastre del hundimiento del Prestige.

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Tras un tiempo de olvido, un fuerte temporal y el vandalismo echaron a perder gran parte de la obra que sobrevivió a la muerte de Man. Sin embargo, los recientes esfuerzos por ponerla en valor y hacer perdurar el legado del anacoreta alemán, han llevado a la creación del Museo Man de Camelle, donde se recoge una buena parte de su herencia artística a través de una exposición, sumado a la escultura a tamaño natural con su figura, realizada por el escultor Francisco Castro, que se levanta frente a la puerta del museo; más aún, también es posible contemplar algunas esculturas de su jardín escultórico, así como la caseta donde vivió.

Gracias al esfuerzo de personas como Carmen Hermo o María Luna Suárez Marcote, así como de la voluntad y el recuerdo de la localidad de Camelle en su conjunto, hoy en día podemos rememorar y asombrarnos con una vida excepcional y una historia que remueve emociones, dándonos la oportunidad de empaparnos con su memoria visitando este cautivador pueblo marinero de la Costa da Morte.