Cabo de Gata en primavera: el paraíso existe

Las temperaturas suaves, los parajes aún solitarios y la luz especial convierten a este rincón de Almería en el mejor destino del país para vivir la estación florida

Noelia Ferreiro
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Foto: Olaf Speier / ALAMY

Envuelto como está en un desierto volcánico, no son las flores, precisamente, lo que definen la primavera en el Cabo de Gata. Aquí, en esta esquina del sureste de la península, en este parque natural de Almería que constituye el mayor espacio protegido del litoral Mediterráneo, el paisaje se dibuja con una inmensidad de magma, con una costa acantilada, con formaciones dunares de arenas blancas y grises.

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Y aunque la aridez de su suelo presenta una sorprendente singularidad botánica con más de mil especies de flora (acebuches, palmitos, cornicales…) su perfil, incluso en estos tiempos, es lo menos parecido a un jardín. 

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Entonces, ¿qué es lo que hace de este lugar el mejor destino para vivir la estación del momento? ¿Por qué es un auténtico paraíso desde marzo hasta junio? Pues simplemente por su belleza solitaria (todavía sin muchos turistas) favorecida por unas temperaturas suaves que ya permiten, sin embargo, agradables chapuzones en el mar. 

Refugio de hippies y bohemios

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Al Cabo de Gata se viene a hacer muchas cosas, pero sobre todo, se viene a disfrutar del mar. De la inmensidad del azul en contraste con la tierra cobriza. Del sueño de un litoral virgen alejado de la vorágine urbana, sin apenas hoteles ni chiringuitos, en ocasiones sin carreteras asfaltadas. Quienes conocen estos parajes saben que su mejor baza está en el diálogo que mantiene la roca con la marea: a él se deben los barrancos escarpados, las calas recónditas que se cuelan por la sierra e incluso las antiguas atalayas que en los tiempos más belicosos defendieron este lugar del ataque de los piratas.

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El Mediterráneo más amable asoma en este rincón, que es desde tiempo inmemorial un refugio para hippies y bohemios. Y también para los amantes del buceo, puesto que entre sus 38.000 hectáreas protegidas cuenta con una franja catalogada como reserva marina, cuyos fondos están entre los más deslumbrantes del país.

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Formados por extensas praderas de posidonia oceánica, se trata de auténticos bosques sumergidos en los que vive una gran variedad de fauna. Recorrerlos, bien con botella de oxígeno, bien con gafas y tubo, es una de las actividades estrellas del lugar, junto a otros deportes náuticos como el piragüismo o la vela. 

Cabalgar las olas

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La primavera es una época perfecta para explorar el parque desde el mar, siguiendo el curso de su costa dentada y bajo un sol que no falta a su cita ni un solo día. El Cabo de Gata es un paraíso para la navegación porque sólo en barco es posible descubrir rincones que son inaccesibles a pie.

Y aunque para ello hay que tener en cuenta si sopla el levante o el poniente, hay que sopesar los enfados de la mar, nada puede haber más emocionante que tripular una embarcación que cabalga sobre las olas con las velas desplegadas al viento. 

El sur de España cuenta con numerosas playas donde bañarse a cuerpo descubierto, pero sin duda el color grisáceo de la arena del Barronal hace de ella una de las más particulares. Eso sí, tendrás que acceder a ella andando, aunque te aseguramos que la caminata merece la pena. | jlazouphoto / ISTOCK

Travesías hay muchas, pero una es la más agradecida: la que desde Carboneras da paso a uno de los enclaves más bellos del litoral español. En ella no sólo irrumpe la rectilínea Cala de los Muertos, flanqueada de rocas multiformes y bañada por unas aguas turquesas, sino también la Isla de San Andrés (declarada Monumento Natural) y el famoso Faro de Mesa Roldán (el más alto de la Península Ibérica), junto a calas enmarcadas por dunas fósiles y palmeras con un encanto irresistible: la del Plomo, la de San Pedro o el Playazo de Rodalquilar, con la Torre de Los Alumbres y la Batería de San Ramón.

Pueblos deliciosos

El Playazo deRodalquilaren el Parque Natural de Cabo de Gata - Nijar, en Almería. | ISTOCK

En tierra, los atractivos pasan por enclaves que son auténticas postales al natural. Como el Mirador de la Amatista, que ofrece unas vistas sublimes a los acantilados, al Pico de los Frailes (el más alto del parque) y a la maravillosa fusión del cielo con el mar. O el Valle de Rodalquilar, que es el mismo corazón del Cabo de Gata, un antiguo cráter con pequeñas elevaciones en todos los flancos salvo en uno de sus extremos que se abre al mar por la playa de El Playazo. 

Playa de San José en el Cabo de Gata, Almería. | ISTOCK

Pero también están los pueblos blancos de arquitectura típica, perfectamente adaptados al entorno. Además de (el más grande y mejor equipado), nadie debería perderse Rodalquilar, rodeado de colinas en un oasis de árboles, Agua Amarga, con sus calles inmaculadas y sus restaurantes chic, y Las Negras, con un ambiente más hippy de tabernas que miran al mar.

Hoteles con encanto

Barceló Cabo de Gata

Los precios más bajos conforman otra de las ventajas de visitar este lugar en primavera. Hay que apurar los días previos a la temporada alta, cuando el coste de casi todo se dispara. Y hay que aprovechar para descubrir las múltiples posibilidades del parque que ofrece en materia de alojamiento.

Desde refugios con encanto como El Jardín de los Sueños, un cortijo centenario emplazado entre el desierto y el mar; hasta hoteles de lujosas instalaciones como el Barceló Cabo de Gata, con jardines y piscinas a pie de playa, ideal para una estancia en familia. 

El Jardín de los sueños

Todo ello y la gran riqueza culinaria, en un año en el que Almería es la Capital Gastronómica Española, convierten a este destino en una joya ante la que han sucumbido todas las artes. Especialmente la del cine, atraído por la luminosidad del su cielo y sus decorados naturales.

Sabido es por todos que producciones universalmente famosas se han desarrollado en estos paisajes. Desde Indiana Jones y la última cruzada hasta westerns como El bueno, el feo y el malo o Por un puñado de dólares, pasando por algunos episodios de la serie Curro Jiménez.