Asómate a Berat, la ciudad albanesa de las mil ventanas

El acicate perfecto para descubrir la desconocida Albania

José Miguel Barrantes Martín
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Albania es una de las grandes desconocidas europeas. Un pequeño país a caballo entre los mares Adriático y Jónico, junto al sur de Italia y haciendo frontera con Grecia, que se encuentra situado en el corazón del sur del continente y que, sin embargo, ha sido relegado a un segundo plano a pesar de sus múltiples atractivos.

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Más allá de toda la Riviera albanesa, hacia el interior encontramos verdaderas maravillas como la ciudad de Berat, considerada la más antigua de Albania. Una población con más de dos milenios de antigüedad y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, cuya herencia multiétnica y multicultural nos ha legado una fisionomía muy llamativa que le ha valido el sobrenombre de «la ciudad de las mil ventanas».

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A los pies de un castillo

La Berat histórica se asoma en las faldas de una elevación coronada por un vetusto castillo que ha presidido este escenario desde tiempos inmemoriales. Capital del condado y bajo la influencia del valle de Topallti y la presencia del río Osum, no cabe ninguna duda al admirarla de que se trata de una ciudad especial. No obstante, el largo paso de los siglos ha dejado su impronta en este lugar desde finales del siglo VI a.C., con el aliciente de constituir uno de los enclaves europeos donde mejor y durante más tiempo se han aunado y convivido las distintas religiones y etnias, dando como resultado un rico patrimonio donde la mezcolanza de estilos es la tónica dominante.

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Un mestizaje que podría generalizarse al conjunto de Albania - una de sus señas de identidad -, por lo que no es de extrañar que este punto se haya convertido en uno de los referentes turísticos del país y en la excusa perfecta para incitarnos a seguir descubriendo los secretos del territorio albanés.

Declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008, Berat sorprende al visitante por su fisionomía. Al contemplar los barrios históricos llama la atención el ejército de ventanas que inundan las fachadas frente a nuestra vista todo a lo largo de la ladera. Una herencia con una gran influencia otomana – ocupada durante cinco siglos, hasta la independencia de Albania en 1912 -.

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«La ciudad de las mil ventanas», como se comenzó a llamar durante la etapa comunista, vivió sus momentos más gloriosos precisamente durante estos siglos, al constituir un punto de vital importancia en las comunicaciones con Constantinopla, por lo que no es de extrañar que la cara más reconocible del paisaje urbano de Berat sean las casas de tonos blancos con formas geométricas y simetrías donde las múltiples ventanas toman todo el protagonismo.

Encima de ellas, en lo alto del monte Tomorr, la ciudadela forma un conjunto espectacular y uno de los tres barrios históricos que constituyen el casco viejo de Berat. Un punto elevado que ha constituido desde el origen de la población un lugar estratégico defensivo, tal y como se presentaba ya hace más de dos milenios con el poblado-fortaleza del pueblo balcánico de los Ilirios.

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El barrio de Kajala cuenta con un recinto amurallado en el que se llegaron a alojar hasta veinte iglesias y una mezquita, de las que hoy en día se conservan algunas tan emblemáticas como el templo ortodoxo de la Santísima Trinidad, así como otros templos bizantinos. El castillo, cuyos cimientos proceden de la época anterior a la ocupación romana, muestra sin embargo una imagen mucho más actual, con remodelaciones y estructuras que proceden mayoritariamente del siglo XIII.

Las vistas desde lo alto son impresionantes, así como la imagen nocturna iluminada de las casas blancas repletas de ventanas con la fortaleza sobre ellas en el promontorio rocoso.

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Mangalem y Gorica

La antigüedad y el enorme valor histórico de Berat hacen de ella una visita obligada en todo recorrido por Albania. La ciudad más antigua del país es una amalgama de estilos procedentes de su pasado ilirio, romano, bizantino, otomano… Las diferentes religiones que han influido en la fisionomía urbana de la población se traducen especialmente en la presencia de templos cristianos, bizantinos, bektashíes o islámicos, y no es raro encontrar una mezquita junto a una iglesia.

Paradójicamente, tras la Revolución Cultural de 1967, Albania se proclamó la primera nación atea del mundo, pero este hecho no ha influido ni un ápice en la conservación de sus monumentos religiosos. Tal es así que el país la nombró «ciudad museo», a mediados del siglo XX, gracias en gran parte a la presencia de todo este patrimonio.

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Además del barrio de Kajala, los otros dos representantes del pasado histórico de Berat son Mangalem y Gorica, donde las casas blancas y sus miles de ventanas se intercalan con los lugares de culto de diversas profesiones. Lo ideal es perderse por las calles de estos barrios y dejarse sorprender a cada paso, o descender desde Mangalem hacia la parte baja de la ciudad para llegar hasta la Catedral ortodoxa de San Demetrio y la plaza principal.

El populoso barrio de Mangalem, donde se encuentra el célebre Museo Etnográfico Nacional y un buen número de mezquitas – incluida la Mezquita del Rey, la más antigua de Berat -, contrasta con el coqueto barrio de Gorica, al otro lado del río atravesando el bello e icónico puente del mismo nombre, a pesar de que la fisionomía de las casas es semejante, ayudando a reforzar el sobrenombre de «la ciudad de las mil ventanas» de Berat.