¿Árboles que parecen bailar y caballos nadando en el océano? Así es la isla de Sumba

La desconocida y sugestiva "hermana mayor" de Bali que se abre al mundo

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Sholikhul Bakhmid / ISTOCK

Entre la isla de Java y Timor, en aguas del océano Índico, Sumba forma un territorio desconocido para el turismo que, sin embargo, ofrece un buen puñado de buenas razones para incluirlo en cualquier ruta por tierras indonesias.

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Más allá de Bali, el típico destino de la zona, la isla de Sumba representa las más puras esencias de las etnias malayas y melanesias, así como un sorprendente mundo natural donde podremos encontrar paisajes y vivir experiencias que escapan de lo corriente.

La rica cultura de esta porción de tierra del sudeste asiático

La religión ancestral de Malapu es el conjunto de creencias y tradiciones que impera en la isla de Sumba, aunque se entremezcla con el cristianismo (calvinistas y católicos), así como con el islam a través de un reducido número de practicantes musulmanes.

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Esta cultura ancestral basada en creencias animistas es el germen de algunos de los rituales más espectaculares de la isla de Sumba. Uno de los principales motivos por los que muchos extranjeros se acercan a ella. Los más llamativos son los relacionados con los actos funerarios, que se ven envueltos de un gran número de costumbres tras la muerte. Fruto de ello son los múltiples dólmenes y menhires que se pueden encontrar a lo largo y ancho de la isla, especialmente en la parte oeste, en torno a Waikabubak.

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Las vestimentas de los habitantes locales, con sus típicos ikat – paños ricamente tejidos formando diferentes patrones -, las mujeres tatuadas mascando nuez de areca, los omnipresentes machetes – un rasgo común a esta zona del índico, como bien se hizo visible a principios de siglo en la vecina Timor a causa de los conflictos armados -, o las características chozas de fibras vegetales con sus prominentes tejados alzándose hacia el cielo, son algunas de las peculiaridades con las que nos toparemos al recorrer la isla de Sumba.

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Mientras, ceremonias como el Pajura o Pasola no dejan a nadie indiferente. Eso sí, hay que estar dispuesto a contemplar escenas sangrientas en estos combates tradicionales entre jinetes armados con lanzas.

Un paraíso indómito en muchos aspectos

Al aterrizar cerca de la ciudad de Waingapu – la principal población de la isla – quizás no nos es posible imaginar los rincones inesperados de este territorio paradisíaco de Indonesia. Algo más de 11000 kilómetros cuadrados – una extensión bastante mayor que la de Bali -, que ofrece dos caras yuxtapuestas pero complementarias. Este y oeste de la isla guardan auténticos tesoros naturales que eclipsan en muchas ocasiones los ancestrales y llamativos rituales de Sumba.

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Uno de los más insólitos de entre todos estos tesoros se encuentra no demasiado lejos al este de Waingapu. Se trata de los manglares de Walakiri, donde hallamos una de las estampas más icónicas de la isla y, al mismo tiempo, más sorprendente. Aquí, los árboles adquieren extrañas formas sobre el suelo acuoso, que al juntarse unos con otros crean siluetas bellísimas que se asemejan a dos bailarines en plena danza. Una estampa que pareciera una coreografía natural, en la que los árboles bailando son los absolutos protagonistas sobre el escenario del manglar.

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En dirección opuesta, hacia el oeste, se ubican los mejores poblados tradicionales de Sumba. Los Kampungs, como se conocen en la lengua local, son la base desde los que explorar todo un territorio rural y natural en el que el relieve accidentado se ve salpicado aquí y allá por pequeñas lagunas, piscinas naturales, cascadas, senderos, formaciones geológicas y, sobre todo, solitarias playas. Es aquí donde quedan algunos de los pocos lugares de esta zona del océano Índico en los que aún es posible caminar en solitario por arenas de playas paradisíacas.

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Al sur de la isla encontramos las que seguramente sean las más espectaculares playas de Sumba. Típicas estampas de idílica apariencia en las que no nos toparemos con multitudes. Precisamente es en las playas donde se localiza la otra gran atracción del territorio: los caballos salvajes galopando y tomando baños en las aguas saladas. Quizás por ello una de las actividades más demandadas en la isla sea la de los paseos ecuestres por la selva tropical, que se combinan con el buceo o el surf en las partes mejor preparadas para el turismo, allí donde se localizan los resorts.