Altea, descubriendo la cúpula del Mediterráneo

Todo lo que no puedes perderte en uno de los pueblos con más encanto de la Comunidad Valenciana.

Macarena Escrivá
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Foto: LUNAMARINA / ISTOCK

Blasco Ibañez, Alberti o los pintores Benjamín Palencia y Rafael Ruiz Belardi, fueron solo algunos de los que se sintieron atraídos por una población concreta del litoral valenciano. Allí, entre calles empedradas de casitas blancas, buganvillas y cúpulas de un color azul mediterráneo, encontraron la inspiración, hecho que la consagró como capital cultural y artística de la Costa Blanca. Hablamos de Altea, uno de los pueblos más bonitos de la comarca alicantina de la Marina Baja.

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La llaman 'la cúpula del Mediterráneo' y es que este pueblo situado en lo alto de una colina frente al mar y al abrigo de montañas, es uno de los más impresionantes miradores de la costa alicantina. Muchos afirman que su nombre proviene del griego, de la palabra 'Althaia', que traducida, significa 'yo curo'. Y es que puede tener ese efecto en los que la visitan. En ella se han encontrado vestigios íberos y romanos y tras pertenecer a la Taifa de Dénia en época musulmana, en 1244 Jaime I conquistó este bastión de la costa y le otorgó el nombre con el que hoy todos la conocen.

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El encanto de su centro histórico

Sus calles atesoran siglos de historia y sin duda, posee uno de los cascos históricos más especiales del Mediterráneo. Ante los ojos del visitante, se despliegan un entramado de calles empedradas y casas de fachadas blancas, sutilmente adornadas con palmeras, flores y buganvillas. En lo que antiguamente fuera el castillo de Altea, hoy se alza imponente la iglesia de la Virgen del Consuelo, centro neurálgico del pueblo, con dos cúpulas azules de cerámica vidriada -una técnica muy empleada en la Comunidad Valenciana-, visibles desde toda la población.

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Perderse y encontrarse en sus calles, es una de las mejores opciones para recorrerla. Desde sus grandes balcones con vistas al mar, como el del Baluard de la Senyoria, hasta la vida en el casco antiguo, que recupera uno de sus grandes reclamos, la Mostra d'Artesania, icono desde 1983, que reúne en la plaza de la Iglesia una muestra de artesanos que trabajan con materiales de primera calidad y diseños exclusivos, desde julio hasta septiembre.

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Aquel pasado artístico y una luz y belleza sin igual, que atrajeron a grandes figuras de las artes, sigue vivo hoy en día con espacios como la fundación del dibujante Eberhard Schlotter, con una importante muestra de su colección o en muchos de los locales del centro histórico, que han heredado ese pasión por la cultura y hoy son ateliers de artistas, galerías de arte y tiendas de pequeños artesanos.

Altea cultural y lúdica para este verano

La puedes descubrir a tu aire, pero para este verano, desde Visit Altea han planteado varias rutas que te permitirán descubrirla desde diferentes perspectivas. Desde la Ruta 4 Miradors, con un recorrido por sus calles emblemáticas hasta llegar a los cuatro miradores emblemáticos del casco antiguo, hasta la Ruta Orígens, recorriendo el barrio marinero hasta la Iglesia de San Francisco, descubriendo todos los rincones ocultos del barrio de Bellaguarda y la Plaza de la Alfafería.

JOSE COELLO - Turismo de Altea

También podrás descubrir la antigua ruta que recorrían los marineros que llegaban hasta la costa de Altea, para subir el pescado que más tarde venderían en la Plaza del Portal Viejo o apuntarte a una ruta en una noche de luna llena.

JOSE COELLO - Turismo Altea

Con la vuelta poco a poco a la ansiada normalidad, Altea retoma el pulso turístico y vuelve a planificar una agenda de eventos más que apetecibles para los meses de julio y agosto. Regresan sus tradicionales Balconades, una exposición al aire libre en la que de los balcones del casco histórico cuelga lienzos creados por artistas consolidades o amateurs.

Playa de la Roda, Altea | D.R.

También vuelve la cultura segura con eventos como Alteatre, una muestra nacional de teatro amateur o el ciclo de Música a Boqueta Nit con la visita de artistas como el cuarteto de Antonio Serrano, Feliu Ventura o Peter Lala, además de la visita de la soprano Ainhoa Arteta al Palau Altea el 12 de agosto, entre otros.

Altea también es gastronomía

La gastronomía alteana está a la altura del lugar tan cautivador donde se desarrolla. Los amantes de la buena mesa tienen una cita en espacios como el hotel-restaurante San Miguel, donde probar la paella d'aladroc (boquerón), muy famosa en este pueblo o en Terramaris, donde el chef Jordi Bernat trabaja con producto de proximidad y las lonjas cercanas, para poner en la mesa lo mejor de la cocina de la comarca.

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También en el casco histórico se encuentran espacios como Oustau, que en las noches estivales funciona como una coqueta terraza repleta de vegetación, con cocina francesa e internacional. ¿Su singularidad? Que sus platos se nombran en honor a estrellas de Hollywood o grandes películas. Desde una ensalada Sofia Loren a un solomillo Scorsese con salsa de gorgonzola, mascarpone y un toque de Martini o unos filetes de dorada Tarantino, con salsa de txangurro desmenuzado.

Frente a la playa de Altea, se encuentra un paraíso para carnívoros, Ca Joan. Joan Abril se ha posicionado como uno de los maestros de las carnes maduradas de vaca y de buey, con una complejidad y sabor difíciles de igualar. Para comer en plena playa de L'Olla y con la brisa del mar como compañera de mesa, la mejor opción es uno de sus chiringuitos míticos, El Cranc, donde disfrutar de una tradicional ensalada alteana de tomate rosa de Altea, cebolleta, encurtidos y anchoas o el arroz El Cranc que elaboran con atún fresco, sepia y alcachofas.