Abu Dabi después de la lluvia

Álvaro Leiva

Sol, salitre, algún pez plateado, raramente una perla..., ése era el horizonte de la isla Abu Dabi hace medio siglo. La tierra firme se podía ganar a nado y en poco tiempo aparecía el Rub Al Khali, el "Cuarto Vacío" de Arabia, un nombre justo para el mayor desierto continuo de dunas del mundo. Pero a esa nada le vino a ver el petróleo, la lámpara de Aladino del Golfo Pérsico, y los Ferrari y otros coches de lujo empezaron a surgir como si fuesen setas después de la lluvia.