5 secretos por los que perderse en el formidable interior gallego

En Galicia siempre hay jornadas de sol, algo más frescas, pero perfectas para descubrir las (casi) desconocidas provincias del interior. Entre salir a por setas, perderse por sus bosques, saborear los últimos coletazos del magosto, y saborear los caldos de la reciente vendimia, Galicia, es pura magia. Y es que, la sorpresa está en el interior.

Irene González
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El otoño es tiempo de celebración en el interior de Galicia. Es el momento de disfrutar de la excelente cosecha de la vendimia, y de los últimos coletazos del magosto, la gran fiesta de las brasas y las castañas asadas. Recorremos el interior gallego entre sus extensos bosques, zonas vitivinícolas, parajes ocultos, y la sensacional gastronomía, de Orense y Lugo.

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En esta sagrada tierra adentro de uva, en las bodegas de interior de algunas de las 5 Denominaciones de Origen que posee Galicia, a cada cual más espectacular. Sensacionales caldos con D.O de Rías Baixas, O Ribeiro, Ribeira Sacra, D.O Valdeorras y, quizá la menos conocida, D.O Monterrei. Grandes vinos representados por denominaciones con reputación mundial, y reconocidos con numerosos premios, que embriagan el paladar. 

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Las joyas de Orense y sus alrededores sorprenden por sus exclusivos baños termales a orillas del Miño, sus tapas, su catedral, sus calles recoletas, su laberinto de piedras e historia, sus mercados, sus plazas, y sus Burgas. Ourense es la ciudad del agua, donde ocho puentes cruzan el río Miño, que en tiempos de los romanos era una mina de oro. Ahora ya no hay oro, pero sí unas aguas muy valiosas, las termales.

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En O Ribeiro se guarda una gran riqueza monumental en forma de poblaciones medievales, monasterios, iglesias, conventos y puentes. Y los numerosos restos arqueológicos, como túmulos, dólmenes y castros, nos indican la presencia del ser humano desde tiempos remotos. Si hay algo que caracteriza la Comarca de Verín, además de sus vinos, son sus manantiales de aguas minerales y balnearios, donde el manantial de Cabreiroá es imprescindible, así como la Fortaleza de Monterrei y su triple muralla. 

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A Terra Chá, una inmensa llanura en plena Galicia, es una atractiva propuesta, donde disfrutar de las muralla romana de Lugo, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y considerada la mejor conservada del mundo. Esta Tierra Llana, merece una visita con mucha calma por su riqueza natural, y por sus sensacionales construcciones.

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La última propuesta lleva hasta la Ribeira Sacra, suspendida en el tiempo, y con parajes imposibles de imaginar. Posee monasterios surgidos de las entrañas del cristianismo en una tierra legendaria, y que invitan a la unión con la naturaleza.

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Entre los castaños que trajeron los romanos, balnearios, infinitos viñedos, secretos monasterios, rudas fortalezas, y sensacionales miradores, transitamos por el interior de Galicia, en 5 propuestas llenas de secretos y de joyas arquitectónicas. Un coctel de gran belleza, perfecto para una escapada magistral.

1 Ourense, y sus joyas

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Antes de llegar a Orense hay que detenerse en Allariz, uno de los pueblos más bonitos de Galicia. Es una villa de cuento donde, dicen, que Arzak compra fina carne de buey, donde se educó Alfonso X El Sabio, y donde se alza el puente de Vilanova, defendido por los caballeros de San Juan de Jerusalén. Interesante el Convento de las Clarisas con su Virgen Abridera, llamativa La Panera, la Iglesia de Santiago, y las curtidurías.

 En la capital de la provincia es obligatorio salir de tapas, ya sea por locales clásicos alrededor de la catedral, o las innovadoras propuestas gallegas.

2 O Ribeiro y sus valles

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En O Ribeiro, el Miño, el Avia y el Arnoia han dibujado tres esplendidos valles. Este entorno natural formado por laderas, remansos, gargantas, bancales y terrazas, resulta excelente para la producción de vinos de calidad. Posee un peculiar microclima, ventilado y con buena exposición, ideal para la maduración de las variedades autóctonas del Ribeiro.

Estos valles están cuajados de bodegas, de casonas y monasterios. El Leiro es imprescindible recorrer el monasterio de San Clodio donde los monjes comenzaron a cosechar los primeros vinos. Y en Ribadavia, hay que perderse en las calles de la antigua judería, y probar los dulces sefardíes.

3 La gran desconocida comarca de Verín

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Esta zona montañosa de Verín es agreste, poco poblada, y está llena de sorpresas. Desde las bodegas de la pequeña D.O Monterrei, hasta a su fortaleza hoy Parador, esta zona transporta el medievo. Subiendo entre callejuelas se llega al Castillo con una gran Torre del Homenaje, y una singular Torre de las Damas. Fue refugio de Pedro I El Cruel, y punto de encuentro del Cardenal Cisneros y Felipe El Hermoso.

Destaca el hospital de Peregrinos que atendía a todos los que llegaban de la meseta. Vale la pena adentrarse hasta Vilardevós, para conocer sus dólmenes, y callejear por Xinzo de Limia, donde visitar su Museo do Entroido

4 A Terra Chá sortilegio en las llanuras

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En la provincia de Lugo, A Terra Chá, con sus prados siempre verdes, sus ríos y lagunas, está cargada de historia y arte. Aquí es imprescindible recorrer el Castro de Villalonga, bajar hasta la Necrópolis de Santa Mariña, y la fortaleza medieval de Amarante del XIII. Y por supuesto Santalla de Bóveda una de las construcciones más singulares de toda la arquitectura alto medieval española.

Está muy cerca de Lugo, y ha sido declarada Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural. Lugo tiene un sabor especial que invita a callejear, y a disfrutar de sus terrazas. Las termas romanas de Lugo, y la Catedral de Santa María, son dos increíbles tesoros.

5 La sagrada Ribeira Sacra

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Entre robles y castaños centenarios, se esconde el monasterio de Santa Cristina, que posee un halo misterioso. Fantásticos su rosetón, su puerta del claustro, su torre campanario, sus escudos de Calatrava, y sus laudas. Cerca se alza el Mirador de Cabezoás, desde donde se pueden sentir las mejores vistas.

Y próximo, el de Santo Estevo de Rivas, que gracias a sus Obispos y sus nueve anillos, se convirtió en un lugar de peregrinaje en busca de milagros. Hoy es un Parador donde el tiempo se ha detenido entre claustros y bosques. Como por arte de magia, la poco transitada Belesar, rodeada de viñedos y cerezos al lado de una calzada romana, se refleja en las aguas del Miño.