Los 4 campos de girasoles (seguramente) más bellos del mundo

Los girasoles son una de las flores más fascinantes de los campos españoles. Sus amarillos y dorados, que lucen espectaculares en agosto, componen paisaje que hechizó a Van Gogh. Estas plantas, que visten las campiñas con sus pétalos rubios, miran desafiantes al astro rey.

Irene González
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El girasol es nativo del continente americano y su cultivo se remonta al año 1000 a. C. En muchas culturas amerindias fue utilizado como un símbolo que representaba a la deidad del sol. Francisco Pizarro los encontró en Perú, donde al parecer los nativos los veneraban, y trajo sus semillas a Europa desde donde se extendieron prácticamente por todo el mundo. En primavera no levantan más de unos centímetros del suelo, y en verano crecen esplendidos hasta alcanzar casi los tres metros de altura en espera de su cosecha otoñal. Contemplar enormes campos dorados es todo un espectáculo, sobre todo cuando la flor gira buscando el sol. Al girasol le gusta vivir en enormes llanuras y colinas, rodeado de campos de trigo o árboles de secano. Algunos afirman que contemplar un campo de girasoles genera buen humor, estimula la creatividad, relaja y tonifica los músculos.

En busca de estas extensiones de amarillo y oro, recorremos los campos más bellos de nuestra geografía. Uno de los más impresionantes es la tierra de burgalesa de La Bureba. Esta llanura, encerrada por montañas, está inundada de verdes y amarillos, recorrida por arroyos que la oxigenan y colmada de campos de cereales. Repartidos en armonía y desorden, sus pueblos, integrados en el paisaje, son el fruto del trabajo de sus gentes, los castellanos más puros. Briviesca, su capital, posee una deliciosa Plaza Mayor donde se alza un precioso templete. Muy cerca y también rodeada de girasoles, está Salinillas de Bureba con su santuario de Santa Casilda, que parece que surge de la misma roca. Imprescindible Poza de la Sal, una villa medieval de cuento. Su inexpugnable castillo de los Rojas ofrece una de las panorámicas más bellas de la península. Poza de la Sal traslada al Medievo y la naturaleza, ya que es la cuna del mayor naturalista del mundo: Félix Rodríguez de la Fuente.

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Después se alza Oña, con su genuina judería del Medievo, sus casas blasonadas y su impresionante monasterio de San Salvador. Después llegan Frías y Tobera, que rodeadas de campos de mirasoles, parecen sacados de una leyenda. Otro de los campos de girasoles más espectaculares del mundo se encuentra en Cardejón, en la comarca de Campo de Gómara. En estas desconocidas plantaciones sorianas, los girasoles bailan al ritmo del sol en agosto.

La campiña de Carmona es otro punto de partida para saborear extensas plantaciones de girasoles, es el lugar donde sentir el gusto de perderse entre sus flores amarillas. No demasiado lejos, en Antequera, sus girasoles embelesan, al igual que sus dólmenes de la Era del Bronce, y su pareja natural de El Torcal. Especialmente hermosos en el amanecer, o a la hora del ocaso, cuando los colores se vuelven más intensos, los campos de girasoles, siempre cautivan.

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La Bureba, Burgos

Su capital, Briviesca, es una delicia arquitectónica y paisajística, donde el Monte de los Pinos, ofrece una vista única. Poza de la Sal es señera, un escenario de cuento por su castillo de los Rojas, sus murallas, su Ayuntamiento, la Casa de la Administración de las Salinas y las Plaza Vieja y Nueva. Oña, que nació como fortificación estratégica, posee un patrimonio que hechiza. En Frías imponen sus casas colgadas, su puente medieval, su casco viejo y su castillo. Y cerca, Tobera, con unas cascadas inimaginables.

Cardejón, Soria

Cardejón pertenece al municipio de Almenar de Soria y para disfrutar de la floración de sus girasoles hay que llegar hasta la comarca de Campo de Gómara. En ella, con casi 1.000 hectáreas de girasoles, hay infinidad de caminos, rutas y senderos totalmente rurales en los que perderse. En la desconocida Soria se descubren los campos de girasoles más bellos del planeta.

Carmona, Sevilla

La sevillana Carmona posee más de 30.000 hectáreas de plantación de girasoles, un auténtico vergel para los amantes de los colores de la naturaleza. Aquí es una delicia recorrer su espectacular alfombra amarilla. Pero además, de una majestuosa campiña, Carmona posee más de 2.000 años de historia por la que ha pasado fenicios, musulmanes y la romanos. Indispensable el Alcázar de la Puerta de Sevilla, sus casas palacio y su yacimiento arqueológico.

Antequera, Málaga

Alrededor de la provincia de Málaga se extienden espectaculares campos de girasoles, donde quizá los más interesantes sean los de Antequera. Disfrutar de sus campos amarillos es un lujo, al igual que entre sus dólmenes de la Edad del Bronce. En Antequera hay que recorrer el paraje natural de El Torcal desde donde se divisa el amarilleo de estas tierras. Su castillo, la basílica de Santa María y su casco antiguo enamoran al igual que sus mirasoles.