24 horas en Tallin

Nos escapamos a pasar un día en la capital de Estonia. ¿Te vienes?

Macarena Escrivá
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Foto: scanrail / ISTOCK

Ahora que el Mar Báltico se ha descongelado y que las temperaturas en el norte de Europa son más amables, ¿por qué no escaparnos a una de las ciudades con el casco histórico mejor conservado del continente? Hablamos de Tallin, la capital de Estonia. 

Redacción Viajar

Su historia política ha sido de lo más convulsa. La ciudad fue fundada en el siglo X, como un asentamiento de comerciantes y se la llamó Lindanise. Más tarde, en el siglo XIII, fue conquistada por los daneses y adoptar el nombre de Reval, que mantuvo hasta 1918. Tras el colapso de la Ordena Teutónica, Reval por aquel entonces, cayó bajo dominio sueco en 1561. Los años pasaron y en 1710, el zar Pedro y sus tropas rusas invadieron la ciudad, que permanecería bajo órdenes soviéticas hasta 1918, año de inflexión en le que la ciudad ganó su primera independencia y pasó a ser Tallin. Tan solo un día después de declararla, fueron invadidos por tropas alemanas, que dejaron la ciudad al finalizar la Primera Guerra Mundial. 

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¿Qué pasó entonces con Tallin? Durante las más de cinco décadas posteriores, Estonia fue gobernada política y económicamente por el Kremlin, convirtiéndose en una de las repúblicas soviéticas. El 20 de agosto de 1991, Estonia finalmente recuperó su independencia. 

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Años convulsos, siglos bajo el dominio de grandes poderes de Europa, han hecho que hoy Tallin sea una ciudad ecléctica, en la que se entremezclan diferentes estilos arquitectónicos, que la convierten en un perfecto ejemplo de todo lo que ha vivido esta pequeña ciudad de apenas 450.000 habitantes. 

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No obstante, Tallin brilla de nuevo, como uno de las ciudades y cascos históricos mejor preservados de Europa, con iglesias antiguas, casa de mercaderes, calles adoquinadas de lo más pintoresco e hitos de su historia. Y por ello, vamos a dedicarle un día entero a explorar esta ciudad.

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Lo primero y más importante, ¿cómo llegar hasta Tallin? Desde España todavía no tenemos vuelos directos, así que la mejor opción será volar a Helsinki y desde allí tomar uno de los ferrys que salen a diario hacia la capital de Estonia. La compañía Tallink Silja Line, propone viajes por todo el Mar Báltico acercándonos a las capitales del norte de Europa.

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Por su parte, une Helsinki y Tallin en tan solo dos horas, con una frecuencia de hasta seis salidas diarias entre las capitales. Esta ruta la cubren dos barcos, el Shuttle Star o el Megastar. No te imagines el típico ferry que solo cuenta con una cafetería y con poco que hacer, sino más bien barcos dotados de todas las comodidades posibles, con zonas de asientos, restaurantes, tiendas... Otra de las opciones es tomar su mini crucero de 22 horas a bordo del buque Europa. Partiendo de Helsinki a las 18:30 y desembarcando en Tallin a partir de las 8 de la mañana del día siguiente, es la mejor opción para aquellos que añoren pasar una noche en el mar con todo lo que eso conlleva: entretenimiento, camarotes de lujo, música en vivo, buena gastronomía local, etc.

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Una vez en Tallin, ¿cómo exprimir a tope el día que tenemos para conocerla? Lo primero que haremos será trasladarnos a su centro histórico rodeado de murallas, epicentro de todo lo que hay que ver en la ciudad y testigo de las diferentes fuerzas políticas que la han dominado desde su historia. 

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Empezaremos nuestro paseo en Toompea, en lo alto de la ciudad. Este punto ha sido durante su historia, el elegido por la aristocracia y el clero como refugio, no solo por su majestuosidad, sino también por estar alejado del ruidoso centro. Allí puedes visitar la torre de artillería Kiek in de Kök y la impresionante Catedral de Alexander Nevski, un templo ortodoxo de la época del Imperio Ruso con cinco cúpulas que te recordarán a las construcciones de San Petersburgo o Moscú y el Parlamento de Estonia. En la parte alta del casco histórico, también se encuentra la Catedral de Santa María, del siglo XIII, época del domino danés. Y por supuesto, tienes que acercarte a los miradores de Toompea, como el de Kohtuotsa, desde allí se ve toda la ciudad baja y disfrutarás de unas vistas sobrecogedoras. 

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De vuelta a la zona baja de Tallin, nos dirigiremos a la Plaza del Ayuntamiento (Raekoja Plats), uno de los puntos neurálgicos de la ciudad. Antiguamente era zona de mercado, pero hoy acoge eventos como conciertos al aire libre o el tradicional mercadillo de Navidad. Aquí no debes perderte la visita a Ratsapotheke, la farmacia más antigua de Europa que data de 1422. 

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Ha llegado el momento de hacer un alto en el camino y lo haremos en Maikrahv, un restaurante de ambiente medieval donde sirven cocina local como las salchichas estonias con puré de patata y mermelada de cebolla. Si te gusta sentir que estás en otra época de la historia, acércate a Olde Hansa, inspirada en los mercantes que fundaron Tallin, donde poder probar cocina de inspiración medieval y cervezas que hacen ellos mismos. 

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Seguiremos visitando el centro histórico de Tallin y terminaremos en la Freedom Square, punto de encuentro y una plaza que rememora aquella primera independencia con un gran monolito con la cruz de la Independencia.

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Vale la pena, además, desplazarse del caso antiguo para visitar el Palacio Kadriorg, una joya de la arquitectura barroca, levantada en la era del zar Pedro el Grande, donde hoy están museos como el de Arte Kumu. 

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