Curiosidades de São Paulo, la jungla urbana

La mayor metrópoli de Sudamérica es mucho más que un monstruo de hormigón en un país de playas tropicales.

Noelia Ferreiro
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Frenética, caótica, irresistiblemente contradictoria, la cuidad que es el motor económico de Brasil vive a golpe de ritmo acelerado y derroche de energía. Pero hay algo en esta verticalidad intrincada, en esta jungla de hormigón, acero y cristal, que invita a cogerle el gusto como a un monstruo entrañable. São Paulo es una megalópolis irresistible y repleta de curiosidades como éstas:

La suite más grande de Latinoamérica
Sí, está en esta ciudad brasileña, a un paso de la Avenida Paulista, que es su arteria principal. La suite más grande de América Latina se encuentra en el hotel Tivoli Mofarrej y consta nada menos que de 750 m² y de una panorámica espectacular sobre los rascacielos. Para ello ocupa toda la planta 22, con una entrada monumental, como si se tratara de un palacio. Dentro, tres habitaciones, un salón inmenso, cocina equipada, cuarto de apoyo y tres baños de mármol, en uno de los cuales el sol, al caer, proyecta toda su luz sobre la sauna y el jacuzzi con vistas. Pero son los detalles los que marcan la diferencia: el servicio de mayordomo 24 horas, el exclusivo espacio Don Perignon complementario al mini-bar de bebidas Premium, una sala creada para degustaciones especiales, la decoración en tonos cálidos y con amplios ventanales, los amenities de Bulgari… Nada extraña que sea la suite elegida por la comitivas gubernamentales que a menudo visitan Sao Paulo ni que entre sus huéspedes desfilen personajes de la talla de Lady Gaga, Mick Jagger, Catherine Deneuve o la tristemente desaparecida Amy Winehouse. Porque, eso sí, el precio, solo por una noche, ronda los 10.700 euros.

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El callejón del grafiti
Una auténtica explosión de arte callejero es este rincón de Vila Madalena, el barrio de la efervescencia bohemia. Aquí, en la rua Gonçalo Alfonso, comúnmente conocida como Beco do Batman, los muros son auténticos lienzos donde artistas de esta colorida disciplina (entre ellos el reputado Kobra) estampan grafitis que tendrán una vida efímera y que se irán reemplazando periódicamente por nuevas obras de arte. Un museo a cielo abierto que se ha convertido en todo un objeto de deseo para los instagrammers. Incluso hay quien lo ha catalogado como una de las calles más pintorescas del mundo.

La galería del rock
Todo lo inimaginable relacionado con este universo se encuentra en este mastodóntico centro comercial abierto en 1963 en pleno corazón de la ciudad. Un edificio de siete pisos y más de 450 tiendas divididas en tres conceptos (Arte, Música y Actitud), donde adquirir desde discos, claro (ojo a la colección de vinilos) hasta merchandising rockero en todas sus formas posibles: ropa, joyería posters, decoración, piercings, tatuajes…. La galería del rock es un punto de encuentro fundamental para esta parte de la escena underground de Sao Paulo que abarca desde el punk al metal. Si hay suerte, podrás dar con alguna banda local improvisando un concierto o simplemente firmando autógrafos.

La arquitectura única
Desde construcciones coloniales (pocas, la verdad) hasta bellas muestras de art nouveau y obras maestras postbrutalistas. Así es la riqueza arquitectónica de esta ciudad sin horizonte que ha sido cincelada a golpe de talento en un auténtico desafío al vértigo. Un perfil que a muchos recuerda al neoyorkino si no fuera porque es aún más salvaje y desaforado. No hay que perderse los dos iconos de la Avenida Ipiranga: el sinuoso Copán, del afamado Óscar Niemeyer; y el Edificio Italia, declarado Patrimonio Histórico por tratarse de uno de los mejores ejemplos de la arquitectura vertical brasileña. Tampoco la obra de Lina Bo Bardi, artífice del Museo de Arte de Sao Paulo y del SESC Pompéia, una vieja fábrica transformada en centro para la cultura, el ocio y el deporte. Esto, sólo por poner unos cuantos ejemplos.

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El Barrio Japonés
Muchos no saben que Sao Paulo cuenta con la comunidad más grande de japoneses fuera de su país. Por eso, pasear por el barrio de Liberdade, donde se concentran en su mayor parte, es como transportarse a una calle de Tokio. En esta suerte de Japantown, las tiendas, los elementos urbanos (bancos rojos, farolillos, bonsais…) tienen una innegable influencia nipona que alcanza su máxima expresión los fines de semana con un mercadillo en plena calle donde encontrar artículos del país asiático. Pero lo más reconfortante son las múltiples izakayas que salpican el distrito y que permiten degustar las delicias típicas de la forma más genuina: Kintaro e Issa son dos buenos ejemplos para comer (y sentirse) como un japonés.