9 pueblos gallegos bonitos hasta decir basta

Galicia ha sido deseada por los celtas, los vikingos, los romanos, los musulmanes, y los aventureros que perseguían lo desconocido.

Irene González
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Foto: Irene González

De punta a cabo, esta tierra de mariscadoras, de navegantes, peregrinos, bateas, playas, puertos, islas, bosques, acantilados, catedrales, hórreos, cruceiros y tierra fértil, esconde villas de belleza increíble. Recorremos 9 pueblos gallegos bonitos hasta decir basta, ¿te los vas a perder?

Combarro

Combarro es simbiosis entre mar y tierra, es esencia de arquitectura popular, una mezcla entre carros de bueyes y barcas. Esta combinación de cruceiros, hórreos y casas marineras, la convierte sin duda en uno de los lugares más atractivos de las Rías Baixas. Su casco antiguo es medieval y es la única villa  en el mundo con cerca de sesenta hórreos de madera y de piedra. Es un pueblo marinero de visita imprescindible en la provincia de Pontevedra, catalogado desde 1972 como Conjunto Histórico y Pintoresco. Caminar por sus calles, pasear por su puerto o comer en alguno de los estupendos locales de restauración con vistas a la ría es un auténtico deleite.

Allariz

Con un casco antiguo declarado Conjunto Histórico Artístico, Allariz es un hermoso pueblo de Ourense que fue residencia de reyes en época medieval y está cuajado de edificios llenos de historia y de hermosas alamedas y paseos fluviales. Allariz es una villa de cuento de hadas, donde dicen que Arzak adquiere fina carne de buey, donde se educó Alfonso X El Sabio y donde se alza el puente de Vilanova, defendido por los caballeros de San Juan de Jerusalén. Interesantes son el Convento de las Clarisas, La Panera, que ya en el siglo XV concedía créditos agrícolas, la Iglesia de Santiago y las curtidurías y los molinos hidráulicos, que le dan un increíble sabor medieval.

Cambados

Cambados es marinera y de tierra fértil en la que se produce los mejores caldos Albariño. Muy interesante es la Plaza de Fefiñans y su señorial Pazo y, frente a él, la Iglesia de San Benito. Resulta obligada una ruta por sus bodegas, algunas en el centro histórico donde la nobleza gallega habitó las casonas señoriales de esta antigua parroquia marinera que es Conjunto Histórico-Monumental, salpicada de pazos, iglesias, torres y capillas. Mirando al océano está el marinero barrio de Santo Tomé donde, encajada sobre la roca, está la Torre defensiva de San Sadurniño en donde se encendían hogueras para alertar del ataque de vikingos. En la parte alta de Cambados se alzan las ruinas de Santa Mariña Dozo y su misterioso cementerio.

Muros | Irene González

Muros

Con rúas estrechas y sinuosas que confluyen en pequeñas plazas, cruceiros, fuentes, casas típicas con soportales y un activo puerto pesquero, Muros está abierta al mar, en el límite entre las Rías Baixas y Altas. Esta villa marinera señorial construida en piedra es la más típica imagen gallega y es Conjunto Histórico. Puede presumir  de ser uno de los pueblos mejor conservados con tales características de la provincia de A Coruña. Recorrer su paseo marítimo, disfrutar de los productos recién pescados, contemplar las casas típicas y tomarse algo en las terrazas de la plaza del Ayuntamiento o de los soportales de A Mariña, se convierte en una delicia.

Mondoñedo

Mondoñedo es historia y leyenda, es ciudad episcopal que en tiempos fue una de las siete capitales del Reino de Galicia. En su Plaza se alza la Catedral, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco que guarda los impresionantes murales que representan el Degollamiento de los Inocentes. Junto a ella, el Palacio Episcopal y enfrente sus bellos soportales. Imprescindible es el emblemático Seminario Santa Catalina con dos claustros, varias capillas y una biblioteca con incunables. En el puente romano Del Pasatiempo, antiguo acceso a Mondoñedo, entretuvieron a Isabel Pérez para que no presentara a tiempo el indulto que Isabel la Católica había concedido a su esposo, el mariscal Pardo de Cela. E Isabel no pudo evitar la decapitación de su marido. El puente está en el Barrio de los Molinos donde vivían los artesanos.

Viveiro | Irene González

Viveiro

La señorial Viveiro es una de las villas más importantes de la Mariña lucense. Posee una magnífica muralla que conserva tres de sus sensacionales puertas donde destaca la de Carlos V. Sus distinguidas casas, el Colegio de la Natividad fundado por María Sarmiento, el barrio judío, la casa de los Leones, la Plaza Mayor y encantadoras placitas merecen un recorrido tranquilo por la villa. Santa María del Campo es el templo más antiguo de Viveiro, ubicado en la magnífica plaza donde también está el Convento de Clausura de las Concepcionistas y la singular Gruta de Lourdes, una réplica de la auténtica cueva, siempre llena de velas y exvotos. Interesante es la Iglesia del Convento de San Francisco, que guarda los pasos de su Semana Santa declarada de Interés Turístico Internacional. Y más que recomendable es su mercado donde el bonito, el congrio, la merluza y el marisco son manjares de dioses.

Noia

A Noia, la Pequeña Compostela, sus tejados rojos, torres y plazas le aportan una intimidad dominada por edificios religiosos y portales con ricos blasones. Cuenta la leyenda que Noé llego a Noia tras el diluvio, escondió el arca y plantó las primeras vides del lugar. En el Medievo se levantó Santa María a Nova con sus laudas y leyendas templarias, y con su enigmático cementerio, al parecer construido con tierra de Palestina, con cerca de seiscientas laudas. Unas treinta están dentro de esta Iglesia, donde las lápidas hablan sobre sus dueños: el pico y maza de cantero, las tijeras de sastre, el cuchillo de carnicero, el ancla de marineros o las figuras de los hidalgos. Está considerada como una de las necrópolis más valiosas y antiguas de Europa. También de la Edad Media es San Martiño en la Plaza de O Tapal, que tiene cierto aire de fortaleza y solo una torre, aunque fue diseñada con dos. Se dice que todo el que trate de acabar la segunda morirá.

Puentedeume | Irene González

Puentedeume

Su actual puente de piedra sustituye al antiguo de madera, que disponía de capilla y hospital. Es muy llamativo el Torreón de Andrade, último resto del famoso Palacio que con 18 metros de altura ofrece una panorámica única de este bello pueblo costero. La colosal Iglesia de Santiago, encajonada entre casas, sorprende para una villa tan pequeña. Cerca está el fascinante Parque Natural das Fragas do Eume, uno de los mejores bosques europeos de roble, castaño y abedul, donde se esconde el fascinante Monasterio de Caaveiro. Oculto entre el frondoso bosque y encajado entre desfiladeros, se engrandeció por donaciones y tierras hasta que fue abandonado. Los restos más antiguos son del XII, y destacan la iglesia de Santa Isabel, su campanario, la casa de los canónigos y el horno.

Castro Caldelas

En la Ribera Sacra se encuentra  tranquila y bella Castro Caldelas, donde el tiempo se detuvo hace siglos. A los pies de su magnífico castillo, construido por Fernández de Castro, se despliegan  sus casas con blancas galerías y sus empedradas calles que lo convierten en un destino único. El castillo de Castro Caldelas casi fue destruido durante la guerra irmandiña y como castigo, el conde obligó a la población a reconstruirlo. Son muy interesante las marcas de los canteros, las Taus griegas templarias y un sello de Salomón que indica la presencia de judíos. Castro Caldelas es un espectacular mirador natural sobre la impresionante Ribeira Sacra, tanto desde el Castillo como desde el campanario de la pequeña Iglesia de Santa Isabel.