Japón Urbano. 75 planes (Parte II): Kioto y Osaka

Si no quieres perder detalle aquí puedes ver Japón Urbano. 75 planes (Parte I): Tokio. Japón solo se parece a sí mismo. El ritmo de sus ciudades asusta al tiempo que engancha: jardines para meditar y atronadoras salas de pachinko, monjes zen y tribus urbanas, templos, parques y castillos, pero también excentricidades como los cafés de gatos o de sirvientas. 

Elena del Amo
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Foto: luis davilla

KIOTO

Embutida en un kimono

Nada parece divertir más a las turistas orientales que vestirse cual geishas para pasear de esa ilustre guisa por el Kioto histórico sin parar de hacerse selfis. Los trajes suelen ser fáciles de alquilar cerca de los templos principales.

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Rojísimas puertas “torii”

Sus geometrías cuasi matemáticas demarcan en rojo bermellón las lindes entre lo profano y lo divino. Ninguno de los santuarios sintoístas de Kioto suma tantas como el Fushimi Inari Taisha, dueño y señor de cerca de 10.000, e increíblemente concurrido desde que apareciera en la película Memorias de una Geisha

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El templo Kiyomizu-dera

Levantado en el siglo VIII, aunque sus edificios sean bastante más tardíos por la cantidad de veces que se incendiaron a lo largo de su historia, luce particularmente poético en otoño, cuando los bosques que cercan este conjunto de recintos religiosos luce sus mejores colores. 

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Al ritmo de las maikos

De no coincidir con los festivales de danza que protagonizan maikos y geishas cada primavera, en el teatro Gion Corner es posible verlas bailar, así como iniciarse en artes tradicionales como la ceremonia del té y los arreglos florales o ikebana. 

Kyoto Station

Con el sello particular del reconocido arquitecto Hiroshi Hara, esta futurista estación alberga, además de trenes, centros comerciales y museos, oficinas y hasta teatros. Si impresiona de día, lo hace aún más iluminada por la noche. No deje de caminar por el túnel de cristal o Skyway de sus alturas. 

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Jardines secos

Con sus piedras y rocas certeramente y cuidadosamente dispuestas para favorecer la meditación de quien las contempla, los hay por infinidad de monasterios, aunque pocos tan hipnóticos como el del templo zen de Ryoan-ji.

Laberinto de bambú

Los juncos del bosque de Arashiyama llegan a superar la decena de metros de alto. Ofrecen un paseo delicioso, a complementar con un buen reguero de templos en sus inmediaciones, para el que también se ofrecen visitas en español.

A la “caza” de una geisha

A media tarde o ya entrada la noche, por las calles llenas de farolillos del barrio de Gion o el de Pontocho no será raro avistar alguna geisha entrando o saliendo de los banquetes donde hombres de negocios dilapidan auténticas fortunas por verlas bailar y cantar, dejarse entretener con su conversación, beber en su compañía y, aseguran, nada más. Si una cena privada resulta demasiado prohibitiva, en el ryokan Hatanaka organizan veladas más asequibles. 

El Pabellón Dorado

O, lo que es lo mismo, el templo Kinkaku-ji, una de las postales icónicas de Kioto, con sus plantas superiores forradas de pan de oro alzándose en equilibrios en mitad de un estanque. shokoku-ji.jp

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Samurai Experience

Una iniciación a la filosofía y la ética del Bushido –el Camino del Guerrero–, donde practicar con la katana y aprender de la meditación zen con la que los samuráis apaciguaban su mente en la batalla.

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Museo del Manga

El primer museo del mundo consagrado a este pilar de la cultura pop japonesa. Alberga una impresionante colección permanente, así como exposiciones temporales para conocer desde sus orígenes hasta su evolución de estilos a lo largo del tiempo. 

A pedales

Bicicletas de alquiler o, si se prefiere, recorridos guiados que se pueden personalizar a la medida. Es la propuesta de Kyoto Cycling Tour Project, una empresa local acostumbrada a trabajar con clientes extranjeros. 

Todo sobre el sake

Desde las distintas variedades de este destilado de arroz hasta una cata o, si se quiere, un maridaje con buenas viandas en una de las bodegas con más solera del distrito del sake de Fushimi. 

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Una de anguila

Si no le gusta la anguila, es que aún no ha probado la que asan a la parrilla en Kyogoku Kaneyo, un restaurante con el sabor del viejo Kioto donde reina con todos los honores el unagi (anguila de agua dulce) sobre una base de arroz. 

Paseo junto al río

Especialmente apetecible en las noches de buen tiempo, cuando, a la altura de Pontocho, las casitas de madera que dan al río Kamo abren sus terrazas, adornadas de farolillos, para cenar o tomar una copa casi sobre sus aguas. 

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Al mercado con chef

De la mano de una cocinera local, capaz de explicar para qué sirve cuanto exhiben los puestos del mercado Nishiki, la visita al vientre de Kioto resultará más nutritiva. 

El Camino del Filósofo

Un precioso paseo entre el templo Ginkaku-ji y el templo Eikan-do, especialmente concurrido cuando, en primavera, florecen los sakuras (cerezos en flor) a ambos lados del pequeño canal junto al que discurre.

Para chuparse los dedos

La alta cocina kaiseki, originaria de Kioto, atiende a todos y cada uno de los sentidos con sus cinco sabores, sus cinco colores y sus cinco técnicas de elaboración. A degustar en algún restaurante tradicional de Gion o, con estrella Michelin, en el Mizuki del hotel Ritz-Carlton. 

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Lección de té

La temperatura del agua, la cantidad de hojas a echar, el tiempo de cocción... todo importa a la hora de preparar bien un té verde. Lo enseñan en locales de la reputación del Kaboku Tearoom de la firma centenaria Ippodo. 

Rickshaw para dos

De no dar crédito que los rickshaws en el archimoderno Japón del siglo XXI sigan funcionando a tracción humana, pero así es: corredores con gemelos de maratonianos y aires de guerrero ninja acarrean en sus carritos a parejas de visitantes por distritos, sobre todo como el histórico Higashiyama y el bosque de bambú de Arashiyama. 

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Los cerezos en flor

Temporada alta en todo Japón cuando, al florecer los sakura (cerezos en flor), se suceden los festivales y los picnics bajo sus ramas. En Kioto, particularmente espectacular, se espera que en el 2020 comience a partir del día 24 de marzo y esté en su máximo esplendor durante la primera semana de abril.

El sabor que faltaba

Si a sus sopas japonesas les falta algo, puede que se trate del caldo dashi, que se vende concentrado en infinidad de supermercados. O del shichimi, una picante mezcla de especias, a la venta en tiendas tan especializadas como, cerca del templo Kiyomizu-dera, Ochanokosaisai. 

Cena en el templo

Entre la barbaridad de santuarios y templos que atesora Kioto, algunos, como los budistas Tenryu-ji o Kanga-an, destacan por servir opíparos menús degustación, rigurosamente vegetarianos, claro, cocinados por los monjes

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La Ceremonia del té...

Aprender este ritual, donde hasta el mínimo gesto tiene su significado, puede llevar toda una vida. Para iniciarse en sus misterios se imparten clases en el templo zen Kodai-ji –en japonés, eso sí– o, también en inglés, en locales como los dos salones de Camellia Flower. 

...y los útiles para ello

Tras horas aprendiendo a preparar el té, de poco servirá tanta prosopopeya si, una vez en casa, no se dispone de los útiles necesarios. A la venta, incluidas piezas de colección firmadas por grandes maestros, en la tienda Kyogado. 

Trampa shogun

Las tarimas del castillo Nijo, construido en el año 1603 por el primer shogun del periodo Edo, crujen de lo lindo. Podría pensarse que es cosa del tiempo, que no perdona. Pero no, se idearon así para que, en caso de entrar algún enemigo, no les pillara desprevenidos. 

Jardines para meditar

Los del Palacio Imperial, los de la Villa Katsura y la Villa Shugakuin, los de hasta el último templo... cada jardín de Kioto esconde una verdadera obra de arte.  

Tiernísima wagyū

La de Kobe tiene más fama, pero hay otras wagyū o carnes de vaca japonesa también entreveradas de grasa que se derrite en la boca, como Hirai de Kioto, a degustar en aciertos seguros como Steak Otsuka. 

Luis davilla

Noches sobre el tatami

En un lugar tan tradicional como Kioto (la única gran ciudad del país que no arrasaron los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial), nada como hacer noche en los tradicionales hoteles japoneses o ryokan, con puertas correderas de papel, mesas bajas con sillas sin patas y futones a ras del tatami en los que hacer noche tras desprenderse de la yukata o el kimono. Van de lo más sencillo hasta el lujo extremo. ryokan.or.jp

OSAKA

A 173 metros del suelo

Toda Osaka a sus pies desde el Umeda Sky Building, dos rascacielos con la friolera de cuarenta pisos conectados en la cima por un mirador con vistas de 360 grados y la sensación gravitar sobre el cielo. 

Luces de Dotonbori

Es el barrio más loco de la ciudad, empapelado de neones por sus estrechos callejones junto al canal, de restaurantes, izakayas y bares donde codearse con incombustibles con ganas de pasarlo bien. dotonbori.or.jp/en

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Genial Tadao Ando

Este peso pesado de la arquitectura contemporánea dejó huella en su ciudad concibiendo edificios tan asombrosos como la Casa Azuma o el museo del novelista Shiba Ryotaro, con, entre otras maravillas, una librería de una decena de metros de alto y capacidad para veinte mil volúmenes. shibazaidan.or.jp

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El mercado Kuromon

Un delirio de pescados y mariscos fresquísimos, que incluso pueden degustarse por los quioscos de este imprescindible vientre gastronómico de Osaka.  

Lumpen Shinsekai

Si París tiene la Torre Eiffel, Osaka tiene la Tsutenkaku, un curioso mamotreto en el corazón de este barrio retrofuturista donde hincharse a brochetas kushi-katsu en sus bares de medio pelo y pasmarse ante su deje un tanto lumpen; toda una rareza en Japón. 

Campeona cervecera

Cerveza a mansalva de cualquier lugar del mundo, pero siempre artesanal, en las sucursales de Craft Beer Base, cuya dueña, Ai Tani, es toda una autoridad en la materia. 

Adictos al pachinko 

Hipnotizados ante estas máquinas de bolas a caballo entre las tragaperras y el pinball, cientos de locales pasan las horas en los atronadores Pachinko Parlors de zonas como la popularísima Shinsekai. Aunque apostar con dinero sea ilegal en Japón, a este juego fronterizo no hay quien le ponga freno.

Luis Davilla

Come hasta reventar

O hasta arruinarte, como reza el lema de esta ciudad donde la comida es obsesión. Takoyakis de pulpo, brochetas kushi-katsu, ese cruce entre la pizza, los crepes y la tortilla conocido como okonomiyaki... Imprescindible recalar por la planta de alimentación de cualquier centro comercial para pasmarse ante la variedad y la sofisticación que se gastan a la hora de sentarse a la mesa.

Cuchillos de Sakai

El taller de Mizuno Tanrenjo se diría la fragua de Vulcano, donde a fuego y martillo se da forma a los cuchillos de tradición samurái que chefs de medio mundo le encargan –y pagan a precio de oro– a este heredero de varias generaciones de artesanos. 

Noctívago Tenma

Si de día esta zona alberga desde un antiquísimo templo hasta la calle comercial más larga de Japón, de noche abren por Tenma infinidad de bares e izakayas que dan fe de que en Osaka, además de comer mucho y bien, también sobran locales donde calmar la sed.

¡Ah del castillo!

Entre murallas, fosos y torres defensivas se levanta uno de los mejores castillos de la región de Kansai, junto además unos espectaculares jardines donde, en el mes de abril, pasmarse con la floración de sus miles de cerezos. 

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¿Quién teme al pez globo?

Desde luego, ni los chefs ni los comensales de la cadena de restaurantes Zuboraya, especializada en fugu, un pez con un veneno letal que puede acabar con quien lo come si previamente no se lo han sabido preparar. 

Den-Den Town

El equivalente en miniatura a Akihabara en Tokio, es decir, el barrio friki por antonomasia en Osaka, con, además de lo último en electrónica, sus karaokes y sus máquinas expendedoras de loquísimos regalos sorpresa, sus escaparates de anime y sus cafés de sirvientas. Un entorno para discurrir entre lo más marciano que llega a dar esta sociedad, para otras cosas tan contenida.