Friburgo: queso y chocolate

Sabores de Suiza. La región de Friburgo, al suroeste del país, es un compendio de los mejores sabores de Suiza. Su paisaje ondulado y relajante, salpicado de bosques, lagos y pueblos con encanto medieval, alberga los ingredientes para una escapada gastronómica perfecta: aquí está la cuna del queso Gruyère, la pionera fábrica de chocolates Cailler, pequeñas bodegas de vino selecto y la mejor huerta del país. 

Luis Uribarri
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Foto: Andreas Mueller

Villas con encanto medieval, clima templado, paisajes de colinas verdes moteadas de vacas disfrutando en su paraíso particular, excursiones en bicicleta por recorridos llanos y suaves entre cuidados cultivos y viñedos, paseos en barco por lagos de aguas cristalinas y una fondue moitié-moitié (mitad queso gruyère, mitad queso vacherin) para culminar la jornada. La muy católica región suiza de Friburgo ofrece un destino tranquilo y relajante, familiar y suavemente activo, y muy, muy gastronómico. Presume de ser la cuna del mundialmente conocido queso gruyère, ingrediente básico de las fondues y resultado del especial sabor que proporcionan a la leche bovina los pastos de la región. Si en algún lugar del mundo se venera a las vacas más que en la India, es aquí. La gran fiesta en su honor –el de las vacas– se produce al final del verano con la Desalpe. Los rebaños bajan de las montañas a sus refugios de invierno y pastores y animales se engalanan para la ocasión, los últimos con grandes cencerros colgando del cuello y coloridas flores adornando las testas. Encabeza la procesión la vaca que más leche haya dado durante la época estival y se celebran fiestas en todos los pueblos, con la fondue fribourgeoise como plato estrella.

Julian Brenan

Eclipsada en parte por las regiones colindantes de Vaud y Berna, Friburgo se ha quedado casi en exclusiva para el disfrute de los suizos. El idioma dominante aquí es el francés, aunque se conserva el bilingüismo con el alemán. Es una región fácil de recorrer y con muchos lugares de interés y belleza, empezando por su capital, Friburgo, y siguiendo por pueblos como Murten, con su precioso lago al pie del monte Vully y sus laderas rebosantes de viñedos, y la medieval Gruyères (el pueblo lleva ese al final, el queso no), con un castillo imponente, fábricas de quesos y otras sorpresas. Y no se debe abandonar la región sin una excursión al Moléson, la montaña favorita de los friburgueses, a cuya cima (2.002 metros) se accede combinando telecabina y funicular. 

La ciudad libre 

Friburgo (del alemán frei burg, ciudad libre) está considerada “la pequeña Roma” de Suiza, por su marcado catolicismo, por albergar la única Universidad católica de Suiza (fundada en 1889) y por ser etapa del Camino de Santiago que arranca en la alemana Selva Negra. La concha del peregrino luce en muchos rincones de la ciudad y los caminantes pueden quedarse a dormir una noche en el monasterio de los franciscanos, fundado en 1281, unido a la iglesia de la misma orden, la Eglise des Cordeliers. Levantada en el siglo XIII, alberga un tríptico del siglo XVI en su altar mayor, un retablo del mismo siglo obra de Hans Friers, natural de Friburgo, y una de las sillerías más antiguas de toda Suiza, que data de 1280. 

PJ-Foto / ALAMY

Ciudad medieval rodeada de barrancos, volcada sobre la pronunciada curva que realiza el río Sarine, Friburgo conserva gran parte de su antigua muralla y es conocida por sus fuentes y puentes. Fundada en 1157 en los márgenes del río, sobre el que parece se vayan a desplomar sus estrechas casas medievales, fue un importante centro comercial y artesano durante la Edad Media. Hoy cuenta con 38.500 habitantes y es una ciudad acogedora y atractiva de pasear. El eje de referencia es el Ayuntamiento, donde descubrir la leyenda del tilo de Morat, vinculada a su particular héroe de Maratón: un mensajero que corrió desde Murten a Friburgo, portando una rama de tilo, para comunicar la victoria en la épica batalla de 1476 contra los borgoñones de Carlos El Temerario (los suizos perdieron 410 hombres y los borgoñones 12.000); al llegar al Ayuntamiento cayó muerto y de la ramita surgió un gran tilo. Todos los años se celebra en su honor una carrera que cubre los 17 km que separan Murten de Friburgo. El gran tilo fue derribado en 1983 por un conductor seguramente ebrio (y borgoñón, según los friburgueses), y hoy permanece otro más modesto, resultado de un trasplante del derribado. Nieve o llueva, todos los sábados hay mercadillo en esta plaza.

Andre Meier

Campanas que hablan 

Las calles del casco histórico se reconocen por su doble nomenclatura, en francés y alemán. Cerca del Ayuntamiento se erige la catedral gótica de San Nicolás, en la que destacan su tímpano sobre el Juicio Final en la puerta principal, sus vidrieras, su altar mayor y su órgano del siglo XVIII. La capilla interior del Santo Sepulcro acoge un notable grupo escultórico de trece figuras alrededor del cuerpo de Cristo, donde el juego de luces de las vidrieras está orientado para iluminar el cuerpo yacente de Jesús al mediodía y celebrar así su resurrección. Merece la pena subir los 365 escalones de su torre de 78 metros para obtener las mejores vistas de la ciudad (ojo, el acceso cierra a las cinco de la tarde). Quizá desde ahí escuche sonar las campanas de Friburgo. Las hay en edificios públicos y religiosos y los friburgueses dicen que tienen su propio lenguaje y se comunican entre ellas. Una fecha interesante en la catedral es el 21 de junio, cuando llega a Friburgo la peña motorista Nuestra Señora de los Centauros. Decenas de moteros procedentes de varios países tienen permiso para entrar en la catedral con sus motocicletas, llegar hasta el altar y ser bendecidos, pilotos y montura, por el obispo.   

Pascal Gertschen

Puentes y museos

Numerosos puentes cruzan el río Sarine, retorcida columna vertebral de la ciudad. Dos se recuerdan por encima de los otros. El de Berna, por ser el más antiguo de la ciudad, construido en madera y que soporta el tráfico rodado del siglo XXI, y el último y más moderno, situado allende las murallas, por su nombre proclive a chanzas entre los españoles: el puente de La Poya (lo correcto es pronunciarlo con énfasis en la última sílaba). Entre las visitas culturales, muy recomendables el Museo de Arte e Historia y los singulares trabajos mecanizados del Espacio Jean Tinguely y Niki de Saint Phalle, en una antigua estación de tranvía. Otro museo curioso es el Wassner, de máquinas de coser, que alberga la máquina de coser más pequeña del mundo y se visita con cita previa. Calle abajo de este museo, en la Grand Rue del casco histórico, están las mejores casas de la villa, muchas de familias de mercenarios que pusieron su destreza militar al servicio sobre todo del reino de Francia. Los mercenarios suizos gozaron durante siglos de gran reputación como guerreros, de ahí que Roma los contratara para el servicio personal del Papa, la conocida Guardia Suiza. Abajo de la Grand Rue está la fuente de la Samaritana, una de las más famosas. De todas las fuentes de Friburgo se puede beber su agua pura. Para regresar a la plaza del Ayuntamiento resulta interesante y curioso, además de evitar la caminata cuesta arriba (bastante pronunciada), tomar el funicular hidráulico impulsado con un mecanismo que se remonta cien años y que se vale de los contrapesos del agua para subir y bajar a los pasajeros. 

dpa picture alliance / ALAMY

40 años del "octavo pasajero" 

Se cumplen ahora 40 años del estreno de Alien, el octavo pasajero (1979), referencia del cine de terror y ciencia ficción. Catapultó a la fama a su director, Ridley Scott, y a su protagonista, Sigourney Weaver, pero quien consiguió el Oscar en 1980, por los efectos visuales, fue el controvertido pintor y escultor suizo Hans Ruedi Giger. En lugar de instalarse en Hollywood con su recién adquirida fama mundial, HR Giger se compró una mansión, el Château St. Germain, en la medieval ciudad suiza de Gruyères, muy cerca del castillo, que desde 1998 alberga un museo con la mayor colección de obras del artista, un museo único y sorprendente que literalmente alucinará a los seguidores de la película y también a los que no lo son. Sus veinte salas de exposición muestran cuadros, dibujos, diseños, esculturas y mobiliario diseñado por Giger, incluidas algunas obras de alto contenido sado-erótico y la colección privada del artista en el tercer piso. Igualmente alucinante –o más– es el bar que hay a la salida del museo, cruzando la calle, un antro gótico decorado con el mundo fantástico de Giger y de Alien, donde disfrutar de una cerveza bajo una enorme columna vertebral alienígena y brindar rodeado de calaveras. Una fascinante experiencia acorde al espíritu de este artista fallecido en 2014 y que llegó al mundo del cine en 1973 recomendado por Salvador Dalí. hrgigermuseum.com

FABRICE COFFRINI / GETTY

De Murten a Gruyères 

Visto Friburgo, hay varias excursiones interesantes. Una es a Murten, encantadora villa que ha conservado magníficamente su casco histórico, con la única muralla transitable de Suiza. Dos puertas medievales del siglo XIII franquean el paso hacia su barrio medieval, con un pequeño castillo de ventanas y puertas pintadas de blanco y negro, los colores del cantón de Friburgo. Murten se asoma a la orilla suroriental del lago que lleva su nombre (de 8,2 km de longitud y una anchura máxima de 2,8 km), cuyas riberas son perfectas para un paseo en bicicleta (se alquilan frente a la estación de tren, rentabike.ch). El paseo transcurre por caminos rurales entre extensos y perfectamente alineados cultivos de hortalizas y legumbres, la conocida como “la huerta de Suiza”. Los aficionados a la enología pueden orientar su pedaleo hacia los viñedos del monte Vully, con el pequeño pueblo Le Vully a sus faldas. Sus habitantes cultivan cien hectáreas de viñedos que suponen el uno por ciento de la producción total de vino de Suiza. Más blanco obtenido de la uva chaselas, la más típica del país, que tinto. Son vinos suaves y, sobre todo, más económicos que en el resto de Suiza. En septiembre se celebran las fiestas de la vendimia, que en Le Vully se prolongan durante un mes. Por sus viñedos se puede realizar a pie una ruta botánica e histórica de tres horas de duración para buscar y encontrar restos celtas, búnkeres de la I Guerra Mundial y cuevas secretas. La experiencia culmina con cata de vino y comida. 

Andreas Mueller

La villa fortificada de Gruyères es visita obligada en la región de Friburgo. Encaramada sobre un peñasco escarpado, en el centro de los verdes Prealpes friburgueses, es el ejemplo perfecto de fortaleza amurallada, con una única calle principal, flanqueada por casas medievales y renacentistas, que trepa hasta su bien conservado castillo. No se permite el paso de vehículos en el recinto amurallado y conviene llegar temprano para evitar las aglomeraciones, sobre todo en fin de semana. El nombre de Gruyères tiene más que ver con la grulla, símbolo heráldico de la villa, que con el queso. Entre 1080 y 1554 mandaron en la ciudad 19 condes, el último de los cuales, Miguel de Gruyères, amante del lujo y la ostentación, dilapidó su fortuna y cedió gran parte de la propiedad a los burgueses de Friburgo y Berna. En 1848, una rica familia de Ginebra, aficionada a las artes, compró el castillo. La visita al mismo ofrece, por tanto, un paseo a través de ocho siglos de arquitectura, historia y cultura. Se pueden visitar  casi todas sus estancias, incluido el cuarto adyacente al tálamo condal, el de La bella Lucía, muchacha de origen humilde amada por el conde Jean II (1514-1539). El patio de armas del castillo a algunos recordará al de Invernalia de Juego de Tronos. 

Christof Sonderegger

Desde todo Gruyères se divisa a su guardián, el monte Moléson, objetivo de la siguiente etapa. De camino se puede realizar una visita a alguna quesería artesanal para asistir en directo al proceso de elaboración del famoso gruyère. Estas queserías en cabañas de madera producen unos cuarenta quesos al día durante los meses de primavera y verano, en los que se trabaja todos los días. La zona de Gruyères no solo es famosa por su queso, también por sus merengues y su nata crème-double, con un 40 por ciento de materia grasa.  

En la cercana Móleson-sur-Gruyères se toma el funicular para subir a la montaña favorita de los friburgueses, protagonista de sus historias y leyendas. A mitad de camino, en un área de descanso con restaurante, se cambia funicular por telecabina para llegar a la cima. La vista desde arriba quita todos los males. En las laderas próximas al Moléson hay zonas con atracciones para familias (toboganes, karts, patinetes...). En invierno es zona de esquí fuerapista. 

La casa del “tchocolatl”

Y no hay que abandonar la región de Friburgo sin visitar la casa madre del chocolate, la Maison Cailler, a las afueras del pueblo de Broc. Hoy propiedad del grupo Nestlè, François-Louis Cailler fundó la compañía en 1819, siendo actualmente la marca de chocolate más antigua del mundo. En sus instalaciones se realiza un interesante y ameno recorrido histórico-animado por diversas salas, en grupos de diez o doce personas, con audioguía en español, que narra la evolución del tchocolatl, desde que el dios Quetzalcoatl regaló el árbol del cacao a los hombres hasta el siglo XIX, con especial protagonismo de los españoles como importadores a Europa de lo que primero fue bebida estimulante y afrodisíaca y luego se transformó también en comida energética y dulce. Y como estamos en Suiza, era de cajón que se añadiera al cacao el maná de las vacas: la Maison Cailler creó en 1875 el chocolate con leche. La visita (15 francos suizos los adultos, 12 los estudiantes; menores de 16 acompañados, gratis) culmina con una abundante degustación de los productos de la casa que hará las delicias de pequeños y grandes golosos. La Maison Cailler es también parada final del Tren del Chocolate, que parte desde Montreux (lago Leman).

Andre Meier

VIAJAR recomienda

Adquirir el billete Swiss Travel Pass para moverse por Suiza. Se puede adquirir para 3, 4, 8 ó 15 días y es válido para todo el transporte público en Suiza, ya sea tren, bus o barco. Incluye las rutas panorámicas del Glaciar Express, Bernina Express, Gothard Panorama Express, Golden Pass o Guillermo Tell, el transporte urbano en más de 75 ciudades suizas y un 50% de descuento en la mayoría de remontes de montaña (también en el Tren del Chocolate) y entrada libre en más de 480 museos (swisstravelsystem.com). 

Redacción Viajar

Cómo llegar 

Swiss (swiss.com) vuela directo, junto con su filial Edelweiss, desde Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga y Palma de Mallorca a Ginebra y Zurich. A esta última también lo hace desde Alicante, Bilbao, Ibiza, Las Palmas, Santiago de Compostela, Sevilla, Tenerife, Fuerteventura y Lanzarote. Es una de las pocas aerolíneas que aún incluye comida y bebida a bordo sin pago extra. Desde Zurich y Ginebra la puntual red de trenes suiza conecta con Friburgo. 

Dónde dormir

En Friburgo. Hotel Aux Remparts (hotel-remparts.ch). Pegado a la muralla medieval, en la salida hacia el puente de La Poya y a diez minutos del centro a pie. Buen servicio y buena relación calidad precio.  

En Murten. Hotel Murtenhof (murtenhof.ch). Un tres estrellas situado en una residencia medieval del centro histórico, al lado del castillo y a cinco minutos a pie de la estación de tren. Lo mejor, su terraza con vistas al lago Murten. 

Dónde comer

En Friburgo. Hotel de Ville (restaurant-hotel-de-ville.ch). En el centro, decorado con obras de arte y muy luminoso. El chef polaco Frédérik Kondratowicz, con estrella Michelin, desborda energía y sorprende a los comensales con un menú variado, sabroso y generoso, con productos de primera calidad. Reserve espacio para el postre. Café Belvedere (cafedubelvedere.ch). Ambiente desenfadado y juvenil, con cocina local e internacional. Destaca su terraza con vistas al río y al casco histórico, que compensa la lentitud del servicio. Recomendado por la Guía des Routard.

En Murten. Bel-Air de Praz. Al otro lado del lago, junto al embarcadero. Especializado en pescado frito, de sabor suave, acompañado de verduras y vino blanco de la zona. 

En Gruyères. Chez Boudji. Chalet de montaña en un paraje idílico, frente al monte Moléson. Perfecto para disfrutar de una auténtica fondue friburguesa, dentro de la cabaña o al aire libre. Solo abre entre abril y octubre. 

Excursiones

Garganta del Jaun. Puentes de madera, túneles y galerías de roca, cascadas y desfiladeros con imponentes rocas convierten la excursión que bordea el lago de Montsalvens y franquea la garganta del arroyo Jaun, cerca de Gruyêres, en una aventura familiar. Atentos a las posibles cabras montesas que se pueden contemplar en estado salvaje y consulte con la oficina de turismo las condiciones meteorológicas. 

Gran Ruta Suiza. Se puede recorrer todo el país por carretera siguiendo La Gran Ruta de Suiza, publicada en una revista en español. A lo largo de 1.600 kilómetros recorre los grandes atractivos del país alpino, cruza cinco puertos de montaña, bordea 19 lagos y pasa por doce lugares Patrimonio de la Humanidad y 45 lugares de máximo interés. La ruta es apta para poder hacerla de abril a octubre y se puede realizar en coche eléctrico ya que se trata de la primera ruta nacional por carretera para vehículos eléctricos del mundo, con más de 300 puntos de recarga (myswitzerland.com/grandtour).

Museos

Espacio Jean Tinguely & Niki de Saint Phalle. En las antiguas cocheras de Friburgo, las máquinas irónicas y absurdas del artista Jean Tinguely, que combinan amasijos de chatarrería y despojos urbanos conectados entre sí para producir movimiento, han obtenido reconocimiento internacional. Comparten espacio con las coloridas y voluptuosas Nanas de su pareja, la artista pop Niki, fallecida en 2002. Algún montaje lleva la firma de ambos. El visitante activa el movimiento de las creaciones.  

Museo HR Giger (hrgigermuseum.com). En la ciudad amurallada de Gruyères, con la colección de pinturas, esculturas, muebles y diseños del creador del xenomorfo Alien. 

Museo del Tíbet (tibetmuseum.ch). También en la villa de Gruyères, con una de las mejores selecciones del mundo de objetos y libros sobre el arte tibetano.

Más información

www.Myswitzwerland.com y www.fribourgregion.ch