Albaola, la factoría del mar... o el sueño de resucitar barcos

Este museo-astillero de la localidad guipuzcoana de Pasaia proporciona un apasionante viaje al pasado ballenero del País Vasco

Noelia Ferreiro
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Foto: Roberto Fernandez Garcia / ISTOCK

Hubo un tiempo en el que las ballenas campaban a sus anchas por el Cantábrico. Especialmente frente a la costa vasca, donde se amontonaban los pescadores dispuestos a arponear a las bestias. Su captura daba sentido a la que fuera una de las industrias más pujantes del momento: aquella que aprovechaba la grasa de los cetáceos para elaborar el combustible con el que ardían las lámparas de toda Europa antes del uso del petróleo.

Pasaia, Gipuzkoa
Vista de Pasaia, en Gipuzkoa | graemenicholson / ISTOCK

Fue precisamente esta actividad la que impulsó en este territorio un desarrollo excepcional en la fabricación de barcos. En torno a los siglos XVI y VII, muchos de los galeones que navegaban por el mundo habían nacido en los astilleros de Euskadi. Precisamente uno de ellos, el San Juan, zarpaba en 1563 rumbo a Terranova, en Canadá, atraído por la existencia de un caladero de ballenas.

Pero el San Juan nunca regresó a Guipuzkoa. Y jamás se supo de su destino hasta 1978, cuando, gracias a las investigaciones de la historiadora británica Selma Huxley y de un equipo de arqueología, se dio con el pecio en las profundidades de Red Bay, un adormilado pueblo de pescadores a orillas del Estrecho de Belle Isle. Aquí comienza a tomar forma el sueño de Xabier Agote, fundador y presidente de Albaola. “Si de niño decidí que quería reconstruir las embarcaciones del pasado, resucitar el San Juan era el mejor de los retos”, declara.

Pasaia, Gipuzkoa
Noelia Ferreiro

Volver la mirada al mar

Escondido en un recodo de la bahía de Pasaia, la pintoresca localidad que un día fue el refugio de Víctor Hugo, Albaola es hoy, más que un museo astillero, una factoría del mar. “Podría decirse que es una fábrica de cultura y patrimonio, un espacio creativo en el que estamos reviviendo oficios que están próximos a desaparecer y en el que la finalidad es, sobre todo, volver los ojos al mar”, explica Agote, quien adquirió sus conocimientos en la Escuela de Carpintería de Maine (Estados Unidos) y a través de sus viajes por el mundo.

Pasaia, Gipuzkoa
Noelia Ferreiro

Y es que en Albaola desempeñan la bonita labor de reconstruir embarcaciones tradicionales de madera, mediante técnicas y herramientas artesanales. Y aunque han recreado goletas, galeones y pataches (el barco preferido de los corsarios), la réplica del San Juan es el proyecto estelar.

Su extracción del fondo del mar (más de 3.000 piezas), a cargo de una excavación submarina ejemplar, fue tal hito en la historia de la arqueología subacuática que la propia revista National Geographic le dedicó su portada en 1985. “Por todo ello resucitar este ballenero vasco hundido en la costa canadiense es la aventura de mi vida”, reafirma el fundador de Albaola, donde se expone la historia de la nao (he aquí su función de museo) con todo lujo de detalles.

Pasaia, Gipuzkoa
Noelia Ferreiro

Pero la intención no sólo es que se pueda contemplar esta maravillosa reliquia, que ha sido reconocida por la Unesco, sino que también esté lista para la navegación. Incluso que pueda emprender la ruta original, tal y como hicieron los marineros vascos sorteando cruentas tempestades.

Dormir como los ángeles

La llegada a Albaola también puede hacerse en barco en una travesía más calmada. Aquí el visitante, además de recorrer el museo y observar en directo el trabajo de los carpinteros de ribera, verá cómo se alza ante sus ojos el impresionante coloso del San Juan de casi 30 metros de eslora.

Pasaia, Gipuzkoa
Noelia Ferreiro

Para organizar una visita a la factoría del mar, nada como hospedarse en Villa Magalean, en la cercana localidad de Hondarribia. Un hotel-boutique que es miembro del Club de alojamientos con encanto Rusticae y que está emplazado a los pies del casco antiguo, en una rehabilitada villa de estilo neo-vasco de los años 50.

Su exquisita decoración atemporal, su fabuloso spa en el que entregarse a reconfortantes tratamientos y su aplaudido restaurante Mahasti, una auténtica oda a los productos locales de la tierra y el mar regada con los mejores vinos del país, pondrán el broche de oro a este viaje que demuestra que los sueños pueden cumplirse.