Pirineo y tierras de Lleida: ecoturismo en acción

Los habitantes del pirineo y las tierras de lleida tratan con mimo la naturaleza y las costumbres de un territorio que ha conseguido la certificación Biosphere Destination, destino de montaña, rural, activo, cultural y gastronómico.

Alfredo Merino
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Foto: Angel Daniel / ISTOCK

El manso tañido de los cencerros resuena en el barranco de Santa Margalida. Son las vacas de Tònho y Òscar Tarrau, que pastan en los prados de Baguergue, el pueblo más alto del Valle de Arán. Con su leche, estos hermanos elaboran a la manera tradicional y artesana quesos como el Eth Blu de Bagergue, tal vez el mejor queso azul de Pirineos, o el de caviar Nacarii. Este último no es que sea un capricho, simplemente que el exclusivo manjar que incluye también se produce en el valle leridano. Lo vemos. En la parte baja de Arán, en la piscifactoría de Les crecen los esturiones más alpinos de Europa. Lo hacen en aguas venidas directas del deshielo de las nieves pirenaicas. Singularidad absoluta para un producto impensable. 

MARGA ESTEBARANZ

En la otra punta de Arán, al pie de las laderas donde se extienden las pistas de la estación de esquí de Baqueira Beret, dos ciclistas marchan hacia el Santuario de Montgarri. Destino de la romería tradicional más afamada del valle, hoy excursionistas, montañeros y ciclistas son los principales visitantes de este templo que se alza en un lugar de ensueño y a un par de pasos de los nacimientos de dos de los ríos pirenaicos más importantes: el Noguera Pallaresa y el Garona.

Caprichosos ambos, el primero nace con vocación norteña, pero no tarda en cambiar de padecer y al poco, tuerce su rumbo hacia el Sur, rindiendo las aguas al Segre y Ebro. El segundo hace todo lo contrario, desciende tumultuoso hasta el fondo del Valle de Arán, donde gira hacia el Norte, cruza la frontera y, convertido en el cuarto río más caudaloso de Francia, desemboca en Burdeos. Cosas de la geografía.

ALFREDO MERINO

Cae la tarde y en el Valle de Arán encienden las luces. Luminaria que señala la armonía de Arties, Escunhau, Salardú, Unha y demás pueblos esparcidos por su fondo. Constelación que señala el mimo con el que los habitantes viven y tratan a la naturaleza que les acoge y las costumbres que han desarrollado con ella. Por sus calles todavía deambulan los últimos turistas, ávidos de empaparse con la arquitectura tradicional de la zona y la majestuosidad de templos como Santa María de Arties y sus pinturas murales y San Miquel de Viella, donde descansa el Cristo románico más impresionante de Pirineos.

Hacen sitio para lo que les espera. Lo preparan en las decenas de figones esparcidos por el valle. Casa Irene, la fonda más veterana de Arán, es referencia entre ellos. Felizmente pilotada por Andrés Vidal y su familia, es estandarte de la hospitalidad y gastronomía del exclusivo valle pirenaico. En el mismo pueblo de Arties, Casa Urtau presenta una oferta diferente: la mejor barra de pinchos de todas estas tierras de montaña.

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Ya resuenan copas y cubiertos mientras en lo más alto, el Montarto agiganta su figura piramidal a medida que se hacen fuertes las sombras. Mojón señero de Arán, pertenece al Parque Nacional de Aigüestortes y Lago de San Mauricio. Pata negra de la naturaleza ibérica, es el primero de una amplia nómina de lugares naturales donde también destacan los parques naturales del Alt Pirineu y el Cadí-Moixeró. Parque nacional desde 1955, los valores paisajísticos son lo más apreciado de quienes visitan Aigüestortes, entorno salvaje donde cumbres y masas lacustres son sus absolutos monarcas.

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El país de los mil lagos es su sobrenombre. Los complementan apabullantes canchales, bosques diversos, praderas alpinas, abundantes saltos de agua y barrancos por doquier, todo poblado por una fauna y una flora tan extraordinarias como este lugar de cuento. Destacan puntos de tanto renombre como los Beciberris, picos por encima de los tres mil metros, estanys —así llaman por aquí a los lagos— como los de Llebreta, Llong y Llosas y cascadas tan sublimes como las de Sant Esperit, del Gerber y la Ratera.

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El catálogo de actividades permite experiencias únicas desde los más aventureros a las familias con niños pequeños. Dos son los accesos principales del espacio protegido. Aneu, en el Pallars Sobirá, por el Este, es la puerta que lleva al punto más conocido del parque, el lago de San Mauricio y las legendarias cumbres de Los Encantats. En el lado opuesto, el valle de Boí es el camino. Aquí se asienta un conjunto de iglesias románicas único en el mundo, por lo que la previsión de viaje debe incluir parada obligada para su visita. Hasta 2019, año previo a la aparición del coronavirus, Aigüestortes recibía más de medio millón de visitantes al año, lo que obligó a una regulación en sus accesos. Imposible hacerlo en vehículo particular, hay que utilizar los taxis de alguna de sus dos entradas para acceder hasta los puntos donde empiezan las excursiones y paseos y para retornar a la civilización.

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En esta catarata de destinos turísticos naturales que es el Pirineo catalán, la siguiente parada es el Cadí-Moixeró. Parque natural, zona especial de protección de aves, paraje natural de interés natural… como en el resto de sus espacios sobresalientes, acumula galardones que certifican su valía. Conformado por dos grandes sierras, las del Cadí y del Moixeró, es una muralla situada frente a la línea de mayores cumbres del Pirineo. Pero, sobre todo, es un escenario donde se concentra una montaña de posibilidades para sentir emociones y disfrutar de actividades, todas sumergidas en la naturaleza y cara a cara con tradiciones enraizadas en su entorno. Si su vertiente norte es lugar emblemático para escaladas invernales, en el fondo de los valles el interés recae en núcleos y monumentos medievales como los de Sant Llorenç y Talló, entre otros.

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Paraíso botánico de primer orden, la presencia de fauna se hace notar y el paso fugaz de un pito negro, la carrera de unos rebecos que sorprende en mitad de cualquier ascensión, el ajetreo de las ardillas en las ramas de un bosque y la precipitada huida de las lagartijas, asustadas por el paso de los caminantes en alguno de los senderos locales, es asunto cotidiano. Puestos a destacar un lugar, la elección es sencilla: el Pedraforca. Dejando aparte al Canigó, la montaña catalana por excelencia a la que los caprichos políticos situaron en el lado francés, debe considerarse esta cima como la cumbre de este lado de la frontera que mejor representa el sentimiento montañero de Cataluña. De silueta tan bravía como inconfundible, sus dos cimas separadas por un collado llaman la atención desde cualquier punto de la comarca del Bergadá.

Angel Daniel / ISTOCK

El Pirineo y las tierras leridanas han merecido en mayo la certificación Biosphere Destination, una de las más reconocidas en la sostenibilidad del territorio y el turismo responsable. Lo que comenzó en Arán en 2014, cuando se convirtió en el primer destino de montaña del mundo en recibir el reconocimiento, se extiende por todo el Pirineo leridano y las Tierras de Lleida, al sur de la provincia, destacadas por su amplia variedad de recursos culturales, paisajísticos y de naturaleza. Opciones tan singulares como la floración de sus campos de cultivos frutales, la valía ornitológica de las zonas de secano y una gastronomía basada en productos y quehaceres autóctonos son buena muestra de ello. Turismo responsable y sostenible en definitiva. Aquí no puede ser de otra manera.


Gastronomía y productos autóctonos

Este destino acaba de recibir el Certificado Biosphere emitido por el Instituto de Turismo Responsable, un organismo creado para impulsar programas de desarrollo sostenible en destinos turísticos. Nació apoyado por la Unesco y es miembro fundador del Consejo Global de Turismo Sostenible auspiciado por la ONU . Los destinos Biosphere se comprometen a garantizar la lucha contra el cambio climático y a favorecer el desarrollo medioambiental, cultural, social y económico, a través de los 17 ODS . En la zona del Pirineo, el Certificado destaca el ecoturismo, el turismo activo, las actividades en la nieve y las deportivas de aguas bravas en los ríos prepirenaicos como productos estrella, sin olvidar el turismo cultural, con el conjunto románico del Valle de Boí, distinguido como Patrimonio de la Humanidad. Además, menciona sus más de 20 espacios de interés natural con el Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, certificado como Destino Turístico Starlight e incluido en el Geoparque Mundial de la Unesco de los Pirineos Catalanes. Este geoparque, denominado Orígens, contiene el Centro de Observación del Universo, equipamiento divulgativo, educativo y de investigación de gran interés. Para la zona de las Tierras de Lleida, las comarcas del sur de la provincia, destaca su amplia gama de recursos culturales y botánicos, como la floración de los frutales o los espacios esteparios por su alto valor ornitológico. También tiene mucho peso la gastronomía y la elaboración de productos autóctonos con denominación de origen como el aceite, el vino o el turrón.