6 joyas innatas de Euskadi (y una sorpresa)

Euskadi, envuelta en un halo de mágicos bosques y acantilados de sirenas, guarda joyas impensables. El país Vasco tiene una historia milenaria, una naturaleza de infarto, unas marismas de vértigo y una costa que hechiza. Y todo, sin ir muy lejos.

Irene González
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Foto: apomares / GETTY

Más cerca de lo que creemos, se halla la calma, la belleza y los más espectaculares parajes naturales. Una pequeña excursión, o un reconfortante fin de semana, bastan para disfrutar de la montaña, del senderismo y de los espacios infinitos. Y en Euskadi, sin ir más lejos, se reúnen todos. Euskadi guarda el Geoparque de la Costa Vasca, una tierra espléndida que esconde la Ruta del Flysch. Entre imponentes acantilados de más 60 millones de años, se pueden leer millones de años de historia geológica. Plasmados en sucesivos estratos rocosos, han quedado al descubierto a causa de la acción continua del mar. Navegando desde Zumaia hasta Mutriku, pasando por Deba, se manifiestan los secretos de uno de los grandes santuarios geológicos del planeta.

Aquí las rocas, hablan de los grandes sucesos de la tierra, entre los que destaca, la gran extinción de los dinosaurios. Es una gran ruta para conocer las formas de vida, y las tradiciones, que desde siempre, han vinculado a esta tierra con el mar. Otra joya innata en Euskadi es la ermita de San Juan de Gaztelugatxe, única en el planeta Este mítico lugar, con más de diez siglos de historia y leyendas, tiene un acceso espectacular, ya que hay que superar 241 escalones para alcanzarlo. Un auténtico Vía Crucis que merece la pena porque ofrece las mejores vistas de la costa de Vizcaya, entre rocosos acantilados, cuevas y abruptas playas. Aunque sin duda, el Monte Jaizquibel, el segundo monte costero de mayor altitud de nuestro país, también deja sin aliento. No es de extrañar que aquí pasara largas temporada el escritor Víctor Hugo.

Otra alhaja es el Parque Natural Aiako-Harria, donde este bosque y valles se alzan tres cimas grandiosas. Dentro de la masa rocosa existen decenas de pozos y galerías mineras, donde no hay que perderse la mina de Arditurri. Y por supuesto, el Parque Natural de Gorbea, donde, además de su icónica cima, hay que recorre el verdor eterno del Parque de Aralar. Este sensacional hayedo cuyas ramas crecen en vertical, es un cúmulo de contrastes. Sin olvidar el Salto del Nervión, la mayor cascada de toda la península ibérica con 222 metros de altura, y el Bosque de Oma, una de las mayores fusiones entre arte y naturaleza. Y encima, es la región más prestigiosa del planeta, a nivel culinario.

 

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