La Marina Baixa, 7 parajes por el corazón de la Sierra de Aitana

Cruzamos esta sorprendente tierra de frutales donde se asentaron árabes y cristianos. La Marina Baixa es comarca de montañas y fuentes, de pequeños pueblos casi encaramados en los riscos, cercanos al mar, pero desconocidos y cautivadores. Nos adentramos en los mágicos parajes de la Sierra de Aitana.

Irene González
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El territorio de La Marina Baixa extiende sus dominios hasta el sur de la impresionante Sierra de Bèrnia, en un territorio rodeado de altas montañas, y mar. Cuajado de pequeños pueblos y paisajes, es un auténtico remanso de paz en los que sentir las delicias de la vida tranquila, a tan solo un paso de las costas. 

Esta comarca alicantina ha sido tierra morisca, y ese pasado está muy presente en la arquitectura, las huertas, la historia y muchos nombres de pueblos que delatan su pasado moruno. Muy cerca queda la poderosa Sierra de Aitana, que se refleja en el espejo de aguas mediterráneas, y que invita a un viaje entre el mar y la montaña. En ella observamos la preciosa villa de Altea, el prodigioso valle que recorre el cauce del río Algar y el del Guadalest,  su principal afluente. Aquí se produce la mayor cosecha de níspero de la península, producto de calidad que desde 1991 cuenta con su propia Denominación de Origen.

La Marina también es un recorrido por la imponente sierra de Bernia, donde pervive el espíritu de antiguos bandoleros, mientras que Finestrat, a los pies de la montaña Puig Campana, aun refleja la antigua alquería árabe que fue en tiempos. Es el lugar perfecto para explorar estas seductoras y  desconocidas sierras alicantinas, donde aparecen misteriosos castillos, descomunales puentes naturales de piedra, inusitados miradores, o paredes cubiertas de fósiles. Aquí, el relieve del terreno y la vegetación, conviven de forma armónica con pintorescos pueblos de origen árabe, siempre encaramados a laderas o cerros.

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Altea
En Altea, que podría provenir del árabe atalaya, se han encontrado vestigios íberos, romanos y musulmanes. La hermosa villa perteneció a la Taifa de Denia hasta que, en el siglo XIII, fue conquistada por Jaime I de Aragón. Este caserío blanco, con 8 kilómetros de playas, calas y acantilados, se alza sobre una pequeña colina situada junto a la costa. El símbolo de Altea es la bella cúpula de Nuestra Señora del Consuelo, forrada de singulares tejas blancas y azules. Todas las empinadas calles de Altea llevan a la animada plaza donde se alza esta pulcra iglesia, que es el epicentro social y cultural, donde su mirador abarca desde el Peñón de Ifach, hasta la Sierra Helada. Hay que pasear por las calles que rodean la Iglesia, y buscar las puertas de la antigua muralla.

Fuentes de Algar | andreygonchar / ISTOCK

Callosa d’en Sarriá
Los árabes implantaron en el siglo XII el cultivo del níspero en las riberas del Algar y el Guadalest, por sus inmejorables condiciones climáticas. Así que Callosa d’en Sarriá, en el corazón de la Marina Baixa, es el paraíso de los nísperos y del agua, un oasis por sus numerosas fuentes y cascadas, para su generosa agricultura. En el núcleo de esta alquería musulmana está la Iglesia de San Juan Bautista, del siglo XV, con su venerada Virgen de las Injurias. No hay que perderse, a menos de 3 kilómetros, las privilegiadas Fuentes del Algar, asomarse a sus saltos de más de 10 metros y zambullirse bajo las Cascadas del Toll de la Caldera, de saludables corrientes a 18 grados de temperatura. Imprescindible el Museo del Agua, en la Casa del Partidor, ocupada antaño por los trabajadores de la central eléctrica.

Sierra Aitana y Sella
Las cotas más altas de la Sierra de Aitana han inspirado a poetas y pintores. En el puerto de Tudons, a más de 1.100 metros, nace una pista forestal por la que adentrarse en un recorrido a través de varios neveros, que en tiempos se usaban para almacenar la nieve de invierno que luego vendían. Este camino lleva hasta Benifato, el paraje más alto de toda la provincia de Alicante. Aquí, el romero, el lentisco, el tomillo y enormes arboladas de pinos, almendros y frutales muestran la abundancia de la parte más desconocida del levante alicantino. Descendiendo hacia la costa, se llega a Sella, asentada sobre una población morisca repoblada con cristianos viejos traídos de Mallorca. Su ermita de Santa Bárbara es llamativa por estar construida sobre una colina, aprovechando los restos del viejo castillo.

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Sierra de Bernia
Desde la vigorosa la Sierra de la Bernia, una mole de 10 kilómetros de largo, se aprecian las vistas más asombrosas. Recorrerla supone un paseo entre las nubes. Su  accidentada orografía dio cobijo a moriscos, y según cuenta la leyenda, refugio al Enmascarado de Bernia, un famoso bandido que asaltaba a ricos viajeros. Esta montaña de más de 1.100 metros de altura es famosa por el agua que mana de sus populares fuentes, y por sus leyendas. A través de la Sierra de Bernia se recorre Las Casas de Bèrnia, la Font de Bèrnia, el Forat, el Fuerte y baja por el collado para terminar de nuevo en Las Casas de Bèrnia. Surcar estos altos senderos supone disfrutar de cambiantes y singulares paisajes, donde el Forat, el pasadizo natural por el que se atraviesa la sierra de la cara norte a la sur, es pura magia.

Penáguila
De origen musulmán, la villa estaba totalmente amurallada y de la época se conservan restos de las barbacanas y algunas torres. Penáguila estaba formada por población mayoritariamente cristiana, así que el decreto de expulsión de los moriscos no supuso una perdida excesiva. La Villa fue sede de los señoríos de Guadalest y Alcoleja, época de esplendor de la que mantiene el neoclásico Jardín de Santos. Interesante la Font Mayor, que con sus 28 chorros, es un buen rincón para disfrutar del frescor. Penáguila conserva portales visibles de la típica arquitectura militar cristiana del XIII. Y restos de la fortaleza árabe del VIII, levantada sobre restos romanos. También conserva casas nobiliarias como las de Fenollar y Moncada.

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Guadalest
Encaramado en una peña de la sierra de Aitana, a 586 metros de altura Guadalest, que se asienta sobre un antiguo castro ibérico, tiene un gran atractivo. Su minúsculo centro histórico, encerrado en el interior de una montaña rocosa, se conservado intacto a través de los siglos. De hecho, el acceso al recinto medieval, solo tiene acceso por un túnel excavado en la roca. Dentro de sus muros, su única calle desemboca en el Ayuntamiento, del siglo XII y utilizado como cárcel por los árabes, que es un sensacional balcón hacia las sierras. Interesantes son la Iglesia de la Asunción y las cruces de su diminuto cementerio. Imprescindible, la Casa Orduña, que perteneció a los marqueses de Guadalest, y hoy es un museo que enseña cómo vivía la gente acomodada en los siglos XVII, XVIII y XIX.

Finestrat
Finestrat, un antiguo poblado musulmán, se extiende a los pies de los más de 1.400 metros del Puig Campana. Finestrat tiene una historia de piratas berberiscos. Estos corsarios atacaban las costas del Mediterráneo, incendiaban sus casas y se llevaban a sus habitantes como esclavos, así que se vieron obligados a construir torres vigía. Y este es el origen de las que recorren la costa alicantina, y el motivo de que Finestrat posea un segmento de costa, conocido como La Cala, que recibió en recompensas por su lucha contra los piratas. La panorámica que se obtiene desde la ermita de El Remedio, es impresionante. Y su entorno natural está cuajado de atractivos enclaves, como el Puig Campana, y el atractivo paraje de la Font de Moli, un gran manantial con 15 caños.