5 planes para seguir en verano

Apuremos los días de sol, démonos un chapuzón refrescante, comamos helados y gazpacho… no dejemos que el verano agonice.

Noelia Ferreiro
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Foto: mauro grigollo / ISTOCK

Viaje express a Fuerteventura
Ahora que los precios son más bajos, no está de más hacer una escapada a las Islas Afortunadas, llamadas precisamente así (entre otros muchos motivos) por ese clima subtropical, benigno durante todo el año. Especialmente a Fuerteventura, donde en su propia promoción turística destacan que hasta la brisa marina llega cargada de iones negativos que tienen un efecto relajante. Realidad o no, lo cierto es que esta maravillosa isla, declarada toda ella Reserva de la Biosfera, cuenta con 150 kilómetros de playas paradisíacas donde estirar el verano como un chicle. Además, sus espectaculares parajes volcánicos, sus pueblos encantadores y su gastronomía tal vez algo olvidada y, sin embargo, exquisita (esos quesos majoreros…) la convierten en un plan ideal para septiembre.

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Atracón de gazpacho en Sevilla
Porque hay quien se mantiene a base de esta suerte de sopa fría durante el periodo estival, este plato tan nuestro y que tan bien sienta para aplacar los calores. Y aunque se come prácticamente en todo el país, dicen que Sevilla es la ciudad más indicada para degustarlo en su forma más auténtica. Por eso y porque ya se ha mitigado el achicharramiento que caracteriza a la capital andaluza, es buen momento para visitarla y contagiarse de su peculiar forma de vida. Un viaje a Sevilla siempre te hace sentir en verano. Y si no te lo crees, prueba a salir de tapas por sus barrios emblemáticos (Triana, Santa Cruz, El Arenal…) y echa un vistazo al ambiente. ¿No te parece tan alegre y desenfadado como cuando se está de vacaciones?...

Un baño en las Lagunas de Ruidera
Considerado una de las Siete Maravillas Naturales de España, este parque natural al que a menudo compran con Plividje, en Croacia –en términos científicos, ambos constituyen la mejor representación de lagos formados por la acumulación de carbonato cálcico-, es todo un espectáculo visual en medio de los campos de Albacete y Ciudad Real. Un conjunto de quince lagunas conectadas entre sí a través de cascadas que enlazan una con otra, todo ello encajado entre frondosos bosques. Pero además, es un buen lugar para darse un buen chapuzón y sentir que el verano no se agota. Ahora, además, que sus orillas están menos masificadas y que practicar algún deporte náutico, como vela o kayak, puede ser una delicia.

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Un helado (o varios) en Gijón
Muchos no lo saben, pero no hay ciudad más almibarada que Gijón. Sus más de 60 confiterías la sitúan como uno de los rincones más golosos del país, dentro de una tradición que se remonta a muy lejos. Aquí el dulce es una institución, como prueba el alto nivel de sus pasteleros locales y la gran cantidad de delicias típicas de esta urbe asturiana: les casadielles, una especie de empanadilla rellena de nuez, azúcar y anís; las charlotas gijonesas, que es la adaptación de una tarta centroeuropea; las princesitas, un bocado de mazapán y crema de yema… También los helados resultan de lo más sabroso y variado, por lo que no hay que perder la ocasión de darse el gustazo: visitar sus muchos atractivos y, entre horas, sin complejos, entregarse al placer de un helado, que es todo un clásico estival.

Entre palmeras en Elche
Así, como si se estuviera en un paraje tropical, puede sentirse uno en Elche , rodeado de palmeras. Nada menos que unos 200.000 ejemplares en lo que supone el mayor palmeral de Europa, tan sólo superado a nivel mundial por algunos otros palmerales  árabes. Por eso está declarado Patrimonio de la Humanidad y por eso también es un buen lugar para estirar el verano. Aunque contemplado desde cierta distancia puede parecer un bosque, su origen tuvo fines agrarios de los que hoy aún hay pequeñas muestras. Pasear entre sus ramas cimbreantes es todo un placer refrescante, que puede completarse con otras joyas urbanas como los Baños Árabes, la Torre Almohade de Calahorra, o la réplica (perfecta, eso sí) de la famosa Dama, cuyo original se encuentra en Madrid.