Singapur, el latido del 'quinto tigre'

Aunque se compara con Suiza por su orden y limpieza, Singapur es un país único que, con la diversidad cultural como bandera, mezcla las tradiciones milenarias con la vanguardia tecnológica y financiera. Está considerado uno de “los cinco tigres asiáticos”, junto a Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Malasia. Este diminuto Estado es un destino soñado por los amantes de la gastronomía: hasta los puestos de comida callejera logran estrellas Michelin.

Paka Díaz
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Foto: fazon1

A la salida del aeropuerto una línea amarilla marca donde deben ponerse los fumadores y se escucha una advertencia. “No lo tome a broma –dice un señor de Hong Kong–, aquí son muy estrictos”. Nada más aterrizar en Singapur ya se nota la diferencia con otros países asiáticos. Todo está muy ordenado y tipificado. También los comportamientos. Pasarse de la raya o salirse de la línea amarilla, por poner un ejemplo, se castiga con multas. La de tirar basura en la calle puede sobrepasar los 600 euros. Además, está prohibido fumar antes de los 21 años y comer o importar chicles (solo se permite por motivos terapéuticos).

Esta última prohibición fue implementada para alcanzar la obsesión nacional: la pulcritud absoluta. “Este es el Barrio Chino más limpio del mundo”, explican los guías a los turistas. No mienten. Durante el viaje, uno de los juegos era descubrir un papel en el suelo. Alguno hay, pero seguramente menos que en cualquier capital del norte de Europa. “Somos como Suiza en lo metódico, pero más interesantes en cuanto a gastronomía”, explica con orgullo nuestro guía, y sonríe impertérrito cuando se le pregunta si el gobierno local es una dictadura. “Hay elecciones, lo que ocurre es que siempre las gana el mismo partido”, responde.

El trayecto en furgoneta hasta el hotel permite echar un primer vistazo a la ciudad. Su skyline formado por innumerables rascacielos reluce bajo los últimos rayos crepusculares. Una noria gigante, árboles de acero de colores y magníficas carreteras advierten de lo que se va a encontrar. Independizado hace 52 años, Singapur es un joven Estado formado por sesenta y tres islas donde tradiciones milenarias y la más flamante modernidad fluyen en armonía. La mayor de ellas, Pulau Ujong, es la que se identifica con la ciudad-estado. Al norte está unida a Malasia por dos puentes, mientras que al sur delimita con el Mar de Indonesia.

Pese a ser uno de los países más pequeños del continente –y con mayor densidad de población, 5.607.000 habitantes para 719 km2–, se le considera uno de los cinco tigres asiáticos, junto a Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong y Malasia. Algo que han ganado a pulso gracias a su proverbial eficiencia, comparada por muchos con la suiza y de la que se sienten extremadamente orgullosos. Algunos señalan que también es tan previsible y limpio como el país helvético, mientras otros advierten que, tras la fachada, en Singapur se puede encontrar todo el exotismo asiático, pero sin sus bulliciosos inconvenientes. Cuestión de gusto.  

Orgullo y prosperidad

Bugis Junction, el primer centro comercial de Singapur (casi hay más grandes almacenes que bares en España), es la primera toma de contacto tras dejar las maletas en el hotel. Al calor de un frapuccino surge una conversación con Lu, estudiante de diseño con pinta moderna que tiene montado un tenderete en una de las mesas, con un portátil y cartulinas de colores. Cuenta que suele estudiar en esta cafetería por el aire acondicionado y se ríe al señalar sus mangas largas.

La climatización se toma casi como una religión para combatir los efectos de una temperatura que ronda los 30º en el exterior, a los que se suma la alta humedad. Sonríe también cuando se le pregunta por el gobierno en un susurro. Explica que en su país la gente está contenta con el bienestar económico. “La educación es muy buena, la sanidad es gratuita, nos ayudan con la vivienda… No vemos la necesidad de un cambio”, dice, y comenta que mientras Europa sigue en crisis, ellos la están capeando sin dificultades.

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Explica asimismo que a los locales les encanta charlar con los extranjeros y son curiosos y con mucho sentido del humor. Luego pide recomendación de sitios en Barcelona, ciudad que planea visitar. El orgullo de Lu o el del guía son lógicos teniendo en cuenta que Singapur es uno de los países más prósperos del mundo. No solo eso. También en cuanto a educación, obligatoria desde los 7 años, se ha convertido en una potencia mundial. Quizá por ese bienestar y todos los servicios de cualquier país occidental, lo cierto es que para ser un país asiático Singapur es bastante caro.

Subir en la noria gigante, el Singapore Flyer, de 165 metros de altura, cuesta casi el doble que visitar la Torre Eiffel de París. Los restaurantes y los hoteles buenos también tienen precios altos. Sin embargo, se puede encontrar comida extraordinaria y muy barata en los Hawker Centres, grandes espacios dedicados a la comida callejera, con puestos más ordenados y limpios que en el resto del continente.

Uno de los más bellos ejemplos de la modernidad local son los Gardens by the Bay (Jardines en la Bahía), una amplia zona ajardinada situada junto al complejo Marina Bay Sands, frente al corazón financiero de los rascacielos que jalonan la ciudad. En este frondoso parque destacan los gigantescos árboles de cristal y acero de Supertree Grove, que bien podrían salir de una película de ciencia ficción y que se elevan con sus colores arcoiris sobre el cielo conectados por largas pasarelas.

Pese a la belleza de los jardines temáticos naturales, los árboles metálicos se han convertido en la atracción más visitada del parque por su singularidad. Al final de él se accede a Marina Bay Sands, el emblemático complejo turístico que cuenta con hotel, una impresionante infinity pool en las alturas y numerosos restaurantes y tiendas. En la planta 57 está el animado Flight Bar & Lounge, con vistas espectaculares y donde preparan muy rico el Singapore Sling, el cóctel nacional que se creó en el mítico lounge bar del hotel Raffles.  

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Ciudad multicultural

Una parada en el Merlion Park permite contemplar el complejo de Marina Bay y la noria desde el otro lado de la bahía. La zona está llena de turistas y locales haciéndose selfies, el nuevo deporte nacional junto con ir de compras. En este embarcadero se encuentra una de las dos esculturas del parque de Merlion, el símbolo del país, una especie de figura mitológica compuesta por cabeza de león y cola de pez que representa a la ciudad león rodeada de agua.

En realidad, la imagen se creó en 1964 a petición del Ministerio de Turismo, que buscaba un emblema para sus campañas. Sin embargo, los singapurenses aman a su león-pez como si tuviera siglos de historia. Representa la juventud y la fuerza del país, su falta de lastres históricos y esa diversidad de la que se sienten tan orgullosos. Para hacerse una idea de la multiculturalidad de Singapur conviene recorrer tres de sus barrios: Little India, Chinatown y el Arab Quarter. Del Barrio Chino todo el mundo asegura que es el más limpio del mundo y es cierto, no hay más que mirar al suelo.

Durante las fiestas del Año Nuevo chino en enero se convierte en una gran fiesta, pero es interesante visitar sus tiendas, restaurantes y mercados en cualquier época. Además, hay que ir al templo rojo de cuatro pisos Buddha Tooth Relic, donde se supone que hay un diente de Buda y que hace las veces de museo religioso. La imaginería es preciosa y llena de colorido. En este barrio también se encuentra el Sri Mariamman, el templo hindú más antiguo de Singapur, que data de 1827, muy venerado porque quien lo visita obtendrá buena salud. A poca distancia se sitúa la mezquita Jamae Mosque, un ejemplo de sincretismo religioso arquitectónico.

Por su parte, el vecindario de Pequeña India supone un auténtico viaje al gigante asiático, aderezado con aromas de curry. Allí se pueden encontrar los sitos más baratos para ir de compras, como el Mustafa Centre, unos grandes almacenes cuya peculiaridad consiste en abrir las 24 horas del día y ofrecer de todo entre sus paredes... Everything is possible in Little India. De mediados de octubre a noviembre se celebra el festival de la luz, el Diwali, con grandes festejos por las calles decoradas con flores y ofrendas. Por último, Kampong Glam es el barrio árabe y uno de los mejores lugares para comprar telas de alta calidad y perfumes en las tiendas de Arab Street.

En él también se encuentra la magnífica Mezquita del Sultán, con su gran cúpula dorada. En junio se celebra un gran mercado en Geylang con motivo de la fiesta religiosa musulmana de Hari Raya Puasa. En todos estos barrios se disfruta de las costumbres, cocina y arte propios, pero, además, hay continuos ejemplos de una mezcla que impide la formación de guetos. La cultura Peranakan es el mejor ejemplo de cómo la tolerancia local ha conseguido casi una etnia propia.

Los Peranakan son hijos de las uniones, a partir del siglo XV, entre comerciantes chinos y mujeres malayas, birmanas e indonesias, aunque también algunos descienden de la mezcla con árabes, indios e incluso con holandeses y portugueses. El Museo Peranakan, en Armenian Street, muestra su historia, además de recrear sus objetos personales y ropas. Otros museos interesantes, situados en Civic District, son el Singapore Art Museum y el tour arquitectónico (en inglés) que hacen en la National Gallery Singapore para recorrer sus edificios históricos, los antiguos Ayuntamiento y Tribunal Supremo. Si se viaja con niños, el Museo de Juguetes MINT (26 Seah St) es ideal para pasar una mañana divertida.

Meca de las compras

Singapur es uno de los mayores centros de compras del mundo. La gran avenida de Orchard Road es una de sus principales arterias y está compuesta por más de dos kilómetros de sucesivos centros comerciales verticales situados en rascacielos donde se pueden encontrar todas las grandes firmas internacionales. También es el lugar perfecto para ir a un centro de belleza o manicura, otra de las obsesiones locales. Cuesta ver a alguien sin las uñas bien pulidas. A lo largo de las avenidas se suceden las relucientes paradas de Metro, esculturas modernas y gente con mucho estilo y bolsas de marcas colgando del brazo. Todo el mundo parece ir con prisa, muy elegantes o muy modernos, una forma de suplir la falta de dinero con creatividad.

Para concluir, nada mejor que una visita al Jardín Nacional de Orquídeas, en el Jardín Botánico, donde tienen más de 3.000 variedades de estas exquisitas flores. Este espacio cuenta con dos lagos. En uno de ellos, el Symphony Lake, los domingos hay concierto gratuito de la Singapore Symphony Orchestra para escuchar sentados sobre la hierba. En contraste con las modernas edificaciones, la naturaleza es otra de las debilidades nacionales del país, que, además de concentrar el mayor número de millonarios por habitante del mundo, también se jacta de tener más árboles por persona.

De regreso a la ciudad da tiempo para contemplar cómo discurre la vida por arriba y por abajo. Los túneles subterráneos que conectan los edificios y las calles sirven para evitar el calor, del mismo modo que las capas sociales estratifican una sociedad de la que apenas se vislumbra algo. Por su limpieza, orden y servicios, este destino es la puerta de entrada perfecta para quienes duden ante el bullicio y los fuertes olores que acompañan al continente asiático.

Aunque, quizá por esas mismas razones, tal vez quienes amen Asia añoren algo más de caos. Lo cierto es que Singapur, donde se mezclan con fluidez la modernidad con el respeto a las tradiciones y las culturas milenarias, consigue mantener el pudor de Oriente. Ese juego de cajones secretos que el viajero adora descubrir.

La verdadera riqueza

La Reserva del Humedal Sungei Buloh es la primera registrada en el país, en el año 2002. Situada en la frontera con Malasia y con más de 200 hectáreas, es una joya para los amantes de la observación de aves. Mejor aún si se conoce de la mano del guía Subaraj Rajathurai, experto en fauna salvaje que fue uno de los ecologistas que pidió al gobierno que la preservara. “En las reservas naturales está la verdadera riqueza de Singapur, la natural”, explica Raj.

En Sungei Buloh hay numerosos puentes colgantes y miradores de madera con forma de nidos para admirar y fotografiar a las estrellas del parque, aves como las garzas o los martín pescadores; la mejor época es de septiembre a marzo, por las migraciones. Además, en este ecosistema de manglares, lodazales y bosques se pueden avistar cocodrilos, nutrias, lagartos, termitas y murciélagos. De vuelta a la ciudad se puede visitar Bollywood Veggies (100 Neo Tiew Road), un santuario de la agricultura orgánica donde se come muy bien y sirven un refrescante té helado de higo o lemongrass.

Vete a comer

En el competitivo mercado gastronómico asiático, con gigantes como Japón o Tailandia, el diminuto Singapur ha conseguido hacerse un nombre. Mucha de la culpa la tiene su mestizaje de cocina india, malaya y china. A los singapurenses les gusta comer bien, en cantidad y calidad. Si se les pregunta qué hacer, todos repiten: “Vete a comer”. Las joyas de la corona son los 29 restaurantes con estrella Michelin que destaca la guía –que además edita una propia para este país–. Jöel Robuchon (26 Sentosa Gateway, Hotel Michael), con tres, es el más laureado.

Los más sorprendentes son dos puestos de comida callejera con sendas estrellas: Hong Kong Soya Sauce Chicken Rice and Noodle (Hawker Chan, 78 Smith St), donde por dos euros puedes probar los fideos con arroz y pollo que lo bautizan, y Hawker Tai Wah Pork Noodle (Crawford Lane), que ofrece entre sus especialidades un rico arroz con pollo al estilo cantonés por menos de tres euros. En ambos suele haber largas colas.