Siete lugares de España donde afianzar un amor (o perderlo para siempre)

Manuel Mateo Pérez
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Hay lugares en España que parecen hechos para confesarse el amor que sentimos por la persona que deseamos que nos acompañe para siempre. Otros, en cambio, parecen tocados por la tragedia y existen algunos más donde tras una separación definitiva anida la promesa de un amor por llegar.

Hasta que la muerte nos separe

Para problemas de pareja los que tuvieron que padecer Isabel de Segura y Juan Martínez de Marcilla, condenados a un amor imposible y conocidos tras su muerte como los Amantes de Teruel. Su mausoleo, una soberbia obra en alabastro del escultor Juan de Ávalos, está en la iglesia de San Pedro de Teruel, a un salto de la plaza del Torico. Por cierto, que las manos de los amantes no llegan jamás a tocarse.

La cima de los enamorados

La Peña de los Enamorados está en Antequera, próxima a la ciudad romántica de Ronda, ambas en Málaga. La leyenda nos cuenta que una princesa árabe y un soldado cristiano tuvieron prefirieron perder la vida saltando desde aquel roquedal antes que separarse. Desde la Alcazaba antequerana la peña es un símbolo del amor cuando se la observa a la caída de la tarde.

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Sí quiero en La Granja

¿Pedir matrimonio? Hay pocos lugares tan propicios como el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, el suntuoso retiro que mandó construir el rey Felipe V. Decir sí al lado de sus barrocas y afrancesadas fuentes, bajo el aire fresco que desciende de la Sierra de Guadarrama, puede convertirse en un momento inolvidable. Luego se puede rematar la pedida de mano en alguno de los hoteles con encanto que posee este suntuoso retiro segoviano.

Un amor urdido por Celestina

El huerto de Calixto y Melivea fue el escenario de los amores de unos apasionados jóvenes amancebados por las diestras artes de la Celestina. Escenario del trágico final de la novela de Fernando de Rojas, el huerto es hoy un delicioso espacio ajardinado situado sobre la muralla de Salamanca, desde el que se advierte una hermosa vista de la Catedral y la ribera del río Tormes. Por las noches aseguran que aún resuenan los pasos de la alcahueta más famosa de la literatura española.

Entre San Polo y San Saturio

Don Antonio Machado dejó escrito que en las cortezas de los olmos que se alzan entre San Polo y San Saturio, a orillas del río Duero, hay grabadas iniciales que son nombres de enamorados, cifras que son fechas. Hoy, como cuando el poeta sevillano paseaba estas orillas de Soria en compañía de su esposa, la joven Leonor Izquierdo, sus árboles también acogen idénticos corazones, iniciales de nombres de hombres y mujeres y los meses y los años en que se prometieron amor eterno.

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Amor secreto en el Generalife

Cuenta la leyenda que en el patio del Ciprés del Generalife de Granada la esposa de Boabdil, último rey de Granada, se reunía para ofrecerse a los besos y las encendidas caricias del jefe de los Abencerrajes, el clan rival de los nazaríes. Hoy aquel lugar apartado, bañado por las aguas que descienden por la escalera romántica, parece el rincón escondido de los amantes infieles. Debajo del ciprés, del que hoy solo queda su tronco de madera, hay quienes se besan, no sabemos si para jurarse amor eterno o amor fugaz.

Un final del mundo, un final para el amor

Hay lugares donde resulta menos doloroso poner punto y final a una historia de amor. Son lugares simbólicos y extremos como el cabo de Finisterre donde hasta hace unos siglos se creía que se hallaba el fin de la tierra. Esa dualidad puede hacer más llevadero el mal trago de la separación y quién sabe si tras al atardecer en que se puso fin al amor pasado aguarda el amanecer de un amor por llegar.