La Senda del Castañar en otoño

Uno de los bosques más bellos de castaños que existe en Europa, se alza soberbio en El Tiemblo. En la rica Reserva Natural del Valle de Iruelas, se encuentra un inmenso castañar colmado de majestuosos ejemplares centenarios que se funden con robles, avellanos y acebos.

Irene González
 | 
Foto: Irene González

Parece impensable que a tan solo 45 kilómetros de Ávila y a 90 de Madrid se encuentre un bosque de ensueño, donde se podrían recrear miles de leyendas entre sendas cuajadas de castaños. En la generosa Ávila, en plena Reserva Natural del Valle de Iruelas, se encuentra un colosal castañar colmado de majestuosos ejemplares centenarios que se funden con robles, alisedas, avellanos, pinos y acebos.

Para acceder a este bosque de colosos hay una pista ancha y cómoda de unos siete kilómetros que parte desde el Tiemblo. La subida es una suave delicia, un agradable camino de ascenso hasta la Senda del Castañar que ofrece un paraje sin igual. A la derecha, un magnífico bosque de pino resinero, donde pastan a sus anchas las famosas reses de Ávila. Y a la izquierda, la espectacular panorámica de la garganta del Yedra y la coral melódica de las numerosas colonias de aves que habitan el pinar. Al final de la pista forestal se alcanza el área recreativa El Regajo, una pradera ideal para descansar de la subida, antes de cruzar el puente que adentra en la misteriosa Senda del Castañar. En este bosque fantástico, los espigados ejemplares se alzan solemnes, y casi rozan el cielo de esta increíble reserva natural.

La Senda del Castañar nos sumerge en un mundo de colores, en un soñado bosque de colosos, casi exclusivo en su especie. Otoño es sin duda la época ideal para recorrer los bosques de árboles de hoja caduca, y la Senda del Castañar, es inmejorable para disfrutar de un soleado día de la romántica estación. En estas antiguas tierras castellanas, los matices se diversifican, los colores se multiplican y los pequeños frutos cubren el entorno. En la Senda del Castañar, las hojas marrones, rojizas, amarillas y cobrizas, algunas en los árboles y muchas en el suelo, son un regalo para la vista. En este bosque de cuento se suceden los troncos recios, solemnes, altos, de cortezas curtidas, de leños cuajados de nudos. Plagada de helechos, cerezos y alisos, esta arboleda fascinante huele a tierra húmeda, a montaña y a naturaleza. Este bosque de castaños centenarios, que es sombrío, fresco, y está colmado de árboles colosales, es sin duda la escapada perfecta para los primeros días de otoño.