Recorremos las entrañas de Puerto Princesa

En Filipinas, en la isla de Palawán, el río subterránero navegable más largo del mundo es un prodigio de la naturaleza que guarda en sus entrañas un ecosistema fascinante. Por algo es Patrimonio de la Humanidad y una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo.

Noelia Ferreiro
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Foto: robertharding / ALAMY

Es un universo surrealista con catedrales de caliza y alocadas formaciones que bien podrían servir de plató a una película de George Lucas. Una joya natural que encontramos en Puerto Princesa, la capital de Palawán, tal vez una de las provincias más tentadoras de ese sueño del trópico que es Filipinas. Porque esta isla alargada como una barra de pan y desmigajada en sus extremos en un puzzle de atolones paradisíacos, también tiene el honor de albergar este río subterráneo sin igual, el más largo navegable de todo el mundo.

Se le conoce tal cual, como el río subterráneo de Puerto Princesa, y circula a lo largo de 8,2 kilómetros por las entrañas semisumergidas del Parque Nacional del mismo nombre. Recorrer parte de su curso, a bordo de una suerte de canoa, es una experiencia inolvidable. Una incursión que puede ser de una a tres horas y en la que se descubre un universo fantástico declarado Patrimonio de la Humanidad y, desde 2011, una de las nuevas Siete Maravillas del Mundo Natural.

robertharding / ALAMY

El río subterráneo es el resultado de la erosión del agua que, gota a gota, fue moldeando estos pasajes internos a lo largo de miles de años. Pero es también una entidad viva y palpitante de la tierra puesto que la cueva continúa su formación mineral, la misma que la convierte en un área emocionante para la investigación y la ciencia.

Para el viajero de a pie resulta también conmovedora. Nada puede haber más sorprendente que adentrarse en este pasadizo de estalactitas enormes, cavernas esculpidas de manera imposible, lagunas heladas de colores brillantes y una atmósfera que pudo ser el preludio, mucho antes de la invención del cine, de las más bellas escenas de la ciencia ficción. A veces la altura del techo es muy reducida; otras, se trata de cámaras abiertas.

Luego está la oscuridad, interrumpida por las lámparas de los guías cuando tratan de mostrar alguna curiosidad; y el silencio espectral, tan sólo roto por los chillidos de los murciélagos. Y es que aquí tiene su hábitat una de las especies más raras de esta familia de mamíferos con alas: el murciélago zorro volador, el más inmenso del mundo, cuyas alas pueden llegar a medir un metro y medio. Un auténtico Batman gracias al cual se lanza una recomendación: la de no abrir la boca cuando se mira hacia arriba, no sea que, de repente, caiga algún excremento.

robertharding / ALAMY

Los murciélagos, éste y otros ejemplares menores, son los reyes de este río subterráneo que vacía sus aguas en el Mar de China. Pero en ningún modo son los únicos habitantes. Ardillas, monos, pitones, varanos, lagartos… y hasta ocho mil especies de insectos pueblan estas profundidades. Eso, sin contar a los llamados troglobios, animales raros que han evolucionado adaptándose a la vida trogolodita, es decir, que ven trascurrir su vida en las más absolutas tinieblas. 

Por suerte, quienes recorran este río, podrán ver de nuevo a la luz. Y no una luz cualquiera sino la de Puerto Princesa, donde el 20 % del territorio es una selva que da paso a un ramillete de playas impolutas. Todo belleza.