Guadalupe, un mundo a los pies del Real Monasterio

A esta bella tierra extremeña, de exuberante naturaleza, llegaron Cervantes, Colón, los Reyes Católicos, Felipe II y Santa Teresa de Jesús. Fue un importante núcleo cultural y científico extraordinario. Tuvo escuela de Medicina, de Gramática y una potente biblioteca. La puebla de Guadalupe y su entorno guardan, en otoño cuando se celebra el Día de la Hispanidad, un encanto irresistible.

Irene González
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Foto: jgaunion / ISTOCK

Cuenta la leyenda que allá por el siglo VIII, en plena invasión árabe, unos monjes escondieron una imagen de la Virgen y varias reliquias, junto al río Guadalupe. Muchos siglos más tarde, a finales del XIII, con la zona ya en manos de los cristianos, la imagen de la Virgen fue encontrada por un pastor cuando buscaba una vaca que se había perdido. Al parecer, esta imagen obraba milagros, y los relatos sobre ella empezaron a correr como la pólvora, hasta que llegaron a oídos de Alfonso XI. El monarca intrigado, acudió a la pequeña ermita donde estaba la virgen y, tanto le impactó, que donó dinero para que se construyera una iglesia. Y así, poco a poco fue ganando importancia, hasta convertirse en un inmenso monasterio encajado en la linda puebla que empezó a crecer a su alrededor.

Mucho tiempo después, ya en 1928, el rey Alfonso XIII corona a la Virgen de Guadalupe como reina de la Hispanidad. Así que el 12 de octubre, fecha de unión entre Europa y América, se celebra el Día de la Hispanidad, jornada donde la virgen de Guadalupe es reina. Además, Guadalupe es la patrona de Extremadura, por lo que cada año miles de peregrinos, y cientos de caballistas, en un bello espectáculo de color y sensaciones, se reúnen delante del Monasterio para rendir homenaje a su patrona.

Guadalupe es el reino de reyes, que por tradición, han acudido a este Real Monasterio. Su impresionante belleza hizo que en 1879 fuese declarado Monumento Nacional y en 1993 la UNESCO lo galardonó con la distinción de Patrimonio de la Humanidad. Otoño es una de las estaciones más hermosas para recorrer esta magnífica tierra extremeña por su excitante gama de colores, y su exuberante naturaleza. Sus gentes, sus rincones, su patrimonio, su ecosistema y su sabrosa gastronomía, hacen de esta tierra un lugar por explorar.

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Guadalupe, patrona de Extremadura

Todo en esta bella localidad gira en torno al arte y a la historia y, en especial, al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe. Esta impresionante obra arquitectónica posee un magnífico claustro mudéjar, un espectacular coro, y varios museos que atesoran obras de Zurbarán, Goya, El Greco y Juan de Flandes. Muy cerca está el antiguo Palacio del Marqués de la Romana, construido en el XVI como Colegio de Infantes. Hoy es el Parador Nacional donde hacer un alto para visitar su patio. Pasear por la antigua judería de Guadalupe es hacerlo en el tiempo, ya que conserva bellas casas de los siglos XIV al XVI, con magníficos soportales de madera y lindos balcones cuajados de flores. En Guadalupe cada rincón tiene un gusto especial. Es imprescindible recrearse en la panorámica de Guadalupe desde la ermita del Humilladero, hasta donde llegaron Cervantes -para traer los grilletes con los que estuvo preso en Orán- y el almirante Colón e Isabel y Fernando, entre otros mucho monarcas.

Navalvillar de Ibor y Castañar de Ibor

A unos 20 kilómetros hacia el norte, se encuentra Navalvillar de Ibor, donde es imprescindible detenerse para degustar uno de los grandes quesos elaborados en toda la península. Aquí está una de las mejores queserías de la comarca donde, si los curados son deliciosos, los más tiernos, casi cremosos, son una exquisitez. Hacia el norte, aparece Castañar de Ibor, enclavado en una zona montañosa de insuperable paisaje. Castañar conserva su genuina arquitectura popular, así como el secreto con el que elaboran sus selectos quesos denominación de origen. Por esta tierra es obligatorio recorrer su castañar, con 17 ejemplares de más de 500 años y una altura de más de 17 metros. Se encuentran en la garganta del arroyo Calabazas, y para admirarlos hay que seguir una ruta senderista que parte de la población y acaba en un risco por el que se despeña el arroyo en una llamativa chorrera. Aunque, sin lugar a dudas, la gran sorpresa que depara Castañar es el prodigio geológico que guarda. La Cueva de Castañar, una cavidad kárstica de espectacular belleza y valor científico, considerada una de las más interesantes de todo el territorio español. En este prodigio natural, el aragonito y la calcita, teñidos a veces por los óxidos del hierro y el manganeso, proporcionan un auténtico espectáculo de formas y colores. Para visitarla es imprescindible pedir cita.

Portico de Curia, en el embalse de Valdecañas. | angel manzano / ALAMY

Mesas de Ibor y el embalse de Valdecañas

Hacia el norte aparece Mesas de Ibor, con el abrupto cauce del río Ibor, sorteado por el puente medieval de Las Veredas, de un solo ojo y de impresionante semblante granítico. Muy cerca están las Marmitas de Gigante, unas grandes pozas circulares esculpidas en el granito por el roce de las piedras. Mesas no llega a 200 habitantes que disfrutan de una naturaleza generosa y grandes parajes naturales gracias a los ríos Ibor y Tajo. En Mesas hay que pasear por el paraje de las viñas, donde se encuentran varias tumbas altomedievales que pueden indicar que aquí se alzaba una villa romana. A menos de 10 kilómetros, a orillas del Tajo y sobre el embalse de Valdecañas, está el pórtico de la curia de Augustóbriga. Está formado por seis majestuosas columnas conocidas como Los Mármoles, que estaban en plena calzada romana, la que unía las ciudades de Caesaróbriga y Emérita Augusta. Muy cerca están las columnas del templo de la Cilla. El embalse de Valdecañas guarda en su fondo restos de la ciudad romana y más de 450 casas de Talavera la Vieja. A pesar de ello, este pórtico, rodeado de encinas negras, conforman un espectáculo con un atractivo excepcional.

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Geoparque Villuercas-Ibores-Jara

Ya de vuelta hacia Guadalupe, muy cerca de esta linda puebla, es imprescindible recorrer el Geoparque, una impresionante área natural por su singular patrimonio geológico. Este conjunto orográfico fue declarado Geoparque cuando entró a formar parte de las Redes Europea y Global de Geoparques, auspiciadas por la UNESCO. Y además, desde 2015, la misma institución lo ha considerado Geoparque Mundial. Este parque geológico extremeño es un enorme macizo montañoso erosionado durante millones de años, donde las rocas, los minerales y los fósiles explican la historia de la Tierra en ese lugar. Desde el risco de la Villuerca, el punto más alto del parque, se pueden contemplar, según afirman los geólogos, las montañas más viejas de Europa. La panorámica que ofrece el risco de la Villuerca endulza la vista por sus valles, rañas y por la perspectiva del Monasterio en todo su esplendor. Desde aquí, los más intrépidos pueden decantarse por la ruta de Alfonso Onceno. Son 18 kilómetros desde Navazuelas hasta Guadalupe, por el mismo camino que seguía el rey cuando aquí venía a cazar osos.