Cinco puentes que hay que cruzar (por lo menos) una vez en la vida

Por su belleza o por su carga icónica o porque enlazan mundos y vidas

Noelia Ferreiro
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Los hay tan cinematográficos que sólo su mera imagen nos remite a escenas eternas. Pero también simbólicos, decisivos en el curso de la historia, polémicos, controvertidos o simple y llanamente bellos. Cualquiera que sea el motivo, al menos estos cinco puentes se han de cruzar una vez en la vida.

Golden Gate (San Francisco)

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Claro. Cómo no maravillarse con este puente colgante de color bermellón que, con sus 2,7 kilómetros de longitud y 227 metros de altura, es uno de los más largos y altos del mundo. Y que es, ante todo, el símbolo de San Francisco. Inaugurado en el año 1937, existen varios miradores para contemplarlo en perspectiva, aunque el más apropiado es el de Dana Bowers (también llamado Vista Point), cuya panorámica alcanza, además de la bahía, a la ciudad al completo. Si a alguien le da por contar sus alambres, que sepa que con ellos se podría dar la vuelta al mundo nada menos que tres veces.

Puente de Carlos (Praga)

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Pocas imágenes resultan más románticas que la de este puente que comunica la Ciudad Vieja (Stare Mesto) con la Ciudad Nueva (Malá Strana) de la capital de la República Checa. La ciudad que es el paradigma de la belleza tiene en este monumento la atracción más visitada (o transitada más bien), puesto que nadie quiere perderse este corto trayecto (apenas 520 metros de largo) que condensa tanto atractivo. A saber, 16 arcos, 30 esculturas y todo un barniz de leyendas que invitan a pedir deseos que quizás serán concedidos. Y si por el día resulta encantador, no hay que perderse su visión nocturna a la luz de los faroles amarillentos y con mucho menos trasiego.

Puente Vecchio (Florencia)

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Es el puente de piedra más antiguo de Europa y la imagen más representativa de Florencia, la ciudad italiana que es la cuna del Renacimiento. No hay crepúsculo más hermoso que el que tiene lugar en su pasarela sobre el río Arno, con la ciudad encendida en tonos naranjas y las luces de las antiguas orfebrerías reflejadas en las aguas. Además de sus casas suspendidas (las que lo convierten en uno de los pocos puentes habitados del mundo), esconde el Corridoio Vasariano, una extensa galería mandada construir por los Medici para unir el Palacio Vecchio (el palacio de gobierno) con el Palacio Pitti (su residencia).

Las Manos de Dios (Vietnam)

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Incluimos en la lista esta reciente construcción con un carácter sorprendente. Se trata de la última joya arquitectónica de Vietnam, erigida en las colinas de Ba Na. Un puente formado por una pasarela de 150 metros, suspendida a nada menos que a 1.400 metros. Lo curioso es que son unas manos gigantescas las que sostienen esta estructura. Por eso, aunque su verdadero nombre es Cau Vang, los visitantes se han apresurado a rebautizarlo como “Las Manos de Dios”.

Puente Nuevo (Ronda)

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No podía faltar un puente patrio tan llamativo como este de Ronda (Málaga), construido en piedra de sillería sobre otro anterior que se derrumbó seis años después de su construcción. Un puente que salva un abismo de cien metros sobre el río Guadalevín y que une las dos zonas históricas de la ciudad malagueña. Más allá de su belleza (no apta para quienes sufren de vértigo) hay una curiosidad que dice que, en este punto, llueve hacia arriba. Es el efecto del viento, cuando sopla con ferocidad bajo los arcos y eleva el agua del río de tal manera que las gotas se disparan.