Ánimas celtas, por Luis Pancorbo

Hay muy buenas fuentes en la región pontevedresa de Ribarteme, aunque está mejor el vino blanco que pisan en los lagares de sus casas en estas colinas que se alzan sobre el río Miño con una noble tenacidad.

Luis Pancorbo

Hay muy buenas fuentes en la región pontevedresa de Ribarteme, aunque está mejor el vino blanco que pisan en los lagares de sus casas en estas colinas que se alzan sobre el río Miño con una noble tenacidad. El calor parece impropio de una tierra norteña, pero la sequía no perdona y menos durante la luna de julio. Pero eso no es lo que realmente importa. Algunos romeros no van a pie entre músicas y rezos, sino que los llevan metidos en ataúdes. Y ésa es la cuestión todos los años por el 29 de julio: agradecer a Santa Marta la gracia concedida, la salud recobrada. Si para eso hay que ir dentro de una caja de muerto, no hay ningún problema. También en tierras coruñesas, en San Andrés de Teixido, se dice que allí va de muerto quien no fue de vivo.

Galicia ha cambiado mucho y, a veces, va en planeadora, pero para uno sigue siendo una tierra fabulosa, con un punto de indeterminación con muchas hojas y raíces. Esto no quiere decir que todo se haya de inscribir en la manía por lo céltico, onda que ahora quiere englobar desde las Hébridas Exteriores en Escocia hasta el Bierzo leonés. Galicia es latina y no gaélica en muchos aspectos, empezando por su idioma, aunque el ramalazo, o el alma para quien prefiera, se acompasa bien con la declinación del ciclo anual tal como lo entienden los paisanos galeses, irlandeses y demás. Así, el 1 de mayo es Beltane, el principio de verano, y Lughnasa, o fiesta de la primera cosecha, cae el 1 de agosto. En Samhain, el 31 de octubre, se exorcizan las brujas y los fríos, algo parecido al Halloween, o a la fiesta católica de Difuntos.

Sería un poco exagerado acoplar eso a Galicia al pie de la letra, lo mismo que ponerse en plan vikingo en las fiestas de Catoira, donde si acaso tiene un punto convertir la sangre en vino de Ribeiro. Eso no impide que la gente gallega ame la tierra (menos los pirómanos, otra especialidad local), el musgo, la lluvia. Se hacen licores con plantas tan ariscas como el tojo o la néboda , como llaman en el Miño a una especie de menta salvaje. Pero es que si uno se mete en un bosque gallego, con sus frondosidades inquietantes, aunque sean de eucaliptos azules como en Chavín, entiende que de lo que se mama se elucubra, y de las nieblas salen las imágenes de meigas , de meigos , y de sus hechizos o meigallos . La fertilidad gallega para lo que no se ve es extraordinaria y ahí están, o estaban, los vedoiros, gentes con facultades adivinatorias. Lo que nunca estuvo claro fue si los baluros de la terra chá , o tierra llana, de Lugo, eran una raza maldita o unos mantequeiros o unos santeiros dados al conjuro y la chiribita, aunque últimamente, por mor de la reconstrucción del folclore, ya haya una fiesta balura en Castro de Rei, el 15 y 16 de julio, con su grupo de gaitas para amenizar la romería.

Pero uno va por Santa Marta en julio y se pone las pilas para el año; no necesita ir a Cornualles ni a Comors, que tampoco están nada mal de piedras y brumas. Cerca de Santa Marta hay sitios como Eiró y la Ermita de As Pedriñas, donde ponen flores y ofrendas en un peto de ánimas .

Esos petos son maravillas de piedra labrada gallega, como los cruceiros en los que se enclavan, y donde a veces luchan las serpientes y los santos (hay uno así en Mondariz). El peto sería la hucha donde se echan las limosnas para las ánimas, las que antaño iban a ese territorio ambiguo del purgatorio.

Desde luego, en Galicia las ánimas, celtas o menos, recibieron un culto ancestral, como en general los muertos, pues no está claro a dónde van a parar los que se mueren. La claridad es la peor enemiga. "¿Qué tal compraste el cerdo?", le preguntaron a un paisano al volver de la feria, y éste contestó: "No lo saqué por menos ". Eso recuerda a los irlandeses, pero también a los muy precavidos sijs de la India. En un concurso de la televisión india le preguntan a un sij cómo se llama, y contesta: "¿Cuáles son las opciones?".