Distrito Southwark de Londres

De barrio rojo a refugio de la bohemia. Así ha sido la transformación de este distrito de Londres asentado en la orilla sur del Támesis. Hoy, lejos ya de su sórdido pasado, es la zona ideal para el "afterwork" y la marcha más apetitosa.

Noelia Ferreiro

Haría falta remontarse a los oscuros orígenes portuarios de este arrabal de la orilla sur del Támesis para comprobar, una vez más, ese pulso modernizador que ha caracterizado siempre a la capital británica. Una capacidad de reciclaje que consiste en añadir nuevas facturas arquitectónicas a edificios tradicionales y en convertir una zona fea y degradada en un distrito alternativo de moda. Esto es lo que sucedió con el llamado Southwark, encajado entre la parada de metro del mismo nombre y aquella otra de London Bridge. De la noche a la mañana, esta suerte de barrio rojo comenzó a verse revestido de vanguardia. Antiguos almacenes fueron sustituidos por espaciosas galerías de arte, mientras quedaban atrás tascas y tabernas de sórdida reputación, reconvertidas en restaurantes chic a la vera del viejo muelle. Vivir en la ribera del río volvía a ser un privilegio exclusivo, como dejaban percibir los carísimos apartamentos y lofts que empezaron a prosperar por la zona.

Claro que para ello tuvo que llegar antes otro hito del diseño carismático: la Tate Modern, un coloso de ladrillo que nació como central eléctrica y que, gracias al talento visionario de Herzog de Meuron, se erigió, allá por el año 2000, en uno de los museos de arte moderno más visitados del mundo. Y tuvo que llegar también el Millennium Bridge, que daba conexión a la zona con la margen opuesta del río, esto es, con la City, el distrito financiero y de negocios.

A pesar de este renacer, el Southwark se jacta de albergar el mercado más antiguo de Londres, el Borough Market, que ya abastecía a los vecinos en tiempos del Imperio Romano y que es hoy un templo de delicatessen con delicias del mundo: desde ostras de Colchister hasta filetes de avestruz de Sudáfrica y jamón ibérico extremeño. Justo encima, para los que prefieran comer en mesa y mantel, está Roast Restaurant, un restaurante con platos típicamente británicos.

Con ambos, las calles de este barrio emergente han alumbrado un nuevo foco gastronómico que es ideal para el afterwork, como demuestran sus calles atestadas de gente a la caída de la tarde, y especialmente de periodistas, dado que el Financial Times se encuentra en sus proximidades. Abundan también los pubs para tomarse una buena cerveza: Founders Arms, Anchor?, Vinópolis ... Y tampoco falta un museo, The Clink Prison, que recrea una prisión medieval, ni un teatro: un jovencito William Shakespeare, recién llegado de Stratford upon Avon, eligió el Southwark para estar cerca de The Globe, teatro que acogería la representación de Hamlet y de Romeo y Julieta, y que hoy es el Shakespeare''s Globe Theatre.

Luces, rebajas y pasión por la Navidad

A los británicos les apasiona la Navidad tradicional, con sus luces, su decoración y su folclore. Desde 1947 es tradición que Noruega regale un abeto a Gran Bretaña por su apoyo en la Segunda Guerra Mundial. La ceremonia de encendido de este árbol en Trafalgar Square a principios de diciembre es uno de los acontecimientos más esperados, como lo es el Boxing Day, el día después de Navidad, con el comienzo de las rebajas y sus irresistibles descuentos.