Cinco planes en Madrid que enloquecerán a tu pareja

Ni veladas imposibles ni restaurantes prohibitivos. Presentamos unas propuestas sencillas y al alcance de todos para vivir un San Valentín original

Noelia Ferreiro
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Foto: http://www.madrid.es

Porque el amor aparece de pronto bajo un rayo de luz o en la calle desierta de una madrugada fría o en el fragor cañí de una taberna. Madrid puede ser la ciudad más romántica del mundo cuando se suelta la melena, pero también cuando se sonroja y se esconde detrás de un visillo. No hace faltar alumbrar planes fuera de lo común para celebrar esta fecha edulcorada. Lo importante es sorprenderse. Y reírse. Y volver a enamorarse de los pequeños detalles.

Un paseo por los Jardines del Capricho

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Algo tan simple (y tan económico) como esto puede ser una propuesta perfecta para un día tan señalado. Porque puede que no sepas que el rincón madrileño más romántico se encuentra en Alameda de Osuna, cerca de Barajas. Se llama Parque del Capricho y es un parque del siglo XVIII con jardines de estilo francés que son toda una explosión de belleza. Hace frío, sí, pero no hay nada más relajante que pasear entre su palacete y su pequeña ermita, que detenerse a admirar sus estanques y sus pequeños riachuelos. Sin voces ni ruidos de coches ni nada que perturbe la paz. ¿Cuánto tiempo hacía que no vivíais este momento? ¿Qué tal una declaración de amor en alguno de sus recovecos? Seguro que no falla.

Compartir una "romántica" pizza

Grosso Napoletano

Sí, puede que suene descabellado, pero el bocado italiano por excelencia puede convertirse de pronto en el más idóneo menú en una noche de amor. Porque para vivir una velada exquisita no hace falta tirar de champán ni hipotecarse con el caviar más caro. Una pizza en forma de corazón, ¿hay algo que pueda epatar más? Las sirven en los dos establecimientos de Grosso Napoletano (en Hermosilla, 85 y en Santa Engracia, 48) durante San Valentín. Pizzas auténticas y deliciosas, de masa fina y elástica, elaboradas en horno de leña al estilo tradicional. Ahora que este plato ha sido catalogado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, es momento de degustarlo en pareja con este original formato. Y para quienes quieran hacerlo en casa, también se pueden pedir a domicilio. A falta de flores, díselo con pizza.

Visitar el Museo del Romanticismo

Museo del Romanticismo | JJFarquitectos / ISTOCK

Has pasado mil veces por su puerta y nunca se te ha ocurrido entrar. Gran error, pero prueba a remendarlo en un día como éste. Y no sólo porque así podrás añadir un toque cultureta al encuentro con tu enamorado/a, ni tampoco porque su temática, con semejante nombre, no pueda venir más a huevo. Recomendamos hacerlo sobre todo porque se trata de una maravilla. El Museo del Romanticismo es un coqueto palacete de Malasaña que recrea la vida cotidiana y las costumbres de la alta burguesía durante el periodo en que tuvo lugar este movimiento cultural. Además, junto a las reliquias que encontrarás en su interior, una grata sorpresa te aguardará fuera: el Café del Jardín, una encantadora terraza cubierta de vegetación, donde degustar un café entre suspiro y suspiro.

Comer unos bombones afrodisíacos

Flor D’KKO

Despertar el lado más sexy, sucumbir a la tentación. Porque el amor también tiene algo de picatón, qué mejor plan que deleitarse con estas delicias de la chocolatería madrileña Flor D’KKO en el barrio de Salamanca. Se trata de bombones y trufas de champán rosé creados con altos niveles de teobromina para estimular los sentidos. Es la propuesta para San Valentín de este original obrador que elabora sus dulces en directo y de manera artesanal. Para quienes quieran regalarlos a su pareja existe el servicio Tentation Aphrodisiaque, que ofrece la posibilidad de personalizar los encargos acompañándolos de un vídeo con el proceso. El resto será dejarse llevar…

Un atardecer especial

SOMATUSCANI / ISTOCK

Como por ejemplo el que se obtiene desde el apenas conocido Cerro del Tío Pío, apodado el parque de las siete tetas. Un espacio verde del barrio de Vallecas que debe tan sugerente sobrenombre a los siete montículos tapizados de césped, desde los que se divisa en panorámica toda la ciudad. Ideales para un improvisado picnic (si el mal tiempo no lo impide) y, cómo no, para ciertos arrumacos, es sobre todo en la puesta de sol cuando se alcanza el momento más especial. Madrid se va apagando lentamente con la silueta recortada de los edificios y la sierra blanca en el horizonte.