Alojarse en una galería de arte

The Pavilions Madrid es el primer boutique art hotel donde además de vivir una experiencia estética y sensorial, los huéspedes pueden adquirir las obras expuestas.

Noelia Ferreiro
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Foto: syolacan / ISTOCK

Nada más entrar, un gigantesco oso recostado irrumpe ante los ojos, emulando un sofá (¿o es al revés?) en medio del lobby. Junto a él, una columna con hojas de latón recrea el tronco de un árbol dorado y reluciente. El conjunto, por si aún no se ha adivinado, es una genial alegoría del icónico El Oso y el Madroño indisociable de la capital. La pieza con la que se da la bienvenida en el primer hotel del país que es una galería de arte.

Se trata de The Pavilions Madrid, una flamante apuesta hotelera que está dando mucho que hablar. Porque más allá de un elegante alojamiento en el corazón de la ciudad, esta nueva incorporación encierra un concepto rompedor: el del llamado boutique art hotel, en el que todo gira en torno al arte. Una filosofía que da una vuelta más de tuerca a la ya codiciada idea de dormir en un museo: aquí los huéspedes incluso pueden adquirir las piezas de a arte expuestas tanto en sus habitaciones como en los espacios comunes.

Lobby de The Pavilions Madrid. | The Pavilions Madrid

Emplazado en una silenciosa calle junto a la Plaza de Colón, este cuatro estrellas, que se trata de la única propiedad en España de una prestigiosa cadena, es en realidad una especie de sucursal de la Galería Álvaro Alcázar, que acoge la obra de aclamados artistas contemporáneos desde su espacio de la calle Castelló. Esto significa que se trata de un espacio expositivo inusual que brinda no sólo alojamiento sino también una experiencia estética y sensorial.

Una cuidada selección de piezas, algunas creadas ex profeso para el hotel, preside cada una de las estancias con la intención de renovarse temporalmente, tal y como acontece en los espacios artísticos. Para esta fase inaugural se han seleccionado obras de artistas españoles e internacionales como Guillem Nadal, Rafael Canogar, Simon Edmondson, Antonio Murado, Marcelo Burgos o Bosco Sodi, entre otros.

Habitación de The Pavilions Madrid | HOTEL PHOTOGRAPHY SRL

Desde la rehabilitación del edificio, que ha sido llevada a cabo por el estudio de arquitectura Marincola, hasta las zonas de tránsito, el arte está presente en cada detalle. En las habitaciones (25 elegantes estándar y tres suites con agradables terrazas) las paredes en tonos rojizos, grises y azulados son el telón de fondo de elegantes grafías en blanco y negro que, estampadas sobre tela, recrean bonitas imágenes de la vida madrileña.

Arte, que además se puede disfrutar más allá de sus instalaciones. The Pavillions se encuentra excelentemente ubicado para explorar tanto los principales museos de la capital como sus mejores galerías de arte. Un baño de cultura y también, por supuesto, de shopping, que para eso quedan a un paso las exclusivas tiendas del barrio de Salamanca.

Tanta actividad nos lleva al apartado gastronómico, otra de las grandes bazas del hotel. Para ello está, revestido también (cómo no) de un carácter artístico, el restaurante emplazado en el propio lobby, que está llamado a convertirse en uno de los grandes templos culinarios de la ciudad. Se llama Guillermina y está comandado por el joven chef Guillermo Salazar, que cuenta con una amplia trayectoria internacional.

Ceviche de corvina de Guillermina. | Felipe Scheffel Bell

Su propuesta, alta cocina mediterránea con originales toques fusión, redunda en deliciosos platos con una base de producto español pero con guiños a los fogones asiáticos (especialmente japoneses y coreanos) y a la alta gastronomía americana. Esto quiere decir que en la carta encontramos tanto delicias como jamón ibérico de Guijuelo o anchoas de Santoña en su versión más creativa, como gyozas rellenas de callos a la madrileña o ensaladilla rusa de centollo con mayonesa de marisco y txangurro.

No hay que perderse el componente de RAW BAR o sección cruda (ostras Guillardeu con aderezo francés, tiradito de corvina con lima y piparras o steak tartar de solomillo) ni la lubina con curry de calabaza o el lomo bajo de 30 días de maduración con celery y trufa. Y todo ello, en un luminoso espacio con techo retráctil y decoración vegetal que hace de este restaurante un auténtico oasis en el asfalto.