Valle de Arán, el alma de los Pirineos

La cumbre más elevada de los Pirineos, el Pico Aneto, se asoma desde las alturas a una comarca mágica. Un territorio que se extiende hacia territorio francés con el desparpajo que le otorga su personalidad gascona, sabiéndose poseedor de una identidad y unos paisajes que enamoran a uno y otro lado de la frontera. El Valle de Arán, el país de las esencias de los Pirineos, se abre ante nosotros.

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: JAVIER SANCHEZ

Corría el año 1283 cuando el valle de Arán pasó a manos francesas por un periodo de casi 30 años, hasta que en 1313 le fueran concedidos los privilegios de la Era Querimònia. Gracias a esta Carta Magna, el territorio comenzó a gozar de una autonomía y un autogobierno que se mantendría durante 500 años, hasta que la invasión napoleónica devolviera brevemente la comarca a manos francesas, hasta 1815, momento en el que pasó a formar parte de la Corona española.

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La estrecha relación del valle de Arán con Francia no es fruto de la casualidad. Más allá de la prominencia visual que supone en los mapas penetrando en territorio francés, las altas montañas pirenaicas que lo bordean, con medias de 2.000 metros de altitud, han aislado a la comarca del territorio español hasta el siglo XX, mientras que la única salida al exterior miraba hacia el país vecino.

Marcado por el nacimiento del río Garona, uno de los cursos fluviales más importantes de Francia y uno de los más grandes de la Europa occidental, el valle de Arán está unido física y culturalmente al país galo.

Iglesias de Sant Andrèu en Salardú (primer término) y Santa Eulària en Unha (en segundo término). | JAVIER SANCHEZ

Perteneciente a la provincia de Lérida, es la única comarca catalana situada en la vertiente atlántica de los Pirineos. Esta característica no solo la diferencia de otros territorios, sino que ha moldeado el carácter de unas tierras que se encuentran a caballo entre varias realidades geográficas e históricas.

Sus poco más de 600 kilómetros cuadrados de extensión —un tamaño ligeramente superior al del Principado de Andorra— son atravesados por el Garona en su fluir hacia tierras aquitanas en dirección a Burdeos, donde se une al río Dordoña justo antes de desembocar en el golfo de Vizcaya. Su curso, que aprovecha los relieves más suaves de la comarca para abrirse paso entre las montañas, a través del Bajo Arán, ha servido igualmente para construir un puente con la lengua y la cultura occitana.

Vivienda típica de Bagergue. | JAVIER SANCHEZ

No obstante, las dificultades históricas para acceder a él han hecho que el valle de Arán haya sido considerado habitualmente el lugar más remoto de los Pirineos. Su accidentada orografía, con la predominancia de un paisaje montañoso, unido a un clima atlántico que favorece la aparición de intensas nevadas durante una buena parte del año, provocaban una incomunicación que solo fue solventada ya entrado el siglo XX.

Al margen de su salida natural por el norte hacia tierras francesas, el puerto de la Bonaigua, que conecta el valle de Arán con el resto del territorio español, fue la primera puerta de acceso, con todas sus limitaciones, hasta que se inauguró el túnel de Vielha en 1948. Una obra de gran envergadura para la época que facilitó la comunicación con la comarca de Ribagorza, poniendo fin así al tradicional aislamiento de este sector durante los meses más fríos. Un nuevo túnel de Vielha, puesto en funcionamiento en 2007, ha relegado a funciones secundarias a esta vía que dio el pistoletazo de salida al tránsito masivo de vehículos.

Cascada de Pomèro en el valle de L'Artiga de Lin. | JAVIER SANCHEZ

Las montañas del valle de Arán suponen el último tramo de la parte occidental del Pirineo catalán. Formando parte de la sección central de la cordillera, algunas de sus cumbres como Besiberri Norte o el Pico Mulleres superan los 3.000 metros de altitud.

Más que un valle

No obstante, Arán, que significa entre otras cosas valle, es un topónimo que encierra otra parte de la idiosincrasia de esta comarca. Así, junto a los imponentes relieves que encontramos bordeando su territorio, un espacio resguardado y aislado aparece en su interior, salvaguardando a través de los siglos las esencias de los Pirineos, como muy acertadamente nos indica el eslogan turístico de valle de Arán. Esa perfecta conjunción de paisajes, marcada por el carácter atlántico que determina la climatología de esta zona, es el resultado de un espacio fronterizo cargado de lagos —más de 200, cursos de agua, grandes bosques de pinos, abetos y hayas y una variada fauna típica de los Pirineos que convive con especies protegidas y tan emblemáticas como el oso pardo o el quebrantahuesos.

Iglesia de Santa María de Arties. | JAVIER SANCHEZ

El valle de Arán nos regala lugares de una belleza difícil de transmitir en palabras, con parajes famosos por sus perfectas estampas naturales, que son además reductos de aire puro y un refugio para escapar de la ajetreada vida de las ciudades. Uno de estos lugares sorprendentes es el circo de Colomers, el mayor conjunto de lagos glaciares de los Pirineos, enclavado en el Alto Arán bajo la influencia del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. El camino desde los Baños de Tredòs hasta el refugio de Colomers, donde alcanzaremos la magnífica visión del Lago Mayor —uno de los más grandes de los más de 50 del lugar—, nos enlaza con el célebre circuito de Carros de Foc, que une los refugios del Parque Nacional, siendo una de las rutas senderistas más bellas de los Pirineos. No muy lejos de allí, algo más al norte, coincidiendo con el trazado de la carretera C-28, otro de los puntos especialmente significativos del valle de Arán nos recuerda la importancia hídrica de esta comarca.

Paseo por los frondosos bosques del valle de L'Artiga de Lin. | JAVIER SANCHEZ

El Pla de Beret, a más de 1.860 metros de altitud, es un espacio llano entre montañas en el que coinciden los nacimientos de dos ríos tan destacados como el Garona y el Noguera Pallaresa. El punto donde convergen las dos vertientes, la atlántica y la mediterránea, pareciera separar a cada de ellas como si estuvieran encomendadas a cumplir sendas misiones por tierras francesas y españolas respectivamente. Bien es cierto que, en el caso del Garona, se ha especulado mucho sobre la verdadera fuente de la que brotan sus primeras aguas, ya sea ubicándola en el macizo de la Maladeta pasando después por los Uelhs deth Joèu, ya sea en los lagos glaciares de Saboredo, ya sea en el tradicional punto del Pla de Beret.

Cascada Ojos del Diablo en L'Artiga de Lin. | JAVIER SANCHEZ

Más allá de la riqueza de sus aguas en estado líquido, el valle de Arán puede presumir sobre todo de contar con nieves de gran calidad durante un buen número de meses a lo largo del año. Un hecho que lo ha convertido en un referente nacional y europeo en lo que concierne a los deportes de invierno, con el esquí a la cabeza.

El privilegio de esta abundancia de nieves no solo se deja notar en la afluencia de turistas a partir de la llegada del frío, sino que se traduce en unos paisajes excepcionales que suponen un motivo más para descubrir la comarca.

La artiga de lin

Bosques de abetos con sus mantos blancos que visten las laderas más bajas de la sierra de la Tumeneia, con los lagos de Mar y de Rius al frente; a poca distancia, el lago de la Restanca, con su inconfundible refugio de montaña, junto a la icónica silueta de la cima del pico Montardo, uno de los más conocidos del Alto Arán y del valle en general, en cuyos alrededores no es raro divisar rebecos descendiendo a las cotas más bajas para alejarse de las partes nevadas; todas ellas estampas muy apreciadas que suelen encandilar a quien las admira recorriendo el territorio durante esta época del año. Tras pasar la temporada invernal, el valle vuelve a la vida y reluce por sus cuatros costados revelando una cara completamente diferente que es aprovechada por las empresas turísticas de la comarca, proponiendo todo tipo de actividades que van desde el senderismo al descenso por aguas bravas, pasando por rutas con bicicletas de montaña u otros deportes de aventuras.

Iglesia de Sant Andrèu de Salardú. | JAVIER SANCHEZ

Mientras, algunos rincones sobresalen gracias al deshielo de las nieves en la alta montaña cuando llega el buen tiempo, como es el caso de la Artiga de Lin, un espacio natural rodeado de relieves excepto por el norte que ejemplifica la transición del Alto al Bajo Arán y representa una excelente muestra de ambos. Reconocido por varios marcos de protección europeos, es el escenario de una gran biodiversidad y riqueza paisajística y el principal reducto de conservación de la fauna existente en la comarca. Bosques subalpinos con extensas manchas de árboles dan refugio a numerosas especies.

Lago de Ratera en el circo de Colomers. | JAVIER SANCHEZ

Los procesos glaciares del modelado de la Artiga de Lin han dado lugar a un espacio natural que combina las áreas de alta montaña con las del valle a través de una serie de barrancos por los que discurren torrentes y arroyos que acaban confluyendo en el río Joèu, para dar luego lugar a uno de los puntos más sobresalientes del valle de Arán, los Uelhs deth Joèu (Ojos del Diablo). Una hermosa cascada creada por el curioso fenómeno del Forau d’Aigualluts, en el Pico Aneto, por el que filtran las aguas glaciares para viajar subterráneamente hasta aparecer varios kilómetros más abajo en este punto, avivando con aporte hídrico el nacimiento del río Garona.

Siguiendo la estela del río Garona a lo largo de todo el valle, tal y como hace el trazado de la carretera que vertebra el territorio, la práctica totalidad de los pueblos de la comarca están enclavados en este eje. Pueblos que acogen a la decena de miles de habitantes que pueblan estas tierras, y cuya arquitectura es una muestra fehaciente del estilo aranés. Se trata de núcleos de montaña con una personalidad propia dentro del carácter de los Pirineos, con construcciones basadas en la piedra y la madera y con techos de pizarra.

Molino harinero Mòla de Salardú. | JAVIER SANCHEZ

Seguramente los núcleos más populares en este sentido sean los de Bossòst y Bausen, sin olvidarnos de Canejan, Bagergue o Vilamòs, pero hay que decir que, en general, en toda la comarca se ha sabido preservar esta esencia en las viviendas y en las casas rústicas, los auviatges. Precisamente Bossòst destaca, a su vez, por otro de los elementos más característicos del valle de Arán, las construcciones religiosas de estilo románico, que presentan además componentes de la personalidad aranesa junto con interesantes añadidos de épocas posteriores. La iglesia de Nuestra Señora de la Purificación, del siglo XII, es el monumento principal del pueblo y uno de los templos mejor conservados de la comarca. No nos alejamos de Bossòst sin antes hacer mención a una de las rutas mejor consideradas del valle de Arán, la Ruta de las Ermitas Protectoras, que une estas antiguas construcciones que, según la leyenda, fueron levantadas por los vecinos del pueblo para protegerse de la peste.

JAVIER SANCHEZ

Ya cerca de Baqueira, Arties y Salardú —la capital del Alto Arán— son dos bellas poblaciones con iglesias tan destacadas como las de Santa María y San Juan, en la primera de ellas, y de San Andrés, en la segunda. La capital de la comarca, Vielha, condensa todo lo bueno del valle de Arán en un solo casco urbano, con un gran patrimonio arquitectónico que se extiende a ambos lados del río Nere pero sin perder de vista al Garona, donde la vida cultural, los museos y el nutrido número de tiendas la convierten en el perfecto punto de llegada a tierras aranesas.